Arnoldo Cuellar

El PAN en León: la madre de todas las batallas

In Botepronto, Zona Franca on junio 2, 2014 at 3:39 am

El desastre político en el que se ha convertido la administración priista de Bárbara Botello, cuya primera resultante será la absoluta imposibilidad de que ese partido logre retener el municipio, esta convirtiendo la selección de la candidatura panista en una sorda batalla de intereses políticos y económicos.

El tema que surgió cuado el panismo todavía se encontraba pasmado por la derrota de Miguel Salim, de consensuar una candidatura de unidad para evitar la división interna e ir con plenas posibilidades a la próxima contienda, ha quedado atrás ante la certeza de que el derrumbe electoral priista es tan profundo que ni la candidatura de alguien como José Ángel Córdova lo podría contrarrestar.

Hoy los panistas escuchan, sienten y ven que cualquiera de ellos podría sacar adelante a su partido, lo que vuelve a encarecer las expectativas de los diferentes postulantes.

Esa nueva circunstancia vuelve inviable presencias como la del mítico sindicato de exalcaldes, que quería cobrar protagonismo cuando se trataba de evitar la división, proponiéndose como árbitro, a la vez que buscaban cuidar sus intereses.

Por lo mismo, también reduce las posibilidades de que se produzca una intervención decisiva por parte del gobernador Miguel Márquez para pretender un dedazo flagrante.

En cambio, de nueva cuenta cobran importancia los militantes panistas de base, que acaban de participar en la elección abierta de su dirigente nacional, por primera vez en su historia.

En ese sentido, los dos grupos que han polarizado históricamente a la militancia leonesa siguen vigentes. Por una parte la disidencia del grupo hegemónico estatal, que en León se ha llevado varias veces el triunfo, y que actualmente es liderada por Mayra Enríquez. Por otra parte, el oficialismo – olivismo, del que se apropió Miguel Ángel Salim en los últimos años.

Sin embargo, en ambos casos se han producido erosiones y se ha dado el surgimiento de nuevos liderazgos que si bien no alcanzan a competir con aquellos, tampoco pueden ser descartados.

Esta vez la batalla se plantea de manera distinta.

De una parte se agrupan quienes ven en la candidatura de unidad una posibilidad de sacar adelante sus intereses, dándola la vuelta a las inciertas decisiones de la militancia. En esta línea confluyen liderazgos panistas, grupos empresariales y hasta medios de comunicación.

Los partidarios de este proyecto buscan un candidato que logre salir adelante apoyado en una parte del PAN, pero que también se ponga al servicio de poderes fácticos.

El candidato que se vislumbra en esta alianza es Humberto Andrade Quezada, el exsenador que se alejó del activismo partidista después de su tropiezo como aspirante a una diputación plurinominal y a la coordinación de la bancada panista, en el 2012. El mismo que ahora parece estar esperando que vayan a ofrecerla candidatura de unidad en bandeja de plata.

Se dice entre los líderes de una corriente panistas, donde se encontraría Miguel Salim, que Andrade sería el único candidato “al que no vetaría el A. M.”, convirtiendo así a ese medio en el gran elector de ese partido.

Llama la atención que el periódico en cuestión, que llevó adelante la ardua tarea de documentar la corrupción olivista en un volumen que circula en forma electrónica, no haya mencionado ni por equivocación a Miguel Salim, el exfuncionario olivista que recibió la mayor sanción por parte de la tibia inquisidora que es Isabel Tinoco Torres, Secretaria de la Transparencia de Miguel Márquez: dos años de inhabilitación.

Todo indica que a cambio del manejo de su ascendiente entre los panistas, que sin duda conserva, Salim ha obtenido una amnistía personal del diario que se ha especializado en denunciar la corrupción del panismo.

Andrade tampoco le disgusta a otros grupos de interés, como los de todos aquellos que han realizado pingües negocios con la alcaldesa Bárbara Botello y que la han tenido sentada en sus mesas cada vez que la han llamado.

La conspiración de intereses en torno a Andrade Quezada incluso podría incluir a emisarios empresariales que le aseguren a Bárbara Botello que su gestión no sería investigada, a cambio de consentir en una transición pactada: el cambio tranquilo, pero en sentido contrario.

Sin embargo, para que todo eso ocurra, hace falta que se pase por alto a la militancia panista y se construya la candidatura de unidad, un proyecto que no parece disgustarle tampoco al gobernador Miguel Márquez y que probablemente fue la moneda de cambio del grupo encabezado por Fernando Torres Graciano, para aceptar la ampliación del periodo de Gerardo Trujillo al frente del PAN estatal.

Enfrente de esa posibilidad se encuentran varios aspirantes que ya realizan contactos entre sí para unirse en torno al rechazo a una candidatura de unidad: Mayra Enríquez, Diego Sinhué Rodríguez y Guadalupe Vera. Todos ellos tienen influencia sobre sectores importantes de la militancia, todos han sido testigos de cómo Humberto Andrade ha escalado cargos políticos con el mínimo esfuerzo, varios de ellos le han ayudado en el pasado.

En medio de este panorama, queda claro que la debacle priista en León no le facilitará las cosas al PAN, sino todo lo contrario. Que lo que está en juego no es solo la recuperación política del municipio para el partido que lo gobernó un cuarto de siglo y que lo hizo su emblema, sino más allá de eso, la recuperación del PAN como partido autónomo de los intereses de grupos de presión locales, tal y como lo hicieron cuando asaltaron el poder en la última década del siglo pasado.

Mientras el PAN se desdibuja a nivel nacional y se convierte en un satélite del nuevo sol priista, en Guanajuato, estado donde Gustavo Madero perdió la elección, el PAN tiene la oportunidad de reconstruirse como el partido autónomo que equilibró al sistema político aún en los tiempos del peor autoritarismo priista.

Pero para eso, haría falta no sucumbir al oportunismo y al servilismo político que ya se inocula entre algunos de sus militantes más conspicuos.

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