Arnoldo Cuellar

¿Quién entiende a los ambientalistas?

In Botepronto, Zona Franca on marzo 29, 2016 at 3:05 am

Aseguran defensores de López Santillana que Bárbara Botello los dejó atados de manos en la ampliación del SIT; qué paradoja que sus mayores críticos deban seguir los designios de la repudiada priista.

Con ánimo de disculpa, algunos panistas ocurrentes han manejado la versión de que la verdadera responsable de la tala de árboles en las nuevas etapas del SIT es la administración de Bárbara Botello, que dejó avanzado el proyecto de tal manera que Héctor López Santillana ya no puede hacer más que cumplirlo.

Curioso argumento, que pone al alcalde de León que llegó al cargo sobre todo por el divorcio entre el electorado leonés y la alcaldesa del PRI, en calidad de peón en un juego ajeno. Pobre López que no puede hacer otra cosa que culminar las ineptitudes de Botello.

Lo mismo pasa en el caso de la recolección de basura, donde seguramente veremos al alcalde panista acatar las exigencias del contrato que benefició a la empresa regiomontana Red Recolector y, muy probablemente, también a la alcaldesa, pagando el incremento de acuerdo al precio del dólar.

En cambio, no vemos al alcalde de León exigiendo al gobierno federal que concluya la inversión pendiente en el distribuidor vial Benito Juárez, a fin de darle una utilidad plena a los cientos de millones ya invertidos y que hoy por hoy tienen a la zona convertida en el mismo caos de siempre.

Pero claro, no es lo mismo pasar por encima de los indefensos vecinos de la zona aledaña al Bulevar Hidalgo o contemporizar con una empresa que por largo tiempo mantuvo en su nómina al síndico Carlos Medina Plascencia, que acudir a las oficinas del gobierno federal a hacer una gestión enérgica de recursos para concluir una obra estratégica en León.

Es decir, el alcalde panista sigue la agenda que le heredó Bárbara Botello cuando le conviene, cuando se amolda a su propio plan o a sus intereses inmediatos. Como ocurrió en el caso de las empresas de limpieza y vigilancia del municipio, donde el mejor argumento para darles nuevos contratos a las empresas propiedad de un sobrino político del munícipe panista fue que “ya trabajaban con la anterior administración”.

Por eso, la posición no se mueve un ápice en el caso de la tala provocada por el plan Botello de ampliación del SIT. Pensar en contemplar otras posibilidades, en salvar árboles en una ciudad que se ahoga por el déficit de vegetación, imposible. Suena a un radicalismo desmesurado el que se pida no talar árboles.

Lo que López Santillana y su equipo no logran entender es que la agenda ya cambió. Que la sociedad actual quiere ser escuchada y no solo para que le den atole con el dedo. Que el tema ambiental es una prioridad, no porque lo digan los activistas, sino porque lo dice la agenda mundial, esa que va más allá de la nueva división internacional del trabajo que le ha asignado a países como el nuestro el papel de proveedores de mano de obra barata, algo que López Santillana entiende tan bien que se colgó en ello sus mayores medallas.

El gobierno de las estrellas panistas seguirá trozando y triturando árboles. Quizá sembrará algunos, pero lo que probablemente no logrará hacer retoñar es la confianza de numerosos ciudadanos, muchos más de los que hoy por hoy son públicamente desdeñados por unos burócratas que no tienen tiempo para escuchar y que se ofenden porque haya quienes usan su derecho a disentir.

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