Arnoldo Cuellar

Contra la violencia

In Botepronto, Zona Franca on septiembre 5, 2014 at 12:08 am

Con respeto, para Karla Silva, en esta hora difícil.

El ataque artero a una periodista del diario El Heraldo de León, ocurrido en la ciudad de Silao, resulta absolutamente inadmisible y debe dar lugar a un movimiento unánime de rechazo a la violencia contra los trabajadores de la prensa y contra cualquier persona en general.

Un periodista puede incomodar a los poderosos. En un país como México y en un estado como Guanajuato eso es casi normal, dado el alto nivel de ineficacia, de frivolidad y  de corrupción de muchas de las autoridades electas.

Cuando las cosas no van bien, y aquí no van, incomodar es el trabajo de la prensa. Incluso a pesar de que muchos espacios periodísticos sustituir la tarea de comunicar y opinar con la reseña de boletines y la galería de actividades de relumbrón de los políticos.

El crecimiento de la pobreza, el fracaso de la política social, la baja calidad de la obra pública, la ausencia de planes de gobierno, la falta de transparencia, los arreglos bajo cuerda de proveedores y funcionarios, la propaganda falaz, el amiguismo, el compadrazgo, el nepotismo, todos esos y otros muchos vicios de la vida pública mexicana hacen más necesario que nunca el ejercicio del periodismo crítico como una necesidad vital de contrapesos, ante la quiebra sistémica de los equilibrios institucionales, como ocurre con la división de poderes y el sistema de partidos.

Por ello, la defensa de los periodiostas debe ser parte de la tarea de una sociedad democrática: defensa de su derecho a informar y de su integridad física. Lo cual no excluye, a la vez, la exigencia de mayor profesionalismo, de rigor, de transparencia de la misma tarea periodística.

La agresión a Karla Janeth Silva, es condenable en sí misma. Pero antes que señalar culpables, debemos exigir a las autoridades una investigación expedita y eficaz. La impunidad sería la peor señal.

Ni Miguel Márquez, gobernador del Estado, ni Benjamín Arzola, alcalde de Silao, pueden dormir tranquilos sabiendo que bajo sus administraciones se agrede a un periodista, eso habría que esperar de gobernantes demócratas.

No es que los periodistas merezcan una atención especial o que la violencia en su contra haga desmerecer la que sufren otros muchos ciudadanos. Es solo que en el caso de un comunicador la agresión no es personal, es social: se ataca el derecho a recibir información de la sociedad, se lanza un mensaje de amedrentamiento al gremio en su conjunto y se establece una ominosa amenaza a las libertades básicas que garantizan la convivencia.

Es momento de que actúen las instituciones con rapidez, señaladamente las procuradurías de Derechos Humanos y de Justicia. El ataque a la periodista de El Heraldo, no tiene precedentes cercanos. No debe, tampoco, convertirse en el inicio de una nueva y perversa dinámica que enrarezca nuestra convivencia más de lo que ya lo hacen fenómenos como la inseguridad pública o la falta de transparencia gubernamental.

Será bueno escuchar al respecto el compromiso de los responsables políticos del estado y del municipio, pero también la solidaridad del gremio, más allá de casas editoriales y competencias comerciales.

Desde aquí, vaya un abrazo solidario para Karla y el deseo de pronto recuperación. Pero, sobre todo, la exigencia de que esto que le pasó no vuelva a ocurrirle a nadie nunca más.

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