Arnoldo Cuellar

SDES: territorio del grupo Irapuato

In Botepronto, Zona Franca on septiembre 19, 2016 at 3:11 am

El problema del corto plazo: con sus decisiones para salvar escollos electorales, Márquez pudo haber cometido un doble error: desmanteló su política económica y conformó un gobierno ineficiente para Léon.

La decisión de Miguel Márquez de bajar el perfil de la Secretaría de Desarrollo Económico, colocando a un funcionario reciclado como Guillermo Romero Pacheco, al que no respetan ni sus subordinados, empieza a mostrar sus efectos en la política de atracción de inversiones que ha sido uno de los mayores éxitos de los gobiernos panistas a lo largo del último cuarto de siglo.

Sin embargo no es lo único que ha hecho Márquez por debilitar a la delicada función de rastrear, persuadir y dar seguimiento a las empresas que deciden colocar sus inversiones en Guanajuato.

Antes de la designación de Romero Pacheco ya había roto los equilibrios internos de la dependencia al mandar a un subsecretario de atracción de inversiones con nula experiencia en el tema, Franco Herrera, con el único soporte de ser hermano de un editor de periódicos, pero con la intención de convertirlo en cabeza de playa para el grupo económico aglutinado en torno al empresario favorito del sexenio: Rafael Barba Vargas, compadre del gobernador.

El desdén hacia la dependencia que dirigía Héctor López Santillana, se reflejó también en el arribo de José Manuel Casanueva a la subsecretaría para el desarrollo de la micro, pequeña y mediana empresa, como premio de compensación tras su paso por la Subsecretaría de Administración de Finanzas, donde supervisó las adquisiciones de Escudo y los contratos de medicamentos para el seguro popular.

Cuando finalmente logró hacer candidato a la alcaldía de León a López Santillana, tras arduas negociaciones con el CEN del PAN y con la mesa política local donde la voz cantante en este caso fue llevada por Carlos Medina Plascencia, el gobernador completó dos objetivos: librarse de un secretario que le incomodaba profundamente al mismo tiempo que lo exponía en un trabajo para el que no tenía la experiencia. De pasada bloqueó el intento del grupo maderista en el CEN de regresar a la posición a Ricardo Sheffield.

Sin embargo, las razones de corto plazo de Márquez no venían acompañadas de una reflexión profunda, ni de un nuevo plan para la SDES.

La toma de la SDES se completó a principios del 2016 con la designación de Alberto García Martínez, exgerente de la Toyota de Irapuato (otra vez la conexión fresera), como Subsecretario de Empleo.

Con esos subsecretarios, muchos de los cuales tienen línea directa con el gobernador, Romero Pacheco lo único que teme es volverse visible, pisar callos, por lo que opta por la fuga y el silencio.

Ese temor se suma a una trayectoria irregular, donde lo mismo acepta dejar una secretaría para trasladarse a un organismo menor como Cofoce, o lanzarse a una campaña por un partido de izquierda, para después regresar dócilmente a trabajar con Vicente Fox en el megalómano Centro Fox.

Márquez debe estar confiado en que el verdadero Secretario de Desarrollo Económico es en realidad el cazador de inversiones Juan Manuel Fernández Ruiz, quien desde una modesta dirección de inversión extranjera, es el verdadero artífice del éxito de la atracción de empresas a Guanajuato, cobrando por fuera de la nómina comisiones de acuerdo a los resultados que obtiene.

Y sin embargo, el trabajo de Fernández no hubiera sido el mismo sin la existencia de un equipo profesional que aterrizó ordenada y eficientemente los compromisos hechos ante cada uno de los corporativos de los cientos de empresas que se han afincado en el estado.

Hoy, los detractores de López Santillana, al parecer desde las mismas proximidades del gobernador, quieren hacer olvidar estos hechos, quizá por el relativo fracaso que muestra el mismo funcionario en su primer año como alcalde. Se trata sin embargo, de situaciones distintas.

Si nos apuramos, en todo caso, más bien podríamos concluir que los pasos tácticos dados por Miguel Márquez para salvar el escollo electoral a la mitad de su gobierno, produjeron dos resultados, ninguno de los cuales fue bueno: desmantelar al equipo encargado de una de las pocas políticas públicas solventes e impulsar una, hasta ahora, ineficaz solución para gobernar León.

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