Arnoldo Cuellar

León: la diferencia la harán los errores, no los aciertos

In Botepronto, sinembargo.mx, Zona Franca on septiembre 24, 2014 at 3:49 am

Todo indica que la maniobra no funcionó. La preselección de cinco precandidatos panistas a la alcaldía de León, de los cuales surgiría un candidato de unidad en base a un proceso de medición de atributos y de penetración entre el electorado, un aparente “método científico” está derivando a una peligrosa guerra subterránea que puede dejar a este partido más debilitado y dividido que sus tradicionales elecciones a navaja limpia en asambleas de militantes.

La falta de reglas del juego en el proceso que debería llevar a seleccionar “a la mejor carta”, como querían el gobernador panista Miguel Márquez y el dirigente estatal del partido Gerardo Trujillo, ya condujo a una guerra de propaganda no regulada que pobló la ciudad de espectaculares con la imagen de algunos de los aspirantes, sin que se conozca ni el monto de lo erogado, ni el origen de los recursos.

Ahora, el alargamiento de un proceso que inició casi un año antes de las elecciones y la percepción de que algunos de los aspirantes podrían estar “adelantando” al resto, ha llevado a una guerra sucia de ataques personales, a la que se han prestado gustosos los resabios de la vieja ultraderecha yunquista, que aunque disminuida, aún es capaz de recurrir al manual de las truculencias.

Así, aprovechando el hecho descontextualizado de que el titular de la Secretaría de Desarrollo Social y Humano, Éctor Jaime Ramírez, aparentemente el precandidato más cercano al gobernador, ha contratado los servicios de capacitación de activistas en defensa de los derechos de las mujeres, como Julia Pérez Cervera y Marta Lamas a las que los grupos yunquistas de Guanajuato califican como “proabortistas”, se ha desatado una campaña contra el funcionario al que le han endilgado el mismo calificativo.

Estos radicales de derecha dentro del PAN están apostando a que un “liberal” no puede ser candidato de ese partido, con lo que de paso dan al traste con la estrategia de elegir a un prospecto por razones objetivas, pues en este caso el veto viene simplemente por razones ideológicas.

Sin embargo, más allá de que las pedestres estrategias de esta fracción panista, la cual parece estar sirviendo solo a una lucha entre grupos a los que la cuestión ideológica dejó de importarles hace mucho, pero que están dispuestos a utilizarla como táctica de golpeo, lo que salta a la vista es la pérdida de control del proceso por parte de los aprendices de brujo que están resultando el gobernador y su dirigente partidista.

En la cruda confrontación para ganar una candidatura “de unidad”, cuyo pretexto original fue que el PAN no podía darse el lujo de dividirse ahora que se ha convertido en oposición en León, su cuna histórica, y que debe buscar una recuperación que de no lograr los pondría en la antesala de perder la gubernatura que ejercen desde hace 23 años, los liderazgo de este partido están mostrando una miopía extraordinaria.

No obstante su derrota de 2012 ante el PRI y el hecho de que este partido ha utilizado, tal y como lo hicieron antes los panistas, las estructuras del gobierno para construir una maquinaria electoral, los panistas parecen creer que la baja popularidad de la alcaldesa Bárbara Botello, que apenas supera el 4 de calificación en las encuestas más recientes, les entregará en bandeja de plata la ciudad.

Por eso, quizás, han vuelto a la vieja política solipsismo de pensar que la batalla por la alcaldía no se dará en la elección constitucional, sino en la interna panista, tal y como ocurrió en el último cuarto de siglo.

El PAN de Guanajuato parece haber agotado el impulso vital que lo llevó no sólo a conquistar de forma casi absoluta esta entidad, sino a saltar desde aquí a la obtención de la presidencia de la República, para dar paso a una competencia intestina, feudal, donde más que derrotar al enemigo común lo que importa es vencer al rival de casa.

No en balde, quien aparece en el horizonte como el único candidato de una posible alianza entre el PRI y el PVEM que pudiera reparar el desastre provocado por la alcaldesa Botello y mantener el gobierno de la principal urbe de Guanajuato, es un político de origen panista: el exsecretario de Salud y de Educación con Felipe Calderón, José Ángel Cordova Villalobos.

La verdadera tragedia para los ciudadanos de León y para los de Guanajuato también, es que ninguna de las fuerzas políticas que buscan gobernarlos en este momento, depende de sus propios aciertos, sino que la suerte de todos ellos depende de los errores de sus adversarios. Es el triunfo de la antipolítica… mientras dure.

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