Arnoldo Cuellar

La descomposición de Silao

In Botepronto, Zona Franca on septiembre 26, 2014 at 3:56 am

La situación que vive hoy el municipio de Silao se antoja compleja y muy onerosa para sus habitantes. Al parecer la atención pública dispensada al caso de agresión en contra de las periodistas Karla Silva y Adriana Palacios no ha hecho otra cosa que arrojar luces sobre lo que hoy aparece como una descomposición pronunciada.

Silao ha cambiado mucho en los últimos años. De ser una comunidad eminentemente agrícola y comercial, ha pasado a convertirse en una poderosa urbe manufacturera, con decenas de miles de trabajadores que llegan todos los días a laborar a las sofisticadas empresas instaladas en sus múltiples fraccionamientos industriales, desde todo el estado.

El municipio es sede del Aeropuerto Intenacional de Guanajuato y cada día crece más su conurbación con municipios como León y Romita. Por si algo faltara, allí está un centro tradicional de peregrinaje nacional, como lo es el santuario de Cristo Rey, en el cerro del Cubilete. Y en los años recientes recibió una inversión cuantiosa para un espacio de conmemoración efímero, como lo fue la Expo Bicentenario, a la que hoy no se le encuentra destino.

A la par, la derrama económica de inversión extranjera y recursos públicos en infraestructura de primer mundo no se compagina con la precariedad de las zonas marginadas de la cabecera municipal y de muchas de sus comunidades rurales.

Silao, así, se tensa entre una modernidad impuesta desde fuera y un tradicionalismo que parece ajeno al progreso. Entre una riqueza portentosa en tecnología, logística y comunicaciones, contrastante con marginalidad creciente, crimen organizado y crisis de su clase política.

El municipio ha sido gobernado por el PAN y por el PRI, partidos que no han tenido la capacidad de proponer un plan viable de modernización que aproveche las extraordinarias circunstancias, envidiadas incluso por la urbe vecina, la ciudad de León.

Hoy vemos a Silao asolado por las mafias del tráfico de combustible, de la trata de personas y de la fabricación de drogas sintéticas. La violencia en la ciudad se ha incrementado y la inseguridad se encuentra en una espiral galopante, como lo atestiguan sus azorados ciudadanos.

En medio de todo este panorama que hoy se conoce mejor gracias al caso de Karla Silva y Adriana Palacios, nos hemos venido a enterar que la policía de Silao, desde sus más altos mandos, tiene comercio con personajes de historial delictivo, a los que, de probarse las acusaciones de la PGJE, no tuvieron empacho en encargarles tareas delictivas.

El mayor baldón de toda esta situación lo constituye la evidente autoinculpación reflejada en la fuga del director de seguridad pública. Nicasio Aguirre, señalado como el autor intelectual del atentado contra las dos periodistas, a través de la utilización de tres agresores con antecedentes delictivos y mediante el empleo de recursos humanos y logísticos de la propia dirección de policía.

Las evidencias de la eclosión de una grave crisis en la administración municipal, resaltan aún más el pasmo y la pasividad del alcalde Enrique Solís Arzola, quien tres semanas después de los hechos ni siquiera ha ordenado una investigación interna para saber qué pasó en su policía.

Ello hace pensar que no se investiga, bien porque ya se sabe lo que se encontrará; bien, porque no interesa hacerlo.

La prolongación de las secuelas de este episodio por demás escándaloso, por tratarse de un atentado contra libertades ciudadanas presuntamente ideado por funcionarios públicos, hace que se agrave la situación de la actual administración de Silao.

Gobernar no es solo hacer obras y cortar listones, por más necesario que sea. Gobernar es, sobre todo, resolver crisis, espontáneas, provocadas o autoprovocadas. En la medida que Solís Arzola no sabe, no quiere saber o no se atreve a saber lo que provocó la desestabilización de su gobierno, muestra que ya nada tiene qué hacer al frente de la comuna.

Más allá de si el munícipe tiene que ver o no en el ataque; más allá de cuanto le toca de responsabilidad por una degeneración que empezó desde pasadas administraciones, lo cierto es que el edil priista no quiso enfrentar la situación de deterioro antes de la actual crisis. Y, en delante, ya no podrá hacerlo, sumido como esta en una profunda quiebra de credibilidad.

Sin embargo, el mayor peligro que sigue ahora es el del pasmo que provoca la falta de decisiones, no solo ya del alcalde y su ayuntamiento, sino de otros responsables políticos como el gobernador del Estado, los líderes de los partidos estatales y los responsables de la política interior a nivel federal.

Ante la falta de atención y de compromiso de estos actores, una comunidad importante para Guanajuato, estratégica para su economía y su movilidad, puede ver como empeora el deterioro que inició hace tiempo y donde el desorbitado ataque a dos periodiostas inermes, como podemos verlo hoy,  no fue sino otro síntoma, quizá el más grave,  de una acelerada descomposición.

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