Arnoldo Cuellar

¿Sexenio de cuatro años?

In Botepronto, Zona Franca on octubre 24, 2016 at 4:03 am

En la recta final de su mandato, Miguel Márquez parece eludir los nuevos problemas de la entidad, muchos de ellos producto del éxito de las políticas económicas.

Acaban de pasar los dos primeros tercios del mandato de gobierno que los ciudadanos le encomendaron a Miguel Márquez y la mala noticia es que aparece haber terminado la iniciativa que se mostró en la primera mitad de la administración.

En los últimos meses la política más consistente del gobierno estatal ha sido la de la negación ante los ingentes problemas, muchos de ellos derivados del crecimiento, que afectan a los ciudadanos de Guanajuato.

Atrás quedó el gobernador que se atrevía a decisiones audaces, aunque controvertidas, como la de embarcar al estado en el arrendamiento de un proyecto tecnológico de alto costo para la seguridad

Se olvidaron también ideas como la de cambiar todas las lámparas de tecnología convencional en los 46 municipios para sustituirles por tecnología Led, la cual no pudo ser llevada a cabo en su momento por competencias partidistas y por la sospecha de que se escondía tras ella un gran negocio.

Incluso el arranque de comprar 660 hectáreas a un costo de mil millones de pesos para lograr el establecimiento de la empresa Toyota, puesto en entredicho por la decisión de impulsar a intermediarios privados y por la opacidad, hoy se antoja como una decisión de otros tiempos.

Lastrado por el temor de que se le acuse de encubrir operaciones corruptas, Miguel Márquez parece estar optando por no plantear proyectos de gran envergadura en los dos últimos años de su gobierno.

Quizá el último será el parque aeroespacial Skyplus, en Guanajuato Puerto Interior, donde tampoco hay información suficiente para evaluar los mecanismos bajo los cuales operará una inversión privada en terrenos que hasta hace poco eran propiedad de un fideicomiso estatal.

Temeroso de verse en el espejo de gobernadores como Guillermo Padrés o sus homólogos del PRI, Miguel Márquez parece querer bajar ya la cortina del gobierno.

Son sin duda malas noticias cuando arrecian problemas como el de la inseguridad, la presencia de la delincuencia organizada en la entidad y las afectaciones tanto a las nuevas empresas de capital extranjero como a los ciudadanos de a pie.

Todo indica que la política más consistente de Márquez en los próximos quince meses, de los 23 que le restan para entregar el poder, será el manejo de su propia sucesión, la construcción de un candidato que lo herede y el combate a quienes traten de competirle.

Los ciudadanos de Guanajuato, empero, no tienen culpa alguna de los desórdenes al interior del PAN. En julio de 2012 se votó para tener un gobernador de seis años que, del primer al último día, se esforzara en buscar el bienestar de sus representados.

Temas como la contaminación del pozo de agua de la comunidad La Cantera, en San José Iturbide, parte de una crisis sistémica del acuífero de La Independencia; o el crecimiento desaforado de la inseguridad del que no se libran habitantes de zonas urbanas y de comunidades rurales; o la falta de garantías para el tránsito de insumos y de productos terminados por las carreteras y vías férreas del estado; o los cuellos de botella en la movilidad estatal por la falta de infraestructura, todos ya no parecen preocuparle a Márquez y, menos aun, ocuparle.

Hace unos meses, Márquez coqueteó con la idea de buscar participar en la contienda interna de su partido por la candidatura presidencial, incluso realizó cambios en su equipo cercano. Todo quedó en la buena intención, pero la energía y el tiempo invertidos están pasando factura a un mandatario que parece haber perdido la iniciativa.

No parece justo, de no trabajar con profesionalismo y entrega en los poco menos de dos años que faltan, el mandatario de Purísima del Rincón podría estarle entregando pésimas cuentas a su sucesor.

Si eso pasa, ni siquiera el plan de hacer triunfar a un sucesor de incubadora, será suficiente para impedir los señalamientos y hasta las acciones en su contra.

Lo mejor que puede hacer Márquez en estos momentos es duplicar su esfuerzo y mover a su gabinete para que atiendan las múltiples urgencias que se han visibilizado y las que lo harán en el futuro.

Bajar el ritmo es mandar una pésima señal a los colaboradores y la velocidad negativa de un equipo de gobierno que se estanca es un estímulo para que los problemas se acrecienten.

¿Querían tener el alto honor de gobernar? Así lo ofrecieron, así se comprometieron. De modo que: a Dios rogando y con el mazo dando.

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