Arnoldo Cuellar

La Francia chiquita

In Botepronto, Zona Franca on mayo 8, 2017 at 3:55 am

Macron no solo representa juventud, algo que quieren abanderar algunos de nuestros protagonistas al 2018; también hubo en su movimiento valor, sentido de la oportunidad y defensa de un modo de vida.

Tras el auge de los políticos seniles en el mundo, que en la traducción mexicana hacían temer la vigencia de un López Obrador o imaginar la emergencia de un José Narro, hoy el triunfo arrasador de Emmanuel Macron en Francia, que representa además la derrota del populismo nacionalista, hace respirar a muchos en nuestro país.

Sin embargo, los símbolos no pueden ser traducidos con demasiada liberalidad. El presidente electo de Francia no es solo un joven surgido de la periferia de la política, que providencialmente impulsó un movimiento que derrotó a los grandes partidos tradicionales.

Detrás del administrador de 39 años y de su movimiento ¡En marcha!, hay una sólida preparación académica, hay entrenamiento en el sector público y el privado, hay conocimiento del discurso humanista europeo y, quizá lo principal, hay valor político para dejar un cargo público e ir a la calle a generar una nueva opción política desde la nada.

Cuando algún joven priista dice que el triunfo de Macron alienta posibilidades para José Antonio Meade o para Aurelio Nuño, uno no puede menos que sonreír. Desde luego, ambos tecnócratas priistas, el primero incluso también panista, tienen credenciales académicas, pero hasta ahora no han mostrado ninguna capacidad de innovación en su discurso político, tampoco van más allá de sus simples tareas burocráticas.

Cuando algunos panistas ven en el destape tardío y a medias de Juan Carlos Romero Hicks, el inicio de un movimiento independiente al interior de ese partido que capitalice las tensiones entre Ricardo Anaya y Margarita Zavala, simplemente parecen buenos deseos.

Romero ha sido un político demasiado prudente y aunque a últimas fechas ha buscado incrementar su discurso crítico, no hay grandes elaboraciones en su bagaje ideológico y la muestra es lo que ha hecho con la Universidad de Guanajuato tras un cacicazgo de más de un cuarto de siglo.

Algo parecido ocurre en Guanajuato, donde pese a la juventud de sus aspirantes, Fernando Torres y Diego Rodríguez, ninguno es portador de nuevas ideas, ni de soluciones a los problemas que se le recrudecen a Miguel Márquez en el tramo final de su mandato.

¿Aparecerán políticos de mayor solidez, con el valor suficiente para ir a buscar a los ciudadanos inconformes y decepcionados más allá del cobijo de los desvencijados partidos políticos?

No lo sabemos, pero de que existen enormes huecos por llenar en el debate público, estoy seguro de que nadie tiene la menor duda.

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