Arnoldo Cuellar

Continuismo y complacencia

In Botepronto, Zona Franca on octubre 2, 2017 at 3:57 am

El intento del gobernador Márquez de imponer decisiones que trasciendan el encargo que le dieron las urnas, pone en riesgo la normalidad democrática de Guanajuato, pese a la tolerancia de cierta opinión pública.

Justo cuando el tema que se debate entre la clase política del país es el alto nivel de su desprestigio y el alejamiento marcado con los intereses de los ciudadanos, en Guanajuato, como si se tratara de una isla, el gobernador Miguel Márquez y su candidato Diego Rodríguez Vallejo eligen la vía del alejamiento de las bases panistas al secuestrar el método de elección del abanderado a la gubernatura.

No se trata de una decisión sin consecuencias. Miguel Márquez está jugando a hacer política transexenal en lo personal y para Guanajuato. Quiere tener una candidatura o por lo menos juego político en 2018 y después, según deja entrever unos días para recular otros.

Por otra parte, aspira a dejar un Guanajuato controlado para sus intereses. Con un candidato del PAN seleccionado por él y avalado por la estructura gubernamental panista que quiere seguir en la nómina y si se puede mejorar, no probando eficacia o resultados, sino en intercambio de favores y de lealtad partidista.

Como eso le parece poco, el gentil político que simula ser Márquez nos quiere endilgar nueve años del mismo procurador de justicia que sirvió con Juan Manuel Oliva y en todo su sexenio, el responsable del fiasco de Escudo y bajo cuyo reinado Guanajuato ha ingresado a las entidades con los mayores niveles de violencia criminal.

Márquez quiere imponer nueve años a Zamarripa no por otra cosa que para que lo cuide a él y las posibles investigaciones que podrían surgir sobre temas como Escudo, la compra de medicamentos, la de tabletas electrónicas, uniformes, mochilas y los terrenos de Toyota.

Queda claro que Márquez no quiere influir en la vida futura de Guanajuato por la vigencia de su proyecto político, que realmente es inexistente, pues sus mayores logros se producen en políticas surgidas antes de su asunción como gobernador y a las que les extrajo los mayores frutos y les dio una continuidad obligada. Lo que Márquez postuló en campaña como propuestas propias, la transparencia y la rendición de cuentas, son, casualmente, sus mayores pendientes.

El gobernador de Guanajuato quiere blindar lo que viene. Incluso pareciera que la intención de mantener vigencia política va en el mismo sentido. Lejos de afirmaciones dichas “con el corazón en la mano” hace no mucho tiempo de que se iba a retirar a su rancho, hoy Márquez está convertido en un político convencional que quiere más poder y no sufrir las consecuencias de las malas decisiones en el que ya ejerció.

Aunque quizá eso no constituya ninguna anomalía en la política a la mexicana. Lo mismo han querido hacer los Duartes, los Borge y los Padrés, sin lograrlo, porque tanto exceso ni astros de la perversidad política como Carlos Salinas de Gortari han podido concretarlo ante el hecho irrefutable de que los herederos que deben cuidar el legado, (¡sorpresa!) también son políticos mexicanos y no respetan los acuerdos.

Lo que hoy resulta asombroso en la realidad guanajuatense es la gran complacencia con la que se ven fenómenos políticos desde la opinión pública y los medios de comunicación, convertidos la mayor parte de ellos, con honrosas excepciones, en simples cronistas de la decadencia de la vida pública en Guanajuato.

Leo como desde las columnas políticas se pondera “la fortaleza de Miguel Márquez”, cuando logra imponer su agenda y sus necesidades política al PAN y como se pronostica que con “su Congreso”, está al borde de ratificar a Carlos Zamarripa como Fiscal General, como si se narrara un partido de futbol.

En la democracia activa que están reclamando sectores relevantes de la sociedad mexicana, como se vio en días recientes, parece que hacen falta más protagonistas para construir las instituciones creíbles que necesitamos y menos cronistas, que lo único que hacen es describir la declinación del marco de valores democráticos al que sirve y del que toma sentido la libertad de expresión.

A %d blogueros les gusta esto: