Arnoldo Cuellar

El tema es la seguridad

In Botepronto, sinembargo.mx, Zona Franca on abril 5, 2016 at 4:09 am

Márquez parece replegado de su incipiente intención de incursionar en la carrera presidencial, quizá a causa de la que aparece como su mayor debilidad: la preocupante situación de la seguridad en Guanajuato.

La llamarada fue de petate. El gobernador de Guanajuato Miguel Márquez aprovechó el impulso de su informe de gobierno para lanzar un globo sonda sobre sus posibilidades como virtual precandidato presidencial del PAN. Hay que reconocer que no le fue mal.

Quizá porque la caballada está más que flaca o porque la única contendiente con espolones, Margarita Zavala, no es del agrado de la actual cúpula panista y se le ve más bien como una potencial candidata independiente, lo cierto es que las pretensiones de Márquez cayeron en tierra fértil.

Tan es así que de estar completamente desaparecido de la contienda, la encuestadora Mitofsky lo colocó como el segundo aspirante mejor calificado del PAN, tanto en militantes como en población en general, solo por debajo de Zavala.

Sin embargo, tras ese devaneo, el paso del feriado de Semana Santa y Pascua ha visto como las intenciones de participar en la carrera panista se desvanecen por parte de Márquez, quien en estos días ha repetido en diversos círculos que no tiene intenciones de competir.

Con ello, el mandatario guanajuatense probablemente solo quiera comprar tiempo para hacer un nuevo intento cuando los tiempos estén más cercanos; sin embargo, lo más seguro es que solo abarate sus posibilidades.

En efecto, en una competencia como esta, el tiempo corre en contra y no a favor, Dejar pasar los meses sin insistir en los temas de coyuntura y sin presencia en el escenario nacional, hará que disminuya la recordación del nombre de Márquez, además de que permitirá que otros problemas se acrecienten.

Allí está por ejemplo el tema de la seguridad, donde varios indicadores importantes han venido señalando a Guanajuato como una entidad que aparece con una elevación preocupante de sus niveles de incidencia delictiva.

No somos de los peores estados en la materia, aunque en referencia a nuestra población y nuestra historia reciente, hoy Guanajuato es más inseguro que cuando Miguel Márquez arribó al poder.

Y la peor noticia es que el gobernador tiene sumamente restringidas sus posibilidades de actuar en el tema. Sus áreas de seguridad constituyen un feudo en manos del Procurador Carlos Zamarripa Aguirre y del Secretario de Seguridad, Álvar Cabeza de Vaca, aunque este aparece prácticamente como un subordinado del primero.

Zamarripa y Álvar Cabeza de Vaca convencieron a Márquez de la quimera de Escudo y ante su evidente fracaso, nadie es capaz de pedirles cuentas, ni siquiera el todopoderoso Secretario de Finanzas, Juan Ignacio Martín quien en los temas de seguridad ya ni opina.

La elevación de los asesinatos solo recibe la explicación de que los muertos son delincuentes, como si existiera la pena de muerte de facto y se renunciara a la aplicación de una justicia civilizada.

Ahora hasta la muerte de un integrante de las Fuerzas de Seguridad ocurrida en un entrenamiento extremo, una particular afición de Cabeza de Vaca, está tratando de ser minimizada y diluida por el responsable de investigar, justamente el procurador, con una cierta complacencia del gobernador del estado que no ha opinado en el tema.

Por esa autonomía, que casi parece independencia, se antoja muy difícil que Márquez pudiese intervenir decisivamente para lograr una reorientación de las tareas de seguridad.

Y por eso mismo, se vuelve más complicado que, con el paso de los meses, pudiesen crecer las posibilidades reales de una precandidatura, pese al buen momento económico de la entidad.

Así que el tema de la seguridad, foco ámbar desde el inicio del sexenio, se está convirtiendo en el mayor lastre para que Márquez pueda iniciar una aventura nacional. Lo peor de todo es que incluso puede convertirse en un problema para el próximo candidato panista a gobernador.

Ya es delicado que las estrategias no estén funcionando y los resultados sean cada vez más pobres, aunque quizá lo más grave es que no existe un ápice de autocrítica y todo se reduzca a pobres estrategias de comunicación y a negación de la realidad.

Así, no hay futuro político que pueda prosperar.

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