Arnoldo Cuellar

¿En serio, se van a pelear los panistas?

In Botepronto, sinembargo.mx, Zona Franca on agosto 17, 2016 at 3:58 am

Esta vez la contienda del PAN por la candidatura a gobernador acontece al interior del mismo grupo político, lo que quizá marque una diferencia: las peores luchas son las intestinas.

La sucesión panista en la gubernatura de Guanajuato promete emociones impensadas hace algunos años. Las habituales confrontaciones entre el grupo hegemónico y la disidencia más o menos organizada han quedado atrás: hoy parece que veremos una sangrienta guerra civil.

Las confrontaciones rudas iniciaron en los preparativos de la elección del año 2000, cuando Eliseo Martínez Pérez se rebeló contra la postulación de Juan Carlos Romero Hicks impulsada en una alianza de Vicente Fox con el entonces poderoso Yunque, donde se aglutinaban personajes como Juan Manuel Oliva, Gerardo de los Cobos y unos jóvenes Fernando Torres Graciano y Miguel Márquez Márquez.

Romero Hicks, inventado como político desde su pasado universitario, venció en una asamblea teñida por la sospecha del fraude a un Eliseo Martínez Pérez que abandonó al poco tiempo la militancia panista.

En las siguientes elecciones, los grupos disidentes lograron el apoyo de dos presidentes de la República, Vicente Fox y Felipe Calderón, para postular respectivamente a Javier Usabiaga y José Ángel Córdoba. En ambos casos fracasaron por carecer de presencia territorial.

El PAN nacional se resistió a las designaciones en 2006 y 2012 para no provocar un cisma en Guanajuato, un bastión electoral fundamental de ese partido.

Ese panorama es el que ha cambiado por completo. Ya no hay disidencia panista, ya no hay presidentes de la república panistas y hoy la competencia interna es entre representantes de lo que anteriormente era un mismo grupo, el oficialismo.

Los nombres de los precandidatos más mencionados pertenecen todos al mismo grupo compacto del pasado: Humberto Andrade, Éctor Jaime Ramírez, Diego Sinhue Rodríguez, Fernando Torres, incluso algunos improbables como Luis Ernesto Ayala.

Esa situación nos lleva a un escenario inédito: todos los contendientes se conocen hasta el detalle y alguien que tendrá un papel fundamental, el gobernador Miguel Márquez, forma parte de lo mismo.

Y como todas las confrontaciones intestinas, las pasiones y la saña pueden llegar a ser mayores entre antiguos compañeros que cuando se confrontan grupos con rivalidad histórica.

Recuérdese el tono que alcanzó la campaña del fallecido Ricardo Torres Origel en contra de Miguel Márquez en las pasadas elecciones internas, donde la constante fue una guerra sucia hacia el candidato oficial, desde una disidencia surgida en el mismo grupo.

¿Está listo el PAN para una contienda civilizada entre quienes fueron un grupo compacto hasta hace no mucho? Por el tono de las declaraciones vistas hasta ahora parece que no. Y apenas estamos hablando de las primeras escaramuzas.

La disputa abarca un amplio abanico de espacios: las estructuras panistas, la burocracia estatal y municipal, los diputados y los liderazgos empresariales y sociales vinculados a este partido.

La situación se antoja más delicada por las posiciones que ocupan algunos de los involucrados: dependencias que manejan amplios presupuestos, la dirigencia partidista, la coordinación legislativa.

Lo más importante será saber si se trata de una pelea a navaja en la que todo se vale, máxime cuando aún ni siquiera rigen las reglas formales de precampañas y campañas, a las que, por cierto, nadie hace caso.

¿Habrá en el PAN de Guanajuato llanto y crujir de huesos en los próximos meses? Es más que probable y lo que más lo incentiva es el hecho de que no hay oposición al frente.

Ayer, por ejemplo, ante el evidente despilfarro que realiza el Secretario de Turismo de Guanajuato en su manejo de gastos de representación, con resultados más bien exiguos, su más encendida defensa la tuvo en el junior priista Lorenzo Chávez, presidente de la comisión de turismo del Congreso, ante el silencio de los panistas. De raza le viene al galgo.

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