Arnoldo Cuellar

Elección 2018: punteros y populares

In Botepronto, sinembargo.mx, Zona Franca on noviembre 8, 2017 at 4:02 am

Nunca como ahora, los principales partidos de Guanajuato se habían empeñado en postular a candidatos carentes de perfil y escasos de popularidad; la razón: los nuevos cacicazgos locales y su cortedad de miras.

Parece cosa de locos, pero los dos principales partidos políticos de Guanajuato, PAN y PRI, están en proceso de postular como candidatos a la gubernatura a dos prospectos que en todas las encuestas evidencian una baja penetración y una escasa popularidad.

Otros posibles candidatos, con mejores credenciales profesionales, mayor trayectoria de vida y con desempeños probados, serán marginados por las maquinarias partidistas y quienes tienen su manejo coyuntural, simplemente porque ello es lo que más les conviene como personas o como grupo político, no por el interés del estado ni de su población.

Cuando las decisiones sobre los candidatos destinados a convertirse en gobernadores del estado provenían del dedazo presidencial, a lo largo de la mayor parte del siglo XX, no era extraño que la decisión unipersonal, el capricho de un solo individuo, recayera en perfiles perfectamente anodinos.

La llegada de la primavera democrática en los noventas, de la mano de protestas electorales y negociaciones cupulares que pasaron a la historia bajo el neologismo de la “concertacesión”, hizo albergar la esperanza de que la decisión de postular candidatos pasara por filtros con mayores espacios de participación.

Eso duró hasta que el panismo y su núcleo duro, el yunquismo, asumieron de forma completamente patrimonialista el favor electoral de los guanajuatenses, suponiendo que el voto a favor del PAN era prácticamente de su propiedad.

Hoy el PAN que dirige de manera cada vez más abierta y desinhibida el gobernador Miguel Márquez, se dispone a elegir un candidato al mejor estilo del dedazo presidencial del siglo pasado, solo que esta vez será dado por un gobernador, es decir, con una perspectiva más casera, casi cómplice.

El tener en sus manos la posibilidad de impulsar a su sucesor, tal y como lo hizo su antecesor Juan Manuel Oliva con él mismo, Márquez ha optado por construir a un candidato que le deba todo y que, por lo tanto, sea incapaz de escudriñar su gestión y castigar sus excesos y su posible corrupción.

Por ello, más allá de popularidad, aceptación, penetración o conocimiento de nombre, Márquez elegirá a un candidato que hasta hoy no ha logrado convencer a nadie fuera de la burocracia panista enquistada en el gobierno estatal y los municipales que ostenta ese partido.

Perfiles como el de Carlos Medina Plascencia, el ex gobernador interino que está en el origen de la alternancia política de Guanajuato y que fue impulsado de regreso a la política por el propio Márquez para poder rescatar León de manos del PRI, no parecen tener cabida por las mismas razones que el gobernador vetó a su viejo compañero de batallas, Fernando Torres Graciano: no quiere que lo desconozcan cuando sea exgobernador.

Así, todo el aparato gubernamental a las órdenes de Márquez se apresta ya a ungir como candidato a Sinhue Rodríguez Vallejo, con tal enjundia que a la vuelta de los meses logrará que el primer pensamiento político del delfín sea el de encontrar la manera de desmarcarse, literalmente, de Márquez.

Lo paradójico es que el gobernador actual no logrará su objetivo, pero a cambio de ello le endilgará a su partido un candidato débil y, de darse las cosas, a Guanajuato un gobernador carente de perfil.

En el PRI las cosas no van mejor. Gerardo Sánchez ha terminado por secuestrar el PRI a todos los niveles, de tal manera que ningún otro aspirante pueda aspirar a hacer campaña, pues iría a ella carente de partido y sin estructura.

Perfiles como el de José Luis Romero Hicks, una presencia fresca y un perfil profesional, con el agregado de que su trayectoria en gobiernos del PRI y del PAN le daría posibilidades de atraer parte de ese voto del que se siente dueño el PAN-Yunque, quedarán marginados porque en Guanajuato el PRI tiene un dueño, al igual que el PAN, y en ambos casos se trata de caciques locales.

Las alternativas por fuera son casi inexistentes. El PRD muy probablemente postulará al candidato panista, lo que puede ser la tumba de este partido como opción política, aunque en el camino les pueda dar algunas posiciones oficiales. El Verde sufrirá presiones para ir con el PRI, lo que sería el peor de los errores. De resistirlas, su candidatura puede cosechar el voto de castigo a los errores políticas de PAN y PRI.

Morena prefigura una opción que se antoja atractiva, la de la dermatóloga Antares Vázquez Alatorre. Sin embargo, las evidentes divisiones que viene padeciendo el partido de Andrés Manuel López Obrador en Guanajuato, casi desde su nacimiento, puede torpedear una campaña que ya de por sí se antoja difícil.

¿Alguien se asombra de que los partidos estén situados fuera del ánimo de muchos sectores de ciudadanos? Parece que no, cuando se revisa está vocación de suicidio.

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