Arnoldo Cuellar

2018: nuevos aspirantes y dilemas de Márquez

In Botepronto, Zona Franca on noviembre 30, 2015 at 4:08 am

Una será la sucesión estatal en el PAN si el gobernador decide participar en la contienda presidencial; y otra muy distinta si se limita a concluir su administración.

Miguel Márquez no acaba de definir si se decide a participar en la carrera de su partido por la candidatura presidencial, lugar en el que lo colocan las actuales circunstancias de Guanajuato, más allá de su propia intervención en ello.

Sin embargo, lo que si no podrá eludir es tomar parte en su propia sucesión. Por acción u omisión, los gobernadores panistas han tenido influencia en cómo ocurren las elecciones de quienes los reemplazan en el cargo., quizá con la sola excepción de Carlos Medina.

Vicente Fox, por ejemplo, con el poder de su precandidatura presidencial orientó dos sucesiones: la de su interino, Ramón Martín, incluso con votos del PRD en el Congreso; y la de Juan Carlos Romero Hicks en una reñida contienda con Eliseo Martínez, para lo cual contó con la ayuda de Juan Manuel Oliva como operador.

Romero Hicks le regateó su apoyo a Oliva, pero su tardía decisión de respaldar a Luis Ernesto Ayala, le restó posibilidades a éste y también al candidato foxista Javier Usabiaga.

Juan Manuel Oliva quien tuvo que ver en la elección de tres candidatos panistas: Romero, él mismo y Miguel Márquez, no tuvo ninguna dificultad para construir a su sucesor, prácticamente de la nada.

Esa es la tradición a cuya altura tendrá que estar Miguel Márquez, quien por lo pronto orientó de manera decisiva la elección de la mayoría de los candidatos del PAN a alcaldías y diputaciones locales, perdiendo ante el CEN de Madero y Anaya las federales y uno que otro municipio.

De esa experiencia emergió un gobernador más fortalecido al interior de su partido, conocedor de sus debilidades frente a la dirigencia nacional y muy resentido con el papel de su jefe local, Gerardo Trujillo, al que le impidió la reelección.

Por lo pronto Márquez ha hecho ya movimientos para construir prospectos a la candidatura panista a gobernador y no quedar encerrado con el que parecía el más adelantado: el senador panista Fernando Torres Graciano.

Frustrados los intentos de hacer candidatos a la alcaldía de León a Éctor Jaime Ramírez Barba y a Diego Sinhué Rodríguez Vallejo, Márquez los cobijó y los puso en el arrancadero de la sucesión estatal. Sin embargo, su fracaso previo los lastra de muchas maneras y los obliga a esfuerzos extraordinarios.

Rodríguez Vallejo sería en ese sentido el más favorecido, pues no solo le dan una Secretaría que dispone de amplio presupuesto y redes en todo el estado, sino que también Márquez lo ha dotado con una bolsa adicional de 2 mil 500 millones de pesos para los tres próximos años, para fondear un difuso programa de “regeneración el tejido social”, que tenderá a convertirse en una innegable plataforma político-electoral.

Esa decisión podría ser tomada, en automático, como la conversión del joven político leonés en el aspirante a vencer y el delfín de Miguel Márquez. Sin embargo, el de Purísima de Bustos ha mostrado ser un político de recovecos y sinuosidades que se han depurado con el incremento de su poder en la gubernatura.

Junto a los tres prospectos mencionados ya crece también Humberto Andrade Quezada, el dirigente del PAN que Márquez prohijó para hacer a un lado a Gerardo Trujillo, aparentemente a propuesta de Luis Ernesto Ayala y de Fernando Torres Graciano.

Andrade Quezada tiene un perfil de político moderno, civilizado y conciliador. Está ligado a grupos empresariales importantes y su familia política maneja al medio de comunicación al que más le teme Miguel Márquez. Además, la figura del nuevo dirigente panista le significa mucho al grupo empresarial leonés que se alejó del manejo directo de la gubernatura desde la salida de Vicente Fox.

Por lo pronto, la llegada del hermano de Humberto, Moisés Andrade, al gabinete de Márquez en un puesto secundario que huele a principal, parece el refrendo de un pacto político.

El hándicap de Andrade, en este momento, sería paradójicamente el mismo que lo trajo de vuelta: el manejo del PAN, la principal fuerza política de Guanajuato, sin adversarios al frente, pero lastrada por vicios como la afiliación masiva, el chambismo de los militantes y la tolerancia a la corrupción de los gobernantes emanados de sus filas.

Si Humberto Andrade no cambia al PAN y solo lo usa de trampolín, las consecuencias para este partido pueden ser catastróficas, sobre todo frente a la opción de los candidatos independientes.

Así se presenta, hoy por hoy, una sucesión en la que el papel de Miguel Márquez será primordial, ante el debilitamiento de cualquier clase de liderazgo panista, pues incluso el grupo disidente está absolutamente vulnerado ante el desprestigio de Luis Alberto Villarreal, su figura más relevante.

Sin embargo, muchas cosas dependerán de la otra vertiente de las circunstancias del mandatario guanajuatense, pues uno será su papel si decide limitarse a su suerte como gobernador, donde el paso del tiempo lo constreñirá cada vez más; pero otro muy distinto en caso de envolverse en la sucesión presidencial, lo que ampliaría su margen de maniobra independientemente de sus posibilidades en esa carrera.

Habrá señales, y será más pronto que tarde.

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