Arnoldo Cuellar

El aprendiz de alquimista

In Botepronto, Zona Franca on julio 14, 2017 at 3:29 am

Distraido en vanos rejuegos preelectorales, el gobernador Márquez olvida su compromiso fundamental: velar por la tranquilidad de los ciudadanos a los que se comprometió a servir.

Distraído de ocupaciones como la seguridad, donde el crimen organizado infiltra a sus corporaciones; o de la vida cultural de la entidad, donde una conspiración de burócratas pone fin al más interesante proyecto cultural en el interior y quizá de todo el país, Miguel Márquez solo tiene tiempo para la talacha político – electoral.

Si bien ya ha dicho que la cultura no es su asunto, tampoco garantizar a los niños de Guanajuato una vida libre de violencia y menos frenar a los delincuentes “que se matan entre ellos”, aunque de pasada haya daños colaterales, Márquez si tiene ánimo para una larga encerrona con los alcaldes panistas de la entidad, para aliviar sus nervios con el tema de la reelección.

Este lunes que pasó, ante un sumiso Humberto Andrade que transitó de ser la sombra de sí mismo a ser la sombra de Lalo Trujillo, Márquez decidió que el tema de la reelección de alcaldes deberá pasar por la realización de encuestas en cada municipio, donde los propios ediles sugerirán contra quien se quieren medir.

En primer lugar, Márquez asume de facto la dirección del partido y Andrade pasa a ser una figura secundaria. En el colmo del desplazamiento, hasta se le propuso que se midiera en la encuesta por León.

Sin embargo, de los 23 alcaldes panistas por lo menos la mitad deberán dejarle su lugar a una mujer, para propiciar una paridad con viabilidad. ¿Cómo se manejará eso en las encuestas? No se precisó.

Lo que si ocurrirá es que el gobernador, con el silencio y la omisión de Andrade, mandará a los alcaldes a una vorágine de exhibicionismo político para poder pintar en la encuesta, con el consecuente gasto simulado para promoción personal; después los hará gastar en la encuesta y es de dudarse que lo hagan con su propio dinero; finalmente, al elegir contrincantes a modo, pueden marginar y ofender a panistas reconocidos en sus localidades.

Ya Miguel Márquez jugó al aprendiz de brujo en una ocasión, con las designaciones de 2015 y por poco se le salen las cosas de control. Esta vez, con un poder feneciente, con la complicación de un escenario nacional incierto y con la seguridad del estado en franca descomposición, el manejo controlado de los procesos sucesorios se volverá incierto.

Lo peor es que al convertirse Andrade en un peón de los experimentos marquistas, corre el riesgo de vulnerarse como un factor de mediación en los conflictos que puedan surgir. De por sí su conversión en un dirigente de clausura, le ha restado margen de maniobra.

Márquez está jugando con demasiadas pelotas en este momento. Por una parte cumple su parte del pacto con Ricardo Anaya y propicia un auto destape controlado que lo sitúe en la imaginaria del proceso preelectoral panista; por otra, empuja a su propio sucesor a la gubernatura y ahora asume la dirección del PAN con descaro y la tarea de elegir candidatos, algo que en rigor debería quedar en manos del candidato a gobernador.

Con razón no tiene tiempo para las complejas tareas de gobernar un estado cuya dinámica económica ha crecido y cuyos problemas se han complejizado.

 

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