Arnoldo Cuellar

Romero Hicks, caballo negro o caballo de Troya

In Botepronto, sinembargo.mx, Zona Franca on septiembre 14, 2016 at 3:56 am

Enrique Ochoa Reza estableció al exfuncionario foxista como su interlocutor confiable en Guanajuato, así se deduce de sus deferencias; la situación ya ha puesto nervioso a Gerardo Sánchez.

Mientras el senador cenecista Gerardo Sánchez se esforzaba en copar el evento masivo celebrado con el flamante presidente del CEN del PRI, Enrique Ochoa Reza, monopolizando las porras de los militantes “transportados” a su costa y la del comité estatal, el gran ganador de la fugaz visita no se despeinaba ni gastaba un peso.

El presidente de la Fundación Colosio, exfuncionario foxista en los gobiernos estatal y federal y hermano de un exgobernador panista, José Luis Romero Hicks, fue quien más oportunidad tuvo de darle lecturas a Ochoa Reza en un desayuno previo a los eventos de la gira.

Seguramente en ese intercambio, se dijeron cosas más sustanciosas y creíbles que las escuchadas a lo largo de las mesas del día y del acto multitudinario con sabor a ducoinismo, por cierto con presencia y reconocimiento al exgobernador de San Luis de la Paz, cenecista también.

Romero y Ochoa se entienden, han coincidido en espacios académicos y puede decirse que hablan un mismo idioma. Seguramente las visiones del político cuevanense ayudaron más al líder nacional priista a entender el complicado momento de su partido en Guanajuato que las rebatingas que debió escuchar las siguientes horas.

La cercanía de Romero con Ochoa puede ser engañosa. En realidad el dirigente priista no puede hacer lo que quiera en Guanajuato sino que está limitado por una realidad política y esa se fundamenta sobre todo en la cooptación del aparato formal del PRI por parte de Gerardo Sánchez y la existencia de una disidencia más o menos organizada que se aglutina en torno as Miguel Ángel Chico.

Romero Hicks pudo regresar a la escena política y a presidir la Fundación Colosio porque tuvo la anuencia de Gerardo Sánchez, tramitada a través de José Huerta Aboytes, el secretario general priista que ejerce como ministro plenipotenciario del cenecista, aún por encima de Santiago García, su superior jerárquico; y de Rigoberto Paredes, el asociado más antiguo del senador salvaterrense.

Sin embargo, en política nada ocurre en vano. Romero Hicks, atraído al gerardismo para darle lustre intelectual, puede acabar siendo un catalizador de soluciones distintas a las que han planeado las huestes del actual factótum del priismo local.

Por lo pronto, Enrique Ochoa ya le ha encargado realizar una serie de foros de consulta en la entidad para generar ideas creativas en un PRI que no se ha caracterizado por eso. Para lograr el objetivo, Romero deberá ser incluyente e imaginativo, tareas en las que no tiene dificultad alguna, pero de pasada, eso pondrá en evidencia la pobreza política y conceptual de quienes lo invitaron a esta nueva etapa en el PRI.

Por lo pronto, Gerardo Sánchez ya empieza a mostrar nerviosismo con la empatía evidente entre José Luis Romero y Enrique Ochoa, no está entre sus virtudes políticas la de compartir el poder y respetar esferas de influencia.

Por donde menos se esperaba, surge una competencia interesante en el seno de la corriente hegemónica del menguado priismo estatal. Por si algo faltara Romero Hicks goza de un reconocimiento de nombre derivado de la presencia política de su familia en el panismo, además de su propio historial.

Lo he dicho aquí otras veces y sigo convencido de ello: en la azarosa política que vemos en estos días, definitivamente, nadie sabe para quién trabaja.

 

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