Arnoldo Cuellar

¿Tejido social o tejido electoral?

In Botepronto, sinembargo.mx, Zona Franca on septiembre 15, 2015 at 3:36 am

La Secretaría de Desarrollo Social de Guanajuato ha producido más candidatos que metas cumplidas; así que dotarla de más recursos, vía deuda, no promete nada bueno.

La autorización otorgada por el Congreso del Estado, con el aval de todas las fuerzas políticas, para que el gobierno de Miguel Márquez adquiera deuda hasta por un monto de 4 mil 240 millones, a través de una línea de crédito que podrá ser ejercida a lo largo de los próximos tres años, presenta matices interesantes.

Por ejemplo, dentro de la escasa información proporcionada al público y a los diputados, se nos ha dicho que 2 mil 500 millones de pesos se destinarán a obras “para la reconstrucción del tejido social”, lo que significa un 59 por ciento del endeudamiento solicitado que se convierte así en el renglón verdaderamente estratégico de la inversión.

El rubro de desarrollo social, donde se enmarca esta notable inyección de recursos, ha tenido un comportamiento que no hace augurar nada bueno. Hasta ahora, la dependencia que maneja la inversión para combatir la pobreza y mejorar la calidad de vida de la población se ha inclinado al aspecto eminentemente electorero.

De allí salió rumbo a una candidatura el actual gobernador del Estado; allí fue nombrada como su sucesora una aspirante derrotada a dirigir el PAN; el siguiente titular buscó ser candidato a alcalde de León y, al no lograrlo, buscó una diputación; hoy, el actual secretario se comporta más como candidato en campaña que como funcionario.

La propia oposición que hoy da su aval al crédito con nulos candados y ninguna exigencia, se quejó hace no mucho del uso electoral de los programas sociales.

Los 2 mil 500 millones de pesos representan casi 18 meses del presupuesto de la Secretaría de Desarrollo Social en este año, con todo y su gasto operativo que no es menor.

Ese adicional no será cosa menor en un gobierno encabezado por un potencial y muy probable precandidato presidencial y operado por otro aspirante a la gubernatura o de perdida a la senaduría.

Y aunque tácticas y estrategias políticas de esa naturaleza son ya parte del paisaje a un grado que a nadie preocupan, lo cierto es que utilizar recursos públicos y, peor aún, recursos destinados a combatir la marginalidad y el hambre, para construir carreras políticas, es una de las grandes tragedias de la sociedad mexicana.

La evidencia de que esas desviaciones son nefastas, la ofrece el fracaso de la política social que ni siquiera logra sus fines asistencialistas y que no solo no frena el volumen de la pobreza, sino que ha contribuido a fomentarla.

Las cosas se ponen más graves cuando el dinero que so pretexto de regenerar tejidos sociales se destina en realidad a construir expectativas político electorales, hipoteca el futuro, como ocurre al contraer una deuda.

Sin embargo, nadie en la red de fuerzas políticas de Guanajuato, ni a la izquierda, a la derecha o al centro, ha reparado en uno solo de esos detalles. Ocupados, unos por sus luchas internas; otros, por su obsesión para frenar el progreso; algunos por sus intereses de cortísimo plazo; y, otros más, simplemente distraídos, los partidos y los políticos de Guanajuato no parecen representarse ni a sí mismos, menos a los ciudadanos a los que recientemente atosigaban con su retórica anquilosada y falsa.

Miguel Márquez se dispone, en caballo de hacienda como le gusta, a usar Guanajuato de trampolín para una aventura que todavía no se cree. Diego Sinhué Rodríguez ya sueña con ser su heredero. Tendrán para ello mucho dinero y escasos obstáculos. Los hace frágiles su propia inconsistencia, lo que no es cosa menor, pero en el camino nos dejarán endeudados y con mucho dinero tirado a la basura.

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