Arnoldo Cuellar

León: los partidos se diluyen

In Botepronto, Zona Franca on enero 26, 2015 at 3:42 am

La apuesta en la batalla por León no es de los partidos, sino de los gobernantes; la estructura militante se deja de lado y se apela directo al electorado.

Finalmente Carlos Medina no solo aceptó abandonar su cómodo retiro empresarial para regresar a la política, sino que también orientó de manera decisiva la composición del equipo que acompañara a Héctor López Santillana en la cruzada panista por la recuperación de León.

No deja de ser simbólico que el primer político panista que ganó la presidencia municipal de León, hace 26 años, busque ahora recuperarla. Para Acción Nacional parece todo un diagnóstico que haya necesidad de echar mano del símbolo para resolver una coyuntura práctica.

Tres regidores entre los primeros cinco tiene nexos históricos con Carlos Medina: Salvador Sánchez Romero, Federico Zermeño y Ana María Carpio. Por cierto, ninguno de ellos milita en Acción Nacional.

En la segunda regiduría, Ricardo Sheffield y Mayra Enríquez lograron colar a Ana María Esquivel Arrona; y en la quinta entró José Luis Manrique, exsecretario particular del primero y sucesor de Mayra al final de ese trienio en la secretaría de Ayuntamiento. Son quienes representan a una corriente de la militancia.

La sexta regiduría y última con posibilidades reales, es para Beatriz Yamamoto, exolivista y hoy probablemente apadrinada por Juan Carlos Muñoz. Tampoco tiene ascendiente en el PAN.

Los dos candidatos a síndicos, el propio Carlos Medina y Luis Ernesto Ayala, pertenecen al exclusivo club de exalcaldes, que hace tiempo de dejo de tener peso y ascendiente entre la militancia y que se habían convertido en un club de opinadores, al que podían o no hacerles caso los dirigentes partidistas o los gobernadores.

Hoy se salieron con la suya, al grado de que hasta Ricardo Alaniz logró colocar a su vástago, Alejandro Alaniz, en la ya imposible séptima regiduría.

Siguiendo las consignas de Carlos Medina y de Miguel Márquez, de que la militancia de Acción Nacional está corrompida por el clientelismo, la planilla de Héctor López Santillana los deja fuera casi por completo.

No le bastó a Gerardo Trujillo inventar un método de elección de candidato que marginaba a las bases para privilegiar las decisiones cupulares, sino que incluso modificó sus propias reglas para dar un dedazo impensado y designar a un candidato que nunca compitió.

El problema es que las cúpulas pueden decidir a los candidatos pero lo que no pueden en ausencia de la militancia es hacer campañas, ni cubrir terreno o inventar representantes en las casillas.

¿De cuántos miembros consta la corriente de Carlos Medina? ¿Y la de Luis Ernesto Ayala, Federico Zermeño, Salvador Sanchez o Ana Coco Carpio? ¿Cuántos representantes de casilla logrará reunir Bety Yamamoto?

Miguel Márquez fue convencido de que los nombres de Carlos Medina y Luis Ernesto Ayala poseen en sí mismos un capital de credibilidad. Después de eso fue condicionado a que personajes así solo podrían aparecer con un candidato de sus complacencias, lo que vetó a aspirantes como Diego Rodríguez y Ricardo Sheffield.

La lógica es similar a la del PRI nacional en su estrategia para León: seleccionar un candidato con prestigio, aunque no cuente con aparato político, porque los aparatos existentes están desprestigiados y vencidos por la corrupción.

Así, los partidos renuncian a una de sus tareas esenciales, como lo hará también el PRD, que es la de construir militancia, para convertirse en simples franquicias. Los perredistas verán como les imponen a Guillermo Romo, un clown de la política, como adalid de los valores de la izquierda.

El problema es que si las militancias están corrompidas, qué es lo que garantiza que no hayan caído en lo mismo también las dirigencias.

A final de cuentas esas militancias fueron las responsables de hacer candidato a Miguel Marquez y de hacer dirigente del PAN a Gerardo Trujillo.

¿Veremos a los dos principales candidatos y sus planillas comportarse mejor que en el pasado reciente? ¿Será una contienda más sobria, civilizada e inteligente? ¿Romo evitará convertirse en el golpeador del PRI al servicio del PAN?

Si así ocurre quizá vaya siendo la hora de plantearnos una seria reforma que reduzca al mínimo a los partidos y a sus burocracias. Sería seguir con la lógica por la que ellos mismos han optado: desaparecer y eludir sus responsabilidades.

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