Arnoldo Cuellar

El precio de renunciar a la política

In Botepronto, Zona Franca on enero 13, 2015 at 3:10 am

Miguel Márquez limitó su margen de maniobra al negarse a pensar poíticamente su gubernatura; lo padecerá la segunda parte de un sexenio que para efectos prácticos parece haber terminado.

A Miguel Márquez le había venido funcionando un estilo de gobernar eminentemente administrativo y ajeno a la política. Hasta que llegó la temporada política por excelencia: la electoral.

El mandatario guanajuatense renunció explícitamente al trabajo de gobernar políticamente, creyó que podía transitar por la gubernatura dedicado a administrar una bonanza representada, sobre todo, por el auge de inversión extranjera cuyos frutos le ha tocado recoger, peor sembrada en anteriores administraciones.

Márquez abandonó a su partido político, se fue distanciando consistentemente de los otros liderazgos de su partido, rechazó el diálogo con las restantes fuerzas políticas y se limitó a gestionar la mayoría del Congreso con cooptaciones basadas en complicidades y no en acuerdos políticos.

El abandono en que incurrió en el PAN, dejó a Gerardo Trujillo a expensas de su confrontación con el grupo del que emergió y al que dio la espalda: el de Fernando Torres Graciano. La solución que encontré el dirigente panista fue la de pactar alianzas con Luis Alberto Villarreal y, través de él, con Gustavo Madero.

En otra renuncia a la política, el gobernador panista decidió debilitar premeditadamente los perfiles políticos de su secretaría de gobierno y su coordinación legislativa, para entregárselos a funcionarios que gozaban de su confianza personal, aunque carecían de trayectoria y experiencia.

Todas esas decisiones, el deliberado perfil bajo en el terreno político, se vio complementado por una actitud de sumisión frente al gobierno federal de Enrique Peña Nieto, que le ha impedido a Marquez asumir un liderazgo político a nivel nacional, sobre todo luego de que se produjera la reciente caída de imagen y popularidad del presidente priista.

A nivel local, Márquez se dejó importunar y reclamar en todos los temas por parte de la alcaldesa de priista de León, Barbara Botello, eludiendo un debate que hubiera sido perfectamente legítimo y explicable. Prefirió enviar al ruedo a su Secretario de Desarrollo Social y aparente delfín para la candidatura en León, Éctor Jaime Ramírez, quien también se perdió en el camino.

Carente de consejeros políticos, reacio a formar un cuarto de guerra, refugiado en vínculos empresariales muy localizados, como los que representan Concepción Enríquez y Rafael Barba en Irapuato; y la familia Reyes dueños del emporio de envases desechables Reyma en León, Márquez se ha cerrado a la posibilidad de ejercer un liderazgo amplio.

Hoy, esas actitudes lo han conducido a ser un verdadero Solitario de Palacio.

Miguel Márquez, aunque aún no se de cuenta, ya perdió en la coyuntura electoral de 2015, pues no logró colocar candidatos propios en por lo menos 3 de las 4 principales localidades del estado. En municipios como san Miguel Allende y Guanajuato, tampoco pudo impulsar a sus seguidores. En esos casos, si el PAN gana, el gobernador ganará muy poco. Incluso habría espacios donde sería preferible tener a un opositor que a un panista de otra corriente política.

Falta por definir la totalidad de aspirantes al Congreso loca, donde su margen de maniobra puede aumentar, pero de cualquier manera entregará posiciones a Villarreal, una de ellas no se descarta que sea para Ricardo Sheffield.

En la primera posición plurinominal federal, aparece Mayra Enríquez, una panista a la que Miguel Marquez prefirió marginar, no obstante que trabajó para su campaña en temas jurídicos en 2012.

No se entiende la enorme cantidad de rencillas y agravios que el gobernador adquirió, asumió o promovió en estos dos años, sobre todo si se piensa que la imagen de Marquez hasta antes de ocupar esa posición, había sido la de un político enemigo de las divisiones y de la estridencia.

Falta que corra agua bajo los puentes, pero en este momento, pareciera que el actual mandatario panista de Guanajuato tiene el control más débil en la historia de los gobiernos de ese signo en la entidad.

Con un equipo débil y balcanizado, al que además no se propone modificar, el purimense se encamina a lo que muy seguramente se convertirá en una segunda mitad de gestión cuesta arriba.

Y, los expedientes se acumulan: pasada la elección de junio se renovará el comité estatal panista y también la rectoría general de la Universidad de Guanajuato, espacios amenazados por el regreso de dos exgobernadores.

En el primer caso acechan las fuerzas reunidas de un Juan Manuel Oliva dolido y ansioso de oxígeno político, aliado con un precandidato a gobernador como Fernando Torres Graciano.

En el segundo se apresta a volver por sus fueros un Juan Carlos Romero Hicks que quiera recuperar una hegemonía caciquil sobre la institución, de la mano del rector de campus Luis Felipe Guerrero Agripino y en estrecha alianza con Luis Alberto Villarreal, otros prospecto para la gubernatura.

Por si algo faltara, ya se desgrana el proyecto de Carlos Medina Plascencia, exgobernador interino que aún puede aspirar a un mandato constitucional que podría darle la anhelada plataforma para regresar al escenario nacional a partir de 2018 y retomar una vieja obsesión por la candidatura presidencial.

Como puede apreciarse, la renuncia de hacer política de Miguel Marquez lo único que produjo fueron inmensos vacíos que muchos se han encargado de llenar, como suele ocurrir. Las consecuencias serán de cuidado.

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