Arnoldo Cuellar

La conspiración contra el Bicentenario

In Botepronto, Zona Franca on julio 17, 2017 at 4:04 am

Un gobierno que concluye es susceptible de tomar malas decisiones. Descomposición, urgencias, balcanización del poder, pérdida de perspectiva, ambiciones trasexenales, propician ajustes de cuentas e injusticias. Esta historia es de esas.

Ahora resulta que una causante de remoción en el sector público es “la soberbia”. De habernos avisado, hace tiempo que numerosos ciudadanos estaríamos presentando denuncias por ese motivo en la Secretaría de la Transparencia, cuyo nombre bien podría cambiar a Secretaría de la Humildad.

La explicación de Arturo Joel Padilla, “tiene una soberbia desmedida”, para justificar lo que a todas luces es la resultante de una prolongada conspiración, es de antología.

Seguramente no desmerecerá en el anecdotario de la política de Guanajuato, quizá junto al “tengo para eso y más” de una alcaldesa priista; del diputado del “gano poquito”; de los highligths de Márquez “ese no es mi tema” y “más valen unas nalgadas”; o el estelar de la diputada priista dirigido a los indígenas: “los necesitamos vendiendo nopalitos”.

Hablar de soberbia es un asunto muy subjetivo. Yo puedo pensar que alguien que tiene más conocimientos que yo es “soberbio”; mis propios complejos pueden hacerme pensar así. Por eso en la función pública se mide el desempeño con otros parámetros.

Por lo demás, Alonso Escalante es una figura apreciada por el público del teatro, por los artistas que pasan por allí y por sus colaboradores. Si a su jefe le cae mal, es un asunto complicado de sobrellevar, peor no debería ser causal de despido a menos que haya existido un auténtico desaguisado. De ser así, Joel Padilla no habló del caso en específico.

Todo lo que dice el director del Fórum Cultural en la única entrevista concedida hasta ahora, al diario A. M., es terriblemente personal y relativo:

“Alonso tiene talento y una capacidad sin discusión, sin embargo existen otras facetas que están ocultas por su condición histriónica y discursiva. Tiene una soberbia desmedida que anula los esfuerzos institucionales; una incapacidad para servir con humildad, sin tener la necesidad de sobresalir y ser protagonista; un proceder oscuro sin principios ni consideraciones, forzando y violentando las relaciones entre los colaboradores que tenemos que ver con esta gestión cultural”.

Sería bueno saber si alguna de esas impresiones de la conducta de Escalante causó la interrupción de un proyecto, afectó una programación, provocó dispendio de recursos o repercutió en que se alejaran los objetivos planteados en los programas anuales.

Cabe señalar que si Arturo Joel Padilla quiere dirigir un espacio dedicado a las artes, tendrá que aprender a ser más tolerante con actitudes histriónicas, de protagonismo y de soberbia. De lo contrario, tratando con estrellas de la ópera, con directores de orquesta, con pintores, con genios de la escena, muy probablemente encontrará algunas de esas actitudes, normales en quien destaca en esos campos de la actividad humana.

Más seguro es que la animadversión personal de Padilla haya encontrado eco en otros personajes que tampoco tragaban los buenos resultados del Bicentenario. Juan Alcocer muchas veces ha hablado de que es un espacio “elitista”. Con ese criterio, Alcocer podría cerrar el Met de Nueva York y la Fenice de Venecia.

Otro funcionario inmerso en la conspiración es el secretario particular del gobernador, Ricardo Narváez, quien muy probablemente fue el gestor de la última autorización de la decisión ante Miguel Márquez. Narváez trató en varias ocasiones de recomendar funcionarios para trabajar en el teatro, una de ellas la hija del secretario de Obra Pública.

La consistente resistencia de Escalante para rechazar imposiciones sin perfil, algo que resulta impensable en este gobierno, seguramente abonó a consolidar la imagen de arrogancia y de soberbia del director del Teatro Bicentenario.

¿Y el público? ¿Le importa a alguien en el gobierno el hecho de que el imponente escenario tenga cada vez más vida, vaya generando una comunidad vinculada y comprometida con la difusión de las artes escénicas? ¿Eso no cuenta?

Parece que para este gobierno la única soberbia pecaminosa es la de quienes hace bien su trabajo; la de los otros, los que sientan su progreso burocrático en la genuflexión, aunque no den resultados, siempre serán salvados.

Son tiempos de oscuridad para la decencia y el compromiso con la gente. Por eso la política anda como anda.

  1. Totalmente de acuerdo. Claro y acertado.
    Escuché un discurso del Srio. de Cultura en una inauguración y me dió pésima impresión, urgía que terminara. Cuántos ignorantes en el ámbito cultural oficial. Padilla es siniestro, su entrevista solo proyectó su personalidad narcisista y egomaníaca. Y el tal Alcocer y los “consejeros” seguramente quieren el teatro para bailes regionales de nivel escolar o los coros de Valle de Señora.
    #Alonsosequeda

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