Arnoldo Cuellar

El problema es Bárbara

In Botepronto, Zona Franca on noviembre 6, 2014 at 8:46 am

El Partido Revolucionario Institucional en sus más altas cúpulas se ha visto involucrado de tiempo completo para resolver la minicrisis que vive el proceso interno para elegir un candidato a la alcaldía de Léon.

En el camino han quedado los dirigentes locales, Santiago García, presidente; y José Huerta Aboytes, secretario general, totalmente vulnerados por su falta de representatividad real y su carácter de emisarios de grupos de poder locales.

Desfondados también, los delegados regional y local del PRI, Fernando Moreno Peña y Sergio Marcelino Bravo, solo han desinformado a las instancias nacionales de su partido, han actuado con desdén y prepotencia hacia sus aliados Verdes y Nueva Alianza y se han mostrado incapaces de establecer mesas de diálogo efectivas entre los actores interesados.

Sin embargo, justo es decir que conducir la negociación con la alcaldesa priista Bárbara Botello se ha convertido en una tarea de romanos no solo para los políticos locales, sino incluso para los nacionales.

Empoderada por sus buenas relaciones en México, innegables si se atiende a resultados en materia de recursos para obra pública, cargos de representación partidistas, derecho de picaporte en secretarías de estado, influencia en designación de delegados y hasta la conquista del comité estatal del PRI, Bárbara Botello rompió una de las reglas no escritas de la cultura priista: querer imponer sucesor.

Esa costumbre fue constantemente ignorada durante los doce años que el PRI fue oposición en el gobierno federal. Muchos gobernadores se empeñaron y lograron colocar a sus delfines, situación que explica en buena medida el deterioro de la gobernabilidad en el país y la reedición de cacicazgos.

Sin embargo, esa situación ha cambiado. El PRI presidencialista, aunque ya no tan omnipotente como antes de irse en el año 2000, regresó al poder. El nuevo dirigente nacional de ese partido, tiene el aval directo de Enrique Peña Nieto y ejerce una función de control político que va más allá de la representación partidista.

A esa nuevo orden político es al que está retando Botello con su empecinamiento, no en un candidato en particular, sino en ser factótum del proceso y amenazar, de no salir sus planes, con escamotear la estructura que ha construido en los últimos años con los recursos del municipio de León.

En Guanajuato no hay quien pare a una alcaldesa que presume de relaciones políticas, que tiene un carácter altivo y confrontador, que desatiende argumentaciones objetivas para imponer lo que terminan siendo caprichos y que dispone de los recursos que ofrece el municipio mas rico de Guanajuato.

Sin embargo, la alcaldesa de León, dueña de un capital político legítimo por el hecho de haber logrado un triunfo largamente anhelado por el priismo de Guanajuato, estará cometiendo una grave imprudencia si lleva al límite su capacidad de maniobra y se confronta con una estrategia política que la rebasa ampliamente en comprensión y en objetivos, y que tiene que ver con el diseño de Congreso para la segunda mitad del mandato de Enrique Peña Nieto.

En buena media, las variaciones tácticas que ha seguido el proceso interno de negociación y depuración para seleccionar a un candidato que no lo es solo del PRI, sino de la alianza PRI – PVEM – PANAL, han tenido que ver con lidiar y atemperar las reacciones de Botello, quien se convirtió en un obstáculo para cualquier estrategia ganadora por diversas causas.

En efecto, la pésima percepción de la imagen del gobierno priista – ecologista de León es un primer pasivo a afrontar; el segundo fue la decisión de Bárbara Botello de intervenir activamente en su propia sucesión; la tercera, una vez violentada esa regla no escrita, fue haber escogido un candidato perdedor en todos los sentidos.

Desmontar ese triple pasivo es lo que ha obligado al propio presidente nacional del PRI, César Camacho Quiroz, a tomar cartas en el asunto y recibir en sus oficinas a los prospectos que podrían encabezar una coalición si bien ya no ganadora, por lo menos competitiva en León.

Bárbara Botello ha puesto a chambear al dirigente nacional de su partido, en una reacción que muy probablemente no sea lo más favorable para sus objetivos. Ahora solo falta que le quiera llevar la contra o pensar que le puede ganar la partida, en una obnubilación que podría resultar fatal para el desenlace de su carrera política.

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