Arnoldo Cuellar

La corrupción no es genética

In Botepronto, Sin categoría, Zona Franca on junio 21, 2016 at 3:31 am

Tolerar prácticas discrecionales y opacas, con la justificación de políticas exitosas, es uno de los mayores lubricantes de la corrupción que nos ahoga.

Leo con asombro la columna del editor del diario más connotado de León, Enrique Gómez Orozco, sobre la adquisición de los terrenos de Toyota por parte del gobierno de Miguel Márquez. El empresario periodístico concluye con una dispensa: “Márquez y su equipo trabajaron con honestidad”.

Líneas antes, Gómez Orozco establece en su argumentación que “unos cuantos “inversionistas” se aprovecharon de la información privilegiada para esquilmar a ejidatarios y llevarse la tajada del león en la compra”.

Cómo explica el agudo comentarista que haya existido “información privilegiada”, al mismo tiempo que el equipo de Márquez “trabajó con honestidad”.

La información privilegiada que permitió lucrar a “un famoso y próspero constructor de Monterrey”, quien “en poco tiempo obtuvo una ganancia de 200 millones”, solo pudo provenir de ese equipo que, de acuerdo a la exoneración de Gómez Orozco, funcionó de forma intachable.

Resulta pasmoso escuchar al respetado periodista, cuyo medio se ha significado por poner el dedo en la llaga en materia de malas prácticas de gobierno en Guanajuato, mencionar que lo que haya costado la tierra para Toyota “no tiene relevancia”, ya que ese dinero se recuperará con creces.

¿Qué queda decir frente a ese tipo de razonamientos? ¿Resulta ahora que la corrupción que nos ahoga y los abominables moches se dignifican si sirven a un propósito productivo?

¿Habrá que repetir acaso el mantra cínico de los priistas: “que se vayan los pendejos y regresen los corruptos”?

¿Tendremos remedio como sociedad cuando un periodista que siempre ha presumido de ser contrapoder acepta que el fin justifica los medios?

¿Acaso la estafa de Cereales y Pastas Finas, cuya investigación le dio al A. M. Un Premio Nacional de Periodismo, hubiera sido justificable si en verdad se instala una refinería en las casi mil hectáreas aún inservibles?

La planta de Toyota en Apaseo el Grande será, seguramente, el motor de un crecimiento admirable en Guanajuato. Sin embargo, hubiera sido deseable que su instalación hubiera culminado una historia de transparencia y equidad, donde los primeros beneficiarios pudiesen haber sido los campesinos que cedieron su tierra para la armadora japonesa.

Pensando en una metáfora futbolística, cuando nos conformamos con triunfos casuales tras un pésimo partido, no tenemos porque desgarrarnos la vestiduras el día que nos apliquen una goliza derivada de ese mismo deficiente accionar.

Demos la bienvenida Toyota, pero al mismo tiempo rechacemos que los proyectos estratégicos sigan siendo pretexto y justificación para la rapacidad privada aliada a la discrecionalidad gubernamental.

Pensar lo contrario sería como asumir que es inevitable el grito de ¡puto! que lanzan los mexicanos al portero rival en los estadios del mundo. No lo llevamos en los genes, tampoco la corrupción.

  1. Acertadicimo su comentario Arnoldo.

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