Arnoldo Cuellar

Marquez: viviendo en el pasado

In Botepronto, Zona Franca on diciembre 15, 2014 at 3:50 am

Miguel Márquez hizo surgir dos instituciones nuevas al inaugurarse como gobernador: el Instituto Estatal de Atención al Migrante Guanajuatense y sus Familias y el Instituto Guanajuatense para las personas con Discapacidad.

El año que está por concluir, ambas instituciones ejercieron presupuestos muy similares: 72 millones de pesos destinados al apoyo a migrantes y 68 millones de pesos en respaldo a los programas para atender la discapacidad.

¿Es mucho o es poco dinero?

Probablemente en ambos casos se requeriría de presupuestos mucho más sólidos para generar cambios efectivos, para poder construir políticas afirmativas que abrieran cauce a transformaciones sustanciales en la forma en que se han atendido hasta ahora dos aspectos d ella realidad social que hasta hace no mucho permanecían invisibles para el gobierno.

Sin embargo, si comparamos con otras “prioridades” que el gobierno de Guanajuato atiende con singular presteza, probablemente nos demos cuenta de que en la retórica utilizada para hacer sentir que hay un cambio de óptica en la política social, se quede solo en eso: en mera vocación declarativa.

Por ejemplo, cuando se observan los presupuestos destinados en los últimos años al Parque Guanajuato Bicentenario, un proyecto en el que el propio Marquez mostró su descreimiento desde que surgió como proyecto, pero al que se tuvo que disciplinar por espíritu de cuerpo en el gobierno de Oliva, se aquilata mejor el tamaño del “compromiso” con los migrantes y los discapacitados.

En los últimos cuatro años, de acuerdo a una afirmación del diputado priista Adrián Camacho, presidente de la Comisión de Turismo del Congreso Local, Parque Guanajuato Bicentenario ha recibido subsidios por alrededor de 270 millones de pesos.

Su presupuesto de 2014, similar al del próximo año, será equivalente a lo que gastan los dos institutos creados por Márquez: 70 millones de pesos, de los que alrededor de 20 millones se destinan a contratar exposiciones de dudoso valor artístico e histórico.

Por otra parte, recientemente se oficializó la entrega de una aportación de 16 millones de pesos a una de las asociaciones vinculadas a la Fundación Teletón, propiedad de Televisa, para apoyar la atención a niños con discapacidad en el CRIT de Irapuato.

El donativo representa prácticamente la cuarta parte de lo que recibe el Ingudis, institución creada para generar políticas públicas en materia de atención a la discapacidad.

Lo menos que pudo ocurrir es que el donativo se canalizara a través del Instituto creado por Márquez, pues de lo contrario se le debilita y margina frente a un monstruo privado que, además, está cuestionado en sus métodos de acercamiento al problema de la discapacidad, por abusar del melodrama y la piedad exhibicionista, al tiempo que se relega la cuestión de la integración.

En el caso del Instituto del Migrante, como se le conoce de forma abreviada, el director colocado por Miguel Marquez, el panista Luis Vargas, ha terminado por politizar la gestión del instituto, la cual está a punto de dejar para ir a buscar una diputación en Irapuato, pero no sin antes haber sembrado una gran discordia con líderes históricos de la comunidad migrante a los que quiso manejar a su antojo y, al no poder hacerlo, terminó relegándolos.

El Consejo de ese instituto fue integrado por migrantes guanajuatenses activos desde hace años en el trabajo de los clubes y asociaciones de guanajuatenses en los Estados Unidos y por funcionarios públicos, oficialmente los titulares de varias secretarías del gabinete.

Al final del día, los secretarios no asisten y la representación queda en manos de funcionarios menores que toman decisiones burocráticas y marginan del debate a quienes originalmente iban a ser los orientadores del trabajo del organismo.

En ambos casos, los de los dos Institutos de marcada vocación social que nacieron de la mano de Miguel Marquez, no se nota ningún crecimiento a dos años de su instauración y si, en cambio, un notorio descuido de lo que deberían ser dos líneas centrales de actuación del actual gobierno.

En cambio, una institución desdeñada de origen por el mandatario y sospechosa de uno de los mayores dispendios del pasado sexenio, como lo es el Parque Bicentenario, navega con subsidios que no parecen ir a ninguna parte, de la mano de un trasnochado “proyecto cultural” que no dirige ningún órgano de cultura, sino la Secretaría de Turismo.

Parece ser un signo del gobierno de Miguel Marquez, que mucho tiene que ver con la definición de crisis: lo nuevo no acaba de nacer y lo viejo no termina de morir. Habrá que ver hasta cuando.

A %d blogueros les gusta esto: