Arnoldo Cuellar

Acción Nacional, de partido a facción

In Botepronto, sinembargo.mx, Zona Franca on enero 22, 2015 at 3:37 am

Una corriente que ha convertido al partido en instrumento para obtener beneficios personales, se apodera del PAN y establece una dictadura inédita en la historia de la institución.

Lo que ocurre hoy en día en el Partido Acción Nacional es inédito. Una sola corriente partidista, que además no se identifica por planteamientos ideológicos o una visión estratégica de la política sino simplemente por la administración de una amplia gama de beneficios originados en el tráfico de influencias, se ha apoderado de todos los órganos de gobierno interno y decide sin contemplaciones sobre la vida de la institución.

Que Gustavo Madero Muñoz, un pragmático político norteño con una carrera más bien anodina, haya sido el que concretó este adueñamiento del partido que poseía el mayor historial democrático de la breve vida plural del país, no se deriva tanto de sus habilidades, como de la dilución de las virtudes cívicas que caracterizaban al PAN.

El político chihuahuense, rodeado de un grupo de jóvenes operadores caracterizados por su audacia y su falta de escrúpulos, no ha hecho otra cosa que ir llenando los vacíos que se produjeron en Acción Nacional, a lo largo de los doce años que este partido ejerció la presidencia de la República, sin poder resolver la contradicción de una institución construida como una oposición eficaz que se convirtió en gobierno.

En efecto, el intento de Vicente Fox y Martha Sahagún de apoderarse del PAN mediante el impulso a Manuel Espino Barrientos, concluyó tan mal que este político terminó fuera del partido y respaldando a Enrique Peña Nieto en su campaña.

Los sucesivos dirigentes impulsados por Felipe Calderón de entre sus cercanos, solo prepararon el terreno para el surgimiento de una corriente anticalderonista encabezada por Madero que en un primer momento trató de reivindicar la autonomía del panismo frente al poder presidencial, pero que al cambio de poderes en 2012 y con el regreso del PRI, se reorientó a un apropiamiento del partido que ha culminado con el control absoluto, por parte de Madero y su grupo, sobre los órganos de gobierno, las bancadas parlamentarias y la mayor parte de las gubernaturas del PAN.

El despegue de Gustavo Madero se dio a raíz del Pacto por México, cuando la interlocución privilegiada con el nuevo gobierno priista de Enrique Peña Nieto le otorgó al panismo, junto con el PRD de los “Chuchos”, la posibilidad de intercambiar sus votos a favor de las reformas estructurales por prebendas políticas, como lo fue el manejo presupuestal que dio lugar a los ya famosos “moches”.

La historia de beneficios personales del maderismo utilizando el manejo partidista, no comenzó allí, Todavía durante el gobierno calderonista y cuando aún no despuntaba como un personaje de primera línea, Gustavo Madero y algunos de los que a la postre se convertirían en sus principales operadores, confluyeron en el tema de los permisos para operar casinos, obtenidos a través de la nebulosa legislación en el tema, un expediente que está ampliamente documentado.

Sin embargo, hay que decir que el surgimiento de esta vertiente del panismo que mezcló eficientemente política y negocios no fue exclusiva de Madero y sus allegados, allí están previamente los antecedentes del manejo de influencias y cabildeos privilegiados que realizaban los grandes abogados panistas que se manejaban desde la actividad parlamentaria al mismo tiempo que litigaban en sus despachos: los Fernández de Cevallos, Lozano Gracia, Gómez Mont et al.

La gran paradoja del PAN es que su conquista del poder lo empequeñeció como partido. Madero no ha tenido resistencia significativa para apoderarse de todos los resortes del PAN y utilizarlos para su beneficio y el de su grupo, porque en el PAN ya no hay un espíritu democrático ni tampoco civilista. Madero ha aplicado una eficaz política… priista y aún peor, porfirista, algo que haría que su ancestro Francisco se removiera en su tumba: palo a los opositores, pan a los aliados y cómplices.

Enfrente de Gustavo Madero, un disminuido calderonismo, unos cuadros provincianos, timoratos y pobres de espíritu, como el guanajuatense Juan Manuel Oliva, unos rebasados santones que viven de glorias pasadas, como Ernesto Ruffo o Carlos Medina, no han tenido ni arrestos ni recursos políticos para enarbolar una oposición interna creíble.

Dueño del PAN, más que dirigente, como se ha repetido con insistencia, el chihuahuense Madero va a los comicios de junio de 2015 con sus propios candidatos y con la estrategia que ha decidido de forma unilateral, quizá solo pactada con su aliado Enrique Peña Nieto. Lo que pase con el PAN en esa cita electoral será su responsabilidad exclusiva.

Desde luego, no parece estar en juego el control del partido, que es absoluta como nunca antes se había visto; tampoco aparece en el horizonte la posibilidad de un fracaso, por lo menos no mayor al que registrarán el resto de los partidos, compañeros del mismo desprestigio del sistema político en su conjunto.

Lo que se pone en riesgo es la sobrevivencia del PAN como un partido que pueda constituir una alternativa creíble a la crisis de credibilidad del régimen del que forman parte. Hoy, el PAN está convertido en una pandilla que antepone su propio beneficio al de la sociedad que buscan representar, como el PRI, como las izquierdas.

El viejo partido de la clase media y de la gente decente, que probablemente no lo era tanto, se ha ido para dejar su lugar a otro ente amorfo del perverso sistema político mexicano, gobernado por la lógica patrimonial y corruptora del PRI.

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