Arnoldo Cuellar

La deuda de Márquez, sin carácter estratégico

In Botepronto, Zona Franca on agosto 11, 2015 at 3:48 am

Con una oposición cada vez más testimonial, el gobierno panista se alista para endeudarse solo porque puede, sin que queden claros el objetivo de la inversión.

Vivimos tiempos singulares. Guanajuato ya no tiene prácticamente oposición política. Los diputados de los partidos minoritarios se han convertido, quien más, quien menos, en simples aplaudidores del actual gobierno.

El PAN ha logrado una verdadera hazaña: la de reeditar los tiempos del peor PRI, el más demagógico y autoritario, el que controlaba el gobierno, el Congreso, los medios y los organismos de la sociedad.

Hoy, el PRI y el PRD son tan deficientes en términos de representación social y legitimidad democrática como el PARM y el PPS, con el agravante que nos cuestan mucho más caros a los ciudadanos.

La semana que pasó, el gobernador Miguel Márquez Márquez anunció en una rueda de prensa, donde estuvo acompañado de sus Secretarios de Finanzas y de Gobierno, su intención de solicitar una línea de crédito hasta por 4 mil 200 millones de pesos para hacer frente a la posible disminución de recursos federales por la creciente complicación económica.

Argumentó sobre el tema haciendo referencia a la buena situación de las finanzas de Guanajuato, algo que debe ser reconocido a las administraciones que lo precedieron más que a la suya; así como a la buena calificación otorgada por analistas independientes.

En todo ello le asiste la razón. Sin embargo, la principal causa de una deuda no debería ser la posibilidad de contraerla. Como el principal motivo de cualquier compra no es la de tener el dinero suficiente en la bolsa.

Los gobiernos, más aún que las personas, tiene la obligación de gastar razonablemente, pues nos representan a todos y deben tomar decisiones en nuestro nombre. Pero eso debe ser doblemente cierto cuando se trata de adquirir deuda que, como todos sabemos, es la posibilidad de gastar dinero que se tendrá en el futuro.

Si lo que se prevé es un recorte en las aportaciones federales, origen del financiamiento mayoritario del gasto estatal, la oportunidad de un endeudamiento parece doblemente arriesgada: se están comprometiendo recursos de la propia fuente de repago, debido a que esta se verá disminuida.

Es como si un empleado solicitara un crédito ante la previsión de quedarse desempleado o de ver disminuidos sus ingresos en el futuro, a fin de mantener su mismo nivel de gasto.

Vistas así, la situación ya no suena tan lógica. La calificación crediticia de Guanajuato es buena, entre otras cosas, porque ha tenido en los últimos años un crecimiento consistente de sus ingresos, provenientes de las partidas presupuestales federales, que ahora se ven amenazadas.

Y, justo cuando hay una sombra en el futuro, es cuando se decide adquirir un crédito y programar gasto que quizá no se hubiera realizado de mantenerse el ritmo normal de las cosas.

Porque aquí viene la otra parte, la de para qué se quiere el dinero. Si el recurso que se solicitará por la vía de la deuda tuviese como destino la creación de una nueva fuente de financiamiento, digamos una carretera de peaje con un estudio de aforo minucioso, habría una lógica financiera en el hecho de que la nueva obra contribuirá al pago del dinero que permitió realizarla, adicionalmente a otros beneficios económicos.

Sin embargo, no es así. El destino del crédito aparece como una difusa bolsa de proyectos que atacan necesidades dispersas, donde se mezclan objetivos de competitividad con otros de corte social.

Nadie discute la urgencia de construir un nuevo Hospital General Regional de León, un proyecto avalado por estudios de diversa índole. Su edificación traerá al gobierno un incremento en el gasto corriente del área de salud, asociado a una atención de mejor calidad a la población de la principal conurbación del estado. Allí no solo no habrá mayores ingresos, sino que ni siquiera se producirán ahorros.No obstante, es necesario realizarlo.

El avance de proyectos como el sistema de movilidad interurbano, un esquema de camiones articulados en la zona metropolitana de León; así como la continuación del eje metropolitano León – Silao, constituyen objetivos menos consistentes, en virtud de que ambas obras quedarán inconclusas con la inversión de 330 millones de pesos. Se trata de dinero que no elevará sustancialmente la competitividad de la zona y tampoco producirá nuevos recursos para el estado. Otra cosa sería que uno o ambos proyectos se llevarán a su plena conclusión.

Apoyar a los 26 municipios que no reciben recurso federal en materia de seguridad, con la compra de patrullas y equipamiento, es un concepto que se aleja totalmente del resto de los objetivos. En realidad se trata de un subsidio que además se antoja insuficiente, pues 100 millones de pesos no resolverán el problema de la creciente ola delictiva. Nada garantiza, además, que los municipios hagan un uso eficiente de la ayuda. Más útil sería invertir ese recurso en el fortalecimiento de la incipiente policía estatal.

Lo verdaderamente preocupante viene en el más impreciso y oscuro de los conceptos, el cual además, paradójicamente, recibe la mayor aportación de recursos: 2 mil 500 millones de pesos, más de la mitad de la línea de crédito solicitada, irá a la construcción de “Infraestructura para la Reconstrucción del Tejido Social”, donde se ubican obras “de tipo social, deportivas y educativas”.

Cuando se solicita dinero en préstamo, sobre todo en el caso del gobierno, lo menos que se puede esperar es una definición exacta del destino de ese recurso. ¿Cuántas obras de tipo social, deportivo o educativo se construirán en cada uno de los 46 municipios de Guanajuato? ¿Qué diagnóstico avala cada uno de esos requerimientos? ¿Cuánta población será beneficiada? ¿Qué metas se esperan alcanzar?

Pedir dinero para un objeto tan amplio y a la vez tan escasamente detallado, abre la puerta a las suspicacias. ¿Quién ejercerá ese recurso? ¿Se trata quizá de la precampaña a la gubernatura del Secretario de Desarrollo Social, Diego Sinhué Rodríguez Vallejo? ¿Está ya el joven político leonés convertido en el delfín de Miguel Márquez bajo cuerda?

Y a todo esto, hasta ahora, ninguno de los representantes de la “oposición” en Guanajuato han planteado la necesidad de entrar a fondo en el tema. En una primera instancia, todos los representantes de los partidos con presencia en el Congreso, vieron la iniciativa “viable”. No se escuchó a ninguno hacer una sola pregunta.

Nadie puede oponerse al progreso de Guanajuato. Endeudarse es una forma de crecer, pero hay que hacerlo con inteligencia y, en el caso del dinero público, con una enorme transparencia. Sobran los ejemplos de estados del país que aumentaron de forma estratosférica sus pasivos, con anuencia o negligencia de la oposición, a la par que produjeron grandes saqueos con la obras construidas con esos recursos.

Vivimos tiempos difíciles y los políticos que nos gobiernan no son ajenos a las complejas situaciones que han hecho más dura la vida de cada ciudadano. Si la disque oposición que vivimos está dispuesta a dar un voto en blanco al poco claro proyecto de endeudar a Guanajuato por 4 mil 200 millones de pesos más, serán corresponsables de lo que ocurra.

Ya vimos a la oposición en el caso de Proyecto Escudo: su otorgamiento del “beneficio de la duda” se convirtió muy pronto en críticas acerbas, justo cuando estas ya no significaban nada. Vaya comedia de estos políticos: cuando su voto importa no tienen empacho en otorgarlo; cuando ya no tienen nada que hacer, se desgañitan en la tribuna.

Pareciera una simulación consentida. En los hechos, lo es.

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