Arnoldo Cuellar

López Santillana, sin periodo de gracia

In Botepronto, Zona Franca on noviembre 9, 2015 at 3:18 am

Investigar el pasado, corregir el desastre o quizá ambas cosas; pero el mayor reto del nuevo alcalde de León es alinear a un equipo desencanchado y a punto de parecer tan frívolo como el que se fue.

En estos días comienzan a generalizarse los análisis mediáticos, las reflexiones públicas, además de las percepciones entre la clase política y los ciudadanos informados, en torno al débil arranque de la administración panista que recuperó León de manos del PRI.

Héctor López Santillana, lo hemos dicho muchas veces, es más un administrador que un político. Su perfil está alejado de las estridencias y de la espectacularidad. Ni siquiera para anunciar algunos de los golpes más sonados en la política de atracción de inversiones, hizo alharaca.

Las únicas veces que salió de ese guión fue en la campaña electoral por León, cuando abandonó su tradicional parsimonia, quizá presionado por sus asesores, para filtrar, primero, la inminente llegada de la planta Michelín al parque de Santa Ana del Conde, algo que por cierto todavía está en veremos; y, después, para tomarse una foto con el empresario transportista Fernando García Murguía buscando enmendarle la plana al municipio priista en la liberación de derechos de vía del distribuidor vial norte.

Sin embargo, una cosa es el estilo del presidente municipal y otra muy distinta la falta de un plan de acción político frente a una coyuntura que tiene sus peculiaridades.

Probablemente López Santillana no quiera perder el tiempo en la investigación de los excesos de sus antecesores, pero en ese caso no puede estar coqueteando con la idea y dejando que algunos de sus subordinados se trepen a ese carro para justificar las complicaciones que están encontrando.

El tema es definirse. Si López Santillana quiere, en efecto, responder al extendido reclamo sobre los manejos presuntamente irregulares en la administración del PRI-Verde, debería decirlo y tomar acciones en consecuencia: la designación de un contralor competente y no el mismo que fue cómplice de Bárbara Botello, a través de Miguel Salim; quizá la designación de un auditor especial, como lo hizo Carlos Medina con Felipe Polo para indagar a Rafael Corrales Ayala y a Raúl Almada.

En cambio, estar entrando y saliendo del tema, afirmando cosas que al día siguiente deben ser desmentidas o corregidas, es el peor escenario posible, pues solo deja translucir indecisión.

En cambio, si lo que quiere el nuevo alcalde es darle vuelta a la página, hacer caso omiso de las condenas públicas a Bárbara Botello, Roberto Pesquera, Eugenio Martínez, Martín Ortiz y compañía, para dedicarse a salir del atolladero en que le dejaron la administración, también sería sano que lo dijera públicamente y se los hiciera saber a sus colaboradores.

Al final del día es un tema de elección, de convicciones y de entendimiento del momento político. Lo peor que puede ocurrir es que la transición arroje la imagen de un alcalde que no sabe lo qué quiere, que desconoce a dónde llegó y a dónde quiere ir.

Esas definiciones será útiles para alinear al resto del equipo, a la pléyade de estrellas semiretiradas que se reunieron en el Ayuntamiento, algunos de los cuales ya dejaron claro que no disponen de tiempo completo para dedicárselo al gobierno de la ciudad y que solo quieren figurar a veces como decoración y a veces como factores de influencia.

También sería bueno que el plan de vuelo lo conocieran los funcionarios de primer nivel, que siguen viéndose desencanchados y muy por debajo del nivel que requiere la administración de una ciudad con la dinámica y los problemas de León.

Lamentablemente, Héctor López Santillana no puede contar con periodo de gracia ni con el beneficio de la duda. Su llegada tiene que ver con el rescate de los asuntos públicos de manos de una gestión que resultó desastrosa, que dilapidó el tiempo y los recursos de la ciudad, que generó una imagen de rapiña y de frivolidad.

Ante ese desastre, aquellos en quienes los ciudadanos confiaron para el rescate de la cosa pública, no pueden salir ahora con que necesitan tomarse su tiempo y empezar a aprender, sobre todo cuando se supone que son veteranos de mil batallas.

Como le gustaba decir al exgobernador Juan Carlos Romero Hicks, seguramente tomado de algún manual de superación personal: “nunca pierdas la oportunidad de causar una buena primera impresión”

No definir, no actuar, no mandar los mensajes adecuados desde los primeros momentos, será no solo decepcionante, también suicida.

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