Arnoldo Cuellar

¿Bombazos caseros?

In Botepronto, sinembargo.mx on septiembre 7, 2016 at 4:00 am

Vivimos un auge de violencia inédito, pero las reacciones de nuestros responsables políticos rozan la irresponsabilidad; les preocupa más la grilla que enfrentar los problemas que nos asolan.

Lo que pasa en Guanajuato no es fútil. En nuestras ciudades no pasaban las cosas que hoy nos vemos obligados a aceptar como hechos cotidianos y tampoco habíamos visto tanta conformidad de nuestros líderes comunitarios y políticos con lo que sin duda es un deterioro de formas tradicionales de convivencia.

Que se hayan incrementado los hechos delictivos, los homicidios violentos, las muertes de mujeres y ahora hasta vivamos atentados con artefactos explosivos, no habla sino de un fracaso en las políticas públicas de prevención del delito, de planeación y de mejor gobernanza.

Estamos concientes de que la sana convivencia social no es una obligación solo del estado, sino que es una tarea conjunta de sociedad y gobierno. Sin embargo, a las autoridades electas les competen responsabilidades fundamentales: el liderazgo social, el buen ejemplo, la eficaz conducción de los esfuerzos colectivos, la correcta aplicación de los dineros públicos.

Resulta enojoso que políticos que cobran más que sus homólogos del primer mundo, vengan a regañar a la sociedad por el fracaso de los esfuerzos colectivos, cuando ellos no hacen su parte.

Que políticos como Miguel Márquez, gobernador del Estado; como Carlos Zamarripa, procurador de Justicia; Álvar Cabeza de Vaca, secretario de Seguridad; o cada uno de los alcaldes de los principales municipios del estado, traten de evadir su responsabilidad en el tema de la seguridad, con pretextos y justificaciones diversas, es la raíz del fracaso que enfrentamos.

No se vale que culpen a sus antecesores, pues ellos llegaron al cargo prometiendo que harían lo que aquellos no pudieron o no quisieron. No necesitamos más pretextos, pero nos urgen las soluciones, aunque sean sencillas, incipientes.

Definitivamente, no se vale que Miguel Márquez minimice la justa preocupación de los ciudadanos con argumentos baladíes, como que las explosiones que atemorizaron a Abasolo y San Miguel Allende las produjeron explosivos caseros.

Si lo que quiere decir es que se trata de una delincuencia no profesional o improvisada, sería mejor que sus cuerpos de seguridad, que seguramente no se atreven a enfrentar a los cárteles de la alta escuela, se apliquen en detener a estos “terroristas” domésticos.

Resulta preocupante que el mismo día que Márquez se negaba a ofrecer un posicionamiento sobre la escalada de violencia en Guanajuato, tuviera tiempo para encabezar una reunión de las estructuras panistas en Guanajuato que tenía como objetivo “alinear” el discurso de los alcaldes panistas, los diputados y el gobierno estatal, para no ofrecer un flanco débil a la crítica externa.

¿En serio creen los panistas que los discursos de sus alcaldes podrán competir con las páginas cotidianas de los medios que reseñan el auge de la violencia en Guanajuato? Alguien diría que es optimismo, otros pensaremos que es simple ingenuidad y carencia de perspectiva.

Así, mientras Márquez le dice a sus correligionarios que le preocupa entregar el poder a un panista y que le preocupa que su partido se divida, afuera, en las calles de nuestros municipios, la violencia se apodera de territorios y reduce cada vez más el margen de maniobra de políticos perdidos en sus sueños de futurismo y en sus vanidades.

Pobre Guanajuato, donde a explosivos caseros que abren una nueva fuente de preocupación, solo podemos ofrecer la omisión, la ausencia y la evasión de una clase política que pasó de ser demasiado casera a francamente irresponsable.

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