Arnoldo Cuellar

López Santillana: ¿sin compromisos?

In Botepronto, Zona Franca on julio 2, 2015 at 3:40 am

El alcalde electo manda mensajes que contradicen desde su equipo: ¿perfiles aptos para los puestos o pago de favores de campaña y amiguismo?

La alternancia entre partidos en León, donde el PAN regresa al poder tras un paréntesis de tres años, ha generado una importante agenda de cambios. Si a ello se agrega el enorme fracaso de la administración priista de Bárbara Botello en temas como la inseguridad, el control de los recursos y la gestión de la obra pública, las oportunidades, como los retos, son enormes.

Héctor López Santillana se enfrente a un escenario complejo. El desprestigio del municipio hasta ahora se limitó a un desgaste del PRI. Sin embargo, de no haber respuestas rápidas y cambios sustanciales en la forma de gobernar, que más allá de retórica o de reingenierías cosméticas, ofrezca a los habitantes muestras palpables de una gobernanza eficiente, cercana y abierta al dialogo, la luna de miel se irá por el desagüe.

Preocupa, por ejemplo, el descuidado juego de nombres que ha empezado a surgir en los medios en torno a la conformación del equipo ejecutivo en el municipio: Jesús López Gómez en la secretaría del Ayuntamiento; Ricardo de la Parra en la secretaría particular; Enrique Sosa para la tesorería; Jorge Videgaray para Implan.

Si los que promueven esa lista son los mismos interesados, flaco favor le hacen a López Santillana que ha declarado que llega “sin compromisos”, porque entonces éstos se los fincan sus propios colaboradores, como si el hecho de haber formado parte de equipos históricos, de haber participado en una campaña que fue todo menos brillante o de ser el ajonjolí de todos los moles que busca dar perfil plural, fuesen razones suficiente para acompañar al nuevo alcalde en el delicado reto que tendrá enfrente.

López Santillana se encuentra arriesgando sus primeras promesas en la etapa de la transición. Ya está anunciando mecanismos de elección de colaboradores al estilo Fox, con participación ciudadana y “headhunters” que le prepararán ternas. Ya aviso que arreglará los consejos ciudadanos para que no solo se formen con empresarios. Ya planea un sofisticado esquema de seguridad georeferenciado, como quiere venderlo Carlos Medina a través de sus socios de Portoss.

En términos operativos, el alcalde electo de León ha optado por un esquema de apertura que descuida flancos: dio juego a sus síndicos, que le acompañaron en su primera entrevista con Villasana, empoderando innecesariamente a alguien que de por sí tiene ansia de protagonismo, como el mismo Carlos Medina.

Además, ha ofrecido que serán los regidores y no funcionarios ejecutivos, quienes se entiendan con las áreas de la actual administración para el proceso de transición, lo que puede constituir otro delicado tema, al mantener el protagonismo de los ediles que tantos dolores de cabeza ha provocado en la administración Botello.

Todos estos pasos, más las ansias de figurar en la nómina de viejos cuadros panistas que hace mucho que perdieron contacto con la realidad del municipio, como López Gómez y De La Parra, anticipan un inicio complicado para el flamante neopanista que reconquistó León tras al debacle del 2012.

El descarado ventaneo de Jorge Videgaray, quien se ofrece de voluntario para ocupar Implan, Sapal o lo que se pueda, tampoco aporta un tinte plural dado su precario priismo de estos años. Sin embargo, la llegada de personajes así en consonancia con una marginación de cuadros panistas tradicionales, puede provocar otro corto circuito.

López Santillana está muy equipado para conducir un auto de carreras afinado y que cuenta con equipos especializado en el área de mantenimiento. Sin embargo, lo que enfrentará en la alcaldía de León es una maltratada camioneta de carga, escasa de combustible y circulando en terracería y con el staff a la greña.

El próximo alcalde de León es un administrador que aprende con rapidez, pero necesita situarse ya en el centro del terreno donde le tocará actuar. Aunque le gusta repetir que llega sin compromisos, en realidad llega con uno muy grande: reorientar el rumbo del municipio después de una borrachera de tres años de caprichos autoritarios, discordias cotidianas y corrupción rampante.

Para poder dar los primeros pasos en la dirección correcta, más que planes grandilocuentes y exhibición de vanidades políticas, el alcalde electo necesita que su ayuntamiento y sus colaboradores se apliquen, con valentía, rapidez y pragmatismo, a mostrar que los problemas de la ciudad tienen salida. En eso deberían estar trabajando ya, pues el tiempo vuela.

Nadie espera milagros, pero tampoco habrá paciencia para retórica y simulación. De ese expediente, la señora Botello agotó las reservas.

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