Arnoldo Cuellar

Madero arrasa al PAN de Guanajuato

In Botepronto, sinembargo.mx, Zona Franca on enero 14, 2015 at 3:12 am

Avalado por el dirigente nacional, el diputado Luis Alberto Villarreal acorrala a la estructura panista de Guanajuato, decide candidaturas y desplaza al gobernador Miguel Márquez.

Bajo el signo del apropiamiento sin concesiones de la estructura panista del país que encabeza Gustavo Madero Muñoz, el impresentable Luis Alberto Villarreal ha iniciado una maniobra de gran calado para adueñarse del PAN de Guanajuato.

Las condiciones se las ha ofrecido en bandeja de plata la ausencia de operación política del gobernador Miguel Márquez y la fragmentación de la vieja alianza oficialista del PAN que hasta hace poco mantuvo a raya a los disidentes.

La oportunidad se la dio la circunstancia preelectoral y la decisión de centralizar toda las decisiones sobre candidaturas en el Comité Nacional, con un estilo casi soviético.

Paso a paso, Villarreal, que no se ha despeinado pues para eso tiene a Jorge Villalobos, el diputado federal que preside el Comité Estratégico de Elecciones, órgano de reciente creación que actúa por primera vez en la historia del partido.

En julio de 2014, Gustavo Madero instaló este nuevo órgano, con la presencia de los cinco gobernadores panistas. Allí se dijo que su función sería la “búsqueda de decisiones consensadas con liderazgos locales que propicien la inclusión, equilibrio y unidad al interior del partido”.

Cuatro de esos gobernadores habían apoyado a Gustavo Madero en su proyecto de reelección. Solo uno jugó con la fórmula encabezada por Ernesto Cordero y el suyo fue uno de los pocos estados que ganó el exfuncionario calderonista: Miguel Márquez, el mandatario de Guanajuato.

No hace falta ir muy lejos para imaginar que el respaldo que está recibiendo Villarreal de Gustavo Madero para arrinconar a los panistas de Guanajuato que no le son afectos y apropiarse de las principales posiciones electorales, tiene que ver con la estrategia para las candidaturas de 2018, tanto la presidencial como la de gobernador.

Poco importó que unas semanas después de la instalación de la Comisión Estratégica, tanto Villarreal como Villalobos hayan sido exhibidos sin clemencia en la ya legendaria fiesta de Puerto Vallarta, acompañados de sexoservidoras, lo que motivó el cosmético retiro del coordinador de la bancada panista en San Lázaro, sin que ello le restara un ápice a su cercanía y a la confianza que Madero le ha depositado como operador político.

El PAN de Gustavo Madero está convertido en una eficiente y despótica maquinaria de usufructo político para intereses personales. Lo muestra la lógica de los “moches”, el inverosímil mecanismo de imponer cobro de cuotas a la asignación de partidas del presupuesto federal. Lo muestra el negocio de los casinos, obtenidos a través del tráfico de influencias. lo muestra el intercambio de votos en las Cámaras para los proyectos del gobierno priista, a cambio de respaldos políticos para vulnerar a los opositores internos.

El PAN de Gustavo Madero no solo está lejos de cualquiera de las etapas vidas por este partido en el pasado, incluyendo sus peores crisis. Lo grave es que resulta lo más parecido al PRI de Roberto Madrazo, al PVEM de Jorge Emilio González o al SNTE de Elba Esther Gordillo: una maquinaria de poder y negocios que ya ni siquiera se oculta bajo la epidermis de una representación de intereses legítimos.

Y el tema no es que los Madero, Villarreal, Villalobos et al., estén intentando adueñarse del PAN, luego de la debacle en la elección del 2012, sino que los panistas de base y quienes han tenido posiciones de dirigencia, lo hayan permitido.

Así ha pasado con los panistas de Guanajuato, encabezados en este momento por el gobernador Miguel Marquez, quien se convertirá en el principal damnificado del avance forzado del maderismo, en este caso representado por el villarrealismo, en el territorio que gobierna.

Hace no mucho, en 2012 también, los votantes del municipio de León, considerado por décadas uno de los electorados más panistas del país, poseedor del distrito electoral con índices más altos de votación para ese partido desde principios de los años setenta del siglo XX, decidieron darle la espalda a un candidato panista a causa de serias dudas sobre su honestidad personal, lo que propició el regreso de una administración del PRI al gobierno de esa localidad tras un cuarto de siglo.

El que se piense que Guanajuato es un voto cautivo del PAN y que este partido mantendrá su hegemonía pase lo que pase, aunque ahora se postulen candidatos que son más famosos por sus escándalos que por sus resultados, puede ser un error de consecuencias.

Y aunque frente al PAN existe solo un PRI desmadejado, necesitado de importar candidatos como el expanista José Ángel Córdova Villalobos; o un PRD cuya actual estrategia es ser una simple comparsa del PAN, hay ciertos signos que hablan del despertar de esta sociedad.

Allí están, por ejemplo, las manifestaciones surgidas en solidaridad con las víctimas de Ayotzinapa, con gran presencia de jóvenes y con mayor convocatoria que cualquiera de las producidas en muchos años anteriores, quizá desde la insurgencia civilista del PAN de los noventa, en defensa del voto.

Por muchas razones, pero sobre todo por el evidente agotamiento de los partidos y por una contrastante vitalidad de la sociedad, se antoja que, incluso en este recoleto rincón del altiplano, los tiempos están cambiando

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