Arnoldo Cuellar

López Gómez, secuestrado

In Botepronto, Zona Franca on abril 4, 2016 at 3:16 am

Alianzas equivocadas y subordinados incompetentes podrían ser los factores que tienen al Secretario del Ayuntamiento de León sumido en la inoperatividad; lo peor de todo, es que ambas son sus decisiones.

La cantidad de omisiones en que ha incurrido la administración del alcalde panista Héctor López Santillana en sus primeros seis meses, que lo tienen hoy contra la pared y enfrentado a críticas de los medios, de los propios panistas y también de sectores activos de la sociedad, no se podrían explicar sin la falla sistémica que parece estar ocurriendo en la Secretaría del Ayuntamiento.

El abogado Felipe de Jesús López Gómez cuenta a su favor con la plena confianza de Héctor López Santillana, de quien fue compañero en el gobierno de Luis Ernesto Ayala y luego colaborador en la Secretaría de Gobierno, la gubernatura interina y en Desarrollo Económico.

Además, nadie puede regatearle experiencia, al haber ocupado la Secretaría del Ayuntamiento por tres administraciones. Quizá el único punto a observar es que en esos momentos la actividad política y de operación era sensiblemente de menor calado que en los últimos tiempos.

Sin embargo, López Gómez, un veterano abogado formado en el ministerio público, tenía recursos de sobra para ponerse al día y entrar en una dinámica distinta a la que parece atenerse hasta ahora y que, a todas luces, está resultando insuficiente.

¿Qué le pasa entonces a Chuy López Gómez que no logra levantar el vuelo y que con ello ha lastrado considerablemente el desempeño de toda la administración?

Podrían ser dos factores, uno operativo y otro político.

En el primero se ubica la incompetencia que ha alcanzada al equipo del funcionario, el mismo que le ha acompañado por más de una década, pero que hoy parece completamente rebasado, encabezado por María Edith Muñoz, actual responsable del Jurídico Municipal.

Muñoz hizo una limpia completa de los funcionarios de la dirección de Función Edilicia del municipio, empezando por Joel García Pérez, quien provenía de administraciones panistas. Aparentemente el pecado de García Pérez fue haber servido con Ricardo Sheffield y con Bárbara Botello.

Tras los cambios, la productividad de esa dirección cayó por los suelos y es lo que ha tenido a los regidores, particularmente los de oposición, protestando continuamente por lo que ya no saben si es incompetencia o dolo de parte de López Gómez en la socialización de los temas de agenda que se revisan en comisiones y en el ayuntamiento.

Edith Muñoz ha debido dedicarse a supervisar función edilicia, descuidando sus tareas en el jurídico, no obstante la cantidad de problemas que se acumulan allí, como la reciente declaración del alcalde de que había cientos de expedientes de juicios extraviados, lo que ponía en riesgo la suerte de los propios juicios.

Así, sin atender su tarea sustantiva, pero tampoco sin poner a flote los servicios a los regidores y síndicos, Muñoz y junto con ella su jefe López Gómez, han sido puestos en evidencia una y otra vez por regidores como el ecologista Sergio Contreras y el priista Salvador Ramírez Argote.

Pero ese no es el único problema de López Gómez, quien comete con Edith Muñoz la misma falta en la que López Santillana incurre con él: una delegación absoluta sin supervisión, lo que constituye la mejor manera de perder el control de la gestión de los asuntos en el servicio público.

El factor político es la relación en la que se ha refugiado Felipe de Jesús López Gómez para tratar de capear el temporal: ni más ni menos que su viejo amigo y protector Luis Mariano Hernández Aguado, otro exsecretario del Ayuntamiento en los gobiernos de Eliseo Martínez y Luis Quiroz, y quien le heredó el cargo justo al iniciar el mandato de Jorge Carlos Obregón Serrano.

Mucho se ve a Hernández Aguado y a López Gómez en estos días, donde la confusión parece haberse apoderado de la administración municipal. Sin embargo, el problema es que Luis Mariano hace tiempo que dejó de ser político y operador, para convertirse en un próspero desarrollador inmobiliario, justo en el área que López Santillana está determinado a meter en cintura.

Es probable que buena parte de los consejos que Hernández Aguado le ofrece al agobiado López Gómez no tienen que ver con la búsqueda de equilibrios para frenar el protagonismo de Carlos Medina; aumentar la presencia de Luis Ernesto Ayala; o, simplemente, para mantener la cordura.

Más fácil es que el nuevo sensei de Felipe de Jesús López Gómez se limite a llevar agua al molino de sus intereses mientras simula que le ofrece consejos políticos a su discípulo y heredero; consejos que, por cierto, no están funcionando.

En ambos casos y ante los resultados obtenidos, parece que el buen Chuy está, sencillamente, durmiendo con el enemigo.

 

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