Arnoldo Cuellar

El maratón del autoelogio

In Botepronto, sinembargo.mx on marzo 2, 2018 at 3:54 am

No es informe de gobierno, sino ‘día del gobernador’; el ciclo se cierra y el nuevo PAN muestra que el viejo PRI vive en él.

En sus últimos meses al frente del gobierno, Miguel Márquez termina en las antípodas de lo que ofrecía su campaña hace poco más de seis años.

Se ha esfumado el humanismo con el que el entonces candidato pretendía retomar la esencia de Acción Nacional y compensar la danza de cifras maravillosas con las que cerraba su sexenio Juan Manuel Oliva, pero que no ocultaban su proclividad al autoritarismo y una fuerte sombra de corrupción.

Hoy, en lo que parece una oscilación ineludible de un péndulo al que ya no puede escapar el agotado panismo que nos gobierna hace casi tres décadas, Márquez termina su gobierno presumiendo cifras iguales a las de Oliva (desempleo cero y una millonada de inversión extranjera), pero eludiendo la autocrítica sobre el hecho palpable de que hoy los ciudadanos del estado viven con una menor calidad de vida.

De poco sirve que el crecimiento de Guanajuato sea del 6 por ciento, si el tráfico de las ciudades es cada vez más caótico, la contaminación del aire palpable, el deterioro del suelo y del agua más que evidente y la tranquilidad se ha escapado de nuestras vidas cuando se corre un riesgo mortal si se hacen cosas tan simples como detenerse en una farmacia o una tienda de conveniencia para hacer cualquier compra.

Un gobernante más serio, más consciente, más “humanista”, necesariamente tendría que abandonar el triunfalismo y ahorrarse cantilenas populistas como la de “fui migrante” para lograr empatía y obtener aplausos fáciles ante un auditorio más que predispuesto a soltarlos a la menor provocación.

Un mandatario sereno, comprometido con la verdad, tendría que aceptar que los retos de Guanajuato persisten, que la labor del gobierno resulta insuficiente ante las ingentes necesidades, que se vive una batalla permanente en la que hace falta la colaboración de toda la sociedad encabezada por un gobierno que no tenga como prioridad colgarse todas las medallas sino abatir rezagos de forma consistente y no solo para hacer propaganda.

Sin embargo, no es así. El gobierno que propugna la promoción de valores como parte de su plataforma, le apuesta a una batería propagandística alimentada por cuantiosos recursos públicos, que ha terminado por distorsionar el papel  de los medios como contrapeso social.

La apuesta por la unanimidad ha llevado al extremo de tratar de sofocar a los medios independientes o que divergen en su visión de las cosas, utilizando para ello las partidas presupuestales como ariete. No es ninguna novedad, lo hizo el PRI hasta la saciedad y hoy el PAN se muestra como su alumno más distinguido. Lo lamentable es la cancelación del principio de esperanza que hacia pensar que una alternancia en el ejercicio del poder traería consigo una elevación de la vida política.

¿Nada bueno en el Sexto Informe? Sin duda las cifras son reales y hay fuertes cantidades de dinero público que se aplican en programas todos los días, sin embargo eso se vulnera por el intento de justificar el manejo del enorme presupuesto de Guanajuato para convertirlo en un maratón de autoelogios.

Nada hay de bueno cuando un partido político que se vendió a sí mismo como motor de cambios, termina convertido exactamente en un clon de aquello a lo que sustituyó  porque era ya intolerable. Esa película ya la vimos y el final no parece haber cambiado.

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