Arnoldo Cuellar

¿Quién será el candidato del PRI en Guanajuato?

In Botepronto, Zona Franca on septiembre 5, 2016 at 4:00 am

La segunda fuerza política de Guanajuato estará en una encrucijada en 2018: ir con un candidato que aumente sus debilidades, de por sí fatales; o intentar un ejercicio de imaginación que hoy se ve improbable.

Si las elecciones del 2018 estuvieran a la vuelta de la esquina, difícilmente habría otra opción para la segunda fuerza política en la entidad: el candidato a gobernador sería el senador Gerardo Sánchez García, imponiendo al PRI un hándicap casi letal.

Afectado por su virtual inexistencia como partido en Guanajuato; lastrado por su alejamiento de los presupuestos públicos, fuente inagotable de lealtades políticas; dividido hasta el enfrentamiento; anuente con el gobierno panista, el PRI verá como un candidato proveniente de un municipio periférico y de un sector como el campesino, le hace disminuir aún más sus posibilidades de competencia en el hiperindustrializado Guanajuato.

No es lo único que tendrá al PRI postrado en 2018. La baja popularidad de Enrique Peña Nieto y la mala situación económica son otros dos factores que pueden llevar a esta fuerza política a una catástrofe de proporciones históricas, incluso con la posibilidad de hundirse en el tercer lugar de la contienda.

Además, el hombre de confianza de Sánchez García en Guanajuato, el delicuescente líder estatal del PRI Santiago García López, ha mantenido una actitud de confrontación con liderazgos locales del partido y también con aliados, como la dirigencia del PVEM, por lo que una potencial construcción de unidad se antoja cuesta arriba.

Pronto empezarán a aparecer encuestas y confrontaciones vis a vis de los posibles aspirantes panistas con los opositores. No es difícil esperar que la recordación y la intención de voto a favor de Sánchez García estén por debajo de la de otros prospectos como Miguel Ángel Chico, Javier Aguirre e incluso la propia Bárbara Botello.

Sin embargo, el dueño del aparato, que incluye la dirigencia estatal del PRI, la jefatura de la bancada legislativa y la mayoría de la decena de alcaldes priistas, es Gerardo Sánchez a quien no se le aprecia muy dispuesto a dar un paso al costado.

Ya en el 2012, con mucho menor fuerza política que ahora, el entonces líder cenecista enfrentó y boicoteó la campaña de Juan Ignacio Torres Landa, tomándole la sede del partido por varias semanas y exhibiendo las fracturas al interior del PRI. ¿De qué sería capaz ahora, que tiene cooptada por completo la estructura formal, si el candidato fuese otro?

Solo una meditada decisión de Gerardo Sánchez, al ver sus remotas posibilidades de triunfo, puede hacer que cambien las cosas, pero lo harán en el sentido que él mismo quiera. Allí crecen posibilidades de alguien que se aprecia lejano en condiciones normales, como lo es José Luis Romero Hicks, quien desde la Fundación Colosio se ha erigido en una especie de intelectual orgánico de la corriente gerardista en Guanajuato.

Los priistas, sobre todo los disidentes del senador salvaterrense, piensan que las soluciones pueden venir desde el centro, bien porque al candidato presidencial le interese el flujo de votos desde Guanajuato, bien porque cambien las cosas y los grupos de poder en los sectores se debiliten ante su evidente falta de peso electoral.

No se trata de un plan, sino apenas de un buen deseo. Históricamente los jerarcas priistas han evitado cuidadosamente la confrontación con los liderazgos corporativos y han sometido las rebeliones de los priistas locales. Nada hace pensar que esta vez será diferente.

Lo que si parece inevitable es que el PRI llegue en Guanajuato a la elección de 2018 en las condiciones más bajas de competitividad del último cuarto de siglo, lo que vuelve muy atractiva la aparición de potenciales candidatos independientes, pues el PAN tampoco llegará en las mejores condiciones.

Por cierto, hoy no se aprecia ninguno, pero no debemos olvidar que la política mexicana de los últimos tiempos, y la guanajuatense no es la excepción, es el reino de lo circunstancial, por excelencia.

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