Arnoldo Cuellar

Botello y Santillana, paralelismos

In Botepronto, Zona Franca on marzo 28, 2016 at 4:00 am

La vanidad y la soberbia de la exalcaldesa nublaron la mayor inversión en obra de la historia de León; el nuevo alcalde no llegará a ese gasto, pero si repite actitudes de su antecesora.

Para los panistas leoneses y el círculo en torno al alcalde Héctor López Santillana, resulta un anatema realizar comparaciones entre la actual administración y la anterior, liderada por Bárbara Botello incluso cuando se retiró por licencia en el tramo final.

El ex secretario de Desarrollo Económico del Estado recibió en campaña una marea de quejas e inconformidad de los ciudadanos contra el gobierno al que buscaba suceder.

En ese momento, las críticas eran todas bienvenidas y se recibían sin análisis de ningún tipo. A final de cuentas abonaban al objetivo de superar el escollo electoral.

Sin embargo, a la vuelta de los meses y tras haberse logrado el triunfo, el equipo de López Santillana tampoco consideró pertinente dedicar tiempo a analizar las razones del fracaso de Botello, sino que con simple voluntarismo se pensó que podían hacer las cosas mejor, incluso perfectas.

No se revisó, por ejemplo, que el de Botello fue uno de los gobiernos con más poder realizador en los últimos tiempos, producto del soporte otorgado desde el gobierno federal y que se tradujo de una derrama histórica de recursos asignados a obra y a programas sociales.

La lección parecía importante: ¿porqué un gobierno que logra superar un récord de inversión obtiene tan malas calificaciones? ¿Porqué fracasó Bárbara Botello?

Con algo de curiosidad, de capacidad de análisis y sentido común, se podía haber concluido que las raíces de la desconexión entre el gobierno priista y la ciudadanía de León se encontraban en la soberbia, la autosuficiencia y la incapacidad de autocrítica y de corrección de rumbos.

El mayor problema de Bárbara Botello no fue un asunto objetivo, sino una cuestión de percepción, de absoluta subjetividad: a los ciudadanos que le dieron el voto con ánimo de cambio, los desanimaron demasiado rápido el discurso beligerante, la autopromoción y la cerrazón para aceptar errores de imagen y comportamiento, mucho menos para corregirlos.

Después de eso ya nada importó: ni el dinero gastado en propaganda, ni el control de los medios de comunicación, ni la inversión en obra pública.

Pues bien, López Santillana, está cometiendo de entrada errores muy parecidos a los de Bárbara Botello, con un agravante que debe ser tomado en cuenta: difícilmente dispondrá de los recursos con los que contó su antecesora para realizaciones materiales.

Soberbia, discurso solo para consumo interno, incapacidad para ver y atender los fallos de la burocracia municipal, negativa a reconocer los problemas urgentes de la ciudad y hacerse cargo de ellos con reacciones rápidas, incapacidad para dialogar con quienes piensan diferente, son algunos de los rasgos de la nueva administración panista que emulan y amenazan con superar los negativos del barbarismo.

Lo que ocurrió esta Semana Santa, es una pésima señal, peor que todas las anteriores: un gobierno que ante el aumento de las críticas se encierra a ver solo su mundo feliz; que trata de vender en las redes, quizá el espacio más crítico de la ciudad, demagogia disfrazada de propaganda; que se cansa del diálogo y que recurre demasiado pronto al tolete.

Héctor López Santillana aún está a tiempo de revisar a fondo las causas del fracaso profundo de Botello y extraer las lecciones pertinentes. Los ciudadanos leoneses ya no son los panistas incondicionales de hace una o dos décadas, principalmente a causa de la incapacidad de varios gobiernos de ese signo, coronados por la frivolidad priista, que han llevado los estándares de bienestar de la ciudad al despeñadero.

Quedan solo dos interrogantes: si el golpe de timón podrá ocurrir con el actual equipo del alcalde, cuya desidia y parsimonia están evidenciadas; y de lo contrario, si López Santillana será capaz de abandonar la zona de confort que le ha rodeado por años y que hoy ya dio de sí, para hacer cambios sustanciales.

De las respuestas derivará la suerte de un servidor público de prestigio y trayectoria cuya carrera puede terminar entrampada en un laberinto que él mismo prohijó.

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