Arnoldo Cuellar

El penoso silencio de Humberto Andrade

In Botepronto, sinembargo.mx, Zona Franca on mayo 3, 2017 at 3:39 am

Los ciclos se cierran y hoy, a más de un cuarto de siglo de su arribo al poder en Guanajuato, el PAN reproduce los esquemas de sometimiento y falta de independencia frente al poder que hundieron al PRI.

El PAN como institución política vive un momento ominoso en Guanajuato. Durante el gobierno de Miguel Márquez, la dirigencia estatal de este partido ha estado sometida como en los peores tiempos de la verticalidad orgánica del priismo.

Gerardo Trujillo fue uno de los dirigentes más acríticos en la historia política del PAN. Permitió incluso que Miguel Márquez reviviera el dedazo con el mayor de los descaros para decidir los candidatos a alcaldes y diputados. Prueba de ello son Héctor López en León y Ramón Lemus en Celaya; Éctor Jaime y el 90 por ciento de sus diputados.

Pero ni siquiera por la imposibilidad de tomar decisiones políticas, Trujillo le puso atención a los temas administrativos que hoy tienen a su partido crucificado financieramente, pagando multas al INE y sujeto a una investigación de los órganos de vigilancia del comité nacional.

Sin embargo, la sumisión tuvo su premio que pesó más incluso que la indisciplina financiera o conductas incluso más graves: Miguel Márquez  salvó del desempleo al dirigente que le permitió hacer y deshacer en el partido, convirtiéndolo en un PRI azul y anodino.

Hoy, desde una oficina en la Secretaría Particular, Trujillo trata de revivir sus tiempos de operador para darle a Márquez aún mayor margen de maniobra entre las bases panistas frente a la temporada electoral que se avecina.

Si lo logra o no, eso es independiente del hecho de que Trujillo se ha convertido en un francotirador para su jefe formal, Ricardo Narváez, al utilizar los errores elementales del Secretario Particular para exhibirlo como nepotista e ineficiente.

Pero el mal momento del PAN no se agotó en Trujillo. El actual dirigente estatal, más por accidente que por diseño, el leonés Humberto Andrade, ha pasado de la complacencia a la insignificancia.

Después de que en los primeros meses de su gestión Humberto Andrade acarició el sueño de convertirse en el precandidato a gobernador que pudiera surgir como opción frente al choque de trenes de Fernando Torres Graciano y Diego Rodríguez Vallejo, el jefe estatal se apagó cuando empezaron los problemas.

Las actividades de proselitismo adelantado no le han merecido ni un solo pronunciamiento. El desorden financiero que recibió se lo ha tragado como quien se come un sapo sin hacer gestos. La protección de Márquez a Trujillo, que puede explotarle en las manos en el CEN, ha sido enfrentada con resignación.

A lo más que llegó hace unas semanas fue a dejar de asistir a una reunión de coordinación con Márquez y Éctor Jaime Ramírez, después de que en sus narices se produjo un evento para conformar una “estructura” hacia la lección de 2018, algo que según teníamos noticia, sería prerrogativa exclusiva del comité que dirige.

Después se produjeron los desórdenes que tuvieron por protagonistas a diputados, como el pleito que casi llega a los golpes de Guillermo Aguirre y Juan Carlos Muñoz; la agresión misógina de este último a la reportera Carmen Pizano y la diatriba también misógina del militante panista Isidro Flores en contra de la diputada Libia Denisse García Muñoz Ledo, por el tema de la paridad en las candidaturas.

Frente a todo ello, la respuesta de Humberto Andrade es la misma: un silencio que puede ser de simple ausencia, de complicidad, de falta de entendimiento del momento que vive Guanajuato y su política o, simplemente, de ignorancia de los temas.

En todos los sentidos, es grave. Y lo peor sería que se tratara de exceso de prudencia, de no quererse “meter en problemas”, de pusilanimidad.

Ahora, cuando en el mismísimo Consejo Nacional del PAN Guanajuato es noticia y se ordena desde la comisión de vigilancia iniciar procedimientos en contra de la anterior dirigencia del PAN en Guanajuato, el hecho de que Andrade Quezada siga en silencio ya es el acabose.

Lo peor es que la única forma de comunicación que ejerce el dirigente panista es la publicación de un artículo semanal en el periódico A. M., en donde se dedica a analizar los problemas de la corrupción… en Veracruz, Chihuahua y Tamaulipas.

En su última colaboración, Andrade habla de “romper el pacto de complicidad” como forma de empezar a erradicar la impunidad en México. Ese sería bueno que ocurriera también en el PAN, donde los desfalcos e irregularidades de la anterior dirigencia bien podrían ser dirimidos en instancias penales, de quererlo Humberto Andrade y de tener la voluntad de romper “el pacto de complicidad” y enfrentar la impunidad.

¿Podrá hacerlo Andrade, cuando ni siquiera acepta preguntas sobre el tema ni tampoco da la cara ante los medios? Difícilmente. Lo peor de todo es que con esa tibieza se antoja por demás complicado enfrentar las complicaciones del inminente proceso para seleccionar candidatos en el PAN.

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