Arnoldo Cuellar

León, a merced de la codicia y la desmesura

In Botepronto, Zona Franca on abril 3, 2014 at 3:42 am

En tres eventos realizados en los últimos cuatro meses, la alcaldesa priista de León, Bárbara Botello Santibáñez, ha complicado extraordinariamente la viabilidad futura de ese municipio.

En diciembre, la aprobación del Congreso para un crédito por 540 millones de pesos elevó la deuda de largo plazo de la ciudad a mil 400 millones de pesos. Ninguna de las obras contempladas ha iniciado a la fecha.

En enero, un acuerdo del ayuntamiento autorizó un paquete de obras para subsidiar a un parque industrial que carecía de viabilidad financiera por sí solo. Aunque la cantidad sigue sin definirse, rondaría los 300 millones de pesos, esos sí exigibles en el mediano plazo.

Ahora, en marzo, se ha decidido comprometer las participaciones federales destinadas al servicio de limpia por un periodo de 20 años, concentrando el beneficio en pocas empresas foráneas, quizá solo una, que podrán convertir en rehén al municipio en el futuro, de forma mucho más grave que lo que se ha visto hasta ahora con los recolectores locales.

Todas estas son decisiones estratégicas que nunca fueron debatidas socialmente, por lo menos no en sus particularidades y en sus consecuencias. Al viejo estilo del PRI autoritario, en el León de Bárbara Botello solo truenan los chicharrones de la alcaldesa y quienes se oponen a sus designios deben ser combatidos como enemigos públicos.

Allí está por ejemplo el caso de los recolectores de basura, a quienes se fustiga cientos de veces al día en spots radiofónicos y desplegados periodísticos. Se utiliza dinero público para denostar a ciudadanos, algo difícilmente visto antes.  No se entiende que si se les consideraba tan nefastos se les haya rogado hasta el último momento para que prorrogaran sus contrato con el Sistema de Aseo Público.

Así, tomando decisiones apresuradas, detrás de las cuales solo parece latir la ambición de hacer negocios con personeros privados; hipotecando el futuro de la ciudad; utilizando los recursos públicos para acallar a los medios de comunicación, y atacando a los ciudadanos con el poder que ellos mismos le confirieron, Botello está encaminando el gobierno de la ciudad al peor momento que se haya vivido en lustros.

Ella no parece percatarse de eso, por supuesto. Mientras las calles de la ciudad permanecían llenas de basura y los recolectores desplazados se manifestaban, la alcaldesa acudía a la ciudad de México a una reunión del organismo priista que preside, una federación de alcaldes que nunca ha sido relevante en la vida pública nacional, para atraer miradas con un posicionamiento carente de todo sentido: reclamar el pago de predial de las instalaciones federales ubicadas en territorio municipal.

Habría que recordarle a la alcaldesa que los municipios del país, ante su escasa eficacia recaudatoria y la inexistencia de impuestos locales, viven de las participaciones que les otorga el gobierno federal. De privar la lógica que plantean estos despistados alcaldes tricolores, lo más seguro es que lo que el gobierno pagara de contribuciones desaparecería de los subsidios federales.

Pero no sólo eso. La desigualdad sería la marca de un esquema de esa naturaleza, pues mientras algunos municipios son sedes de grandes instalaciones federales, hay quienes no tienen ninguna.

Eso qué importa, sin embargo. La alcaldesa de León ama los reflectores y si estos son nacionales, qué mejor. La basura de León no alcanzaba a empañar los agradables aromas y vistas del lujoso hotel donde Bárbara vivía sus momentos de ensueño ante los micrófonos de los medios.

Lo notable es que la alcaldesa que recuperó León después de 24 años de gobiernos panistas, con este partido virtualmente desaparecido en el escenario local y con un gobierno estatal, el de Miguel Márquez, que ha evitado cuidadosamente cualquier hostigamiento, esté naufragando con niveles de popularidad absolutamente colapsados.

Queda claro que el arma secreta contra Bárbara Botello… es Bárbara Botello.

Aunque, desde luego, mucho ayudan en este desastre el equipo cercano de la presidenta y el entorno cómplice que la rodea, que siguen diciéndole sólo lo que ella quiere oír.

Lo lamentable es que la debacle no es de Bárbara. Es también, y quizá principalmente,  de la política, de las posibilidades de la alternancia, del futuro de la ciudad  y de las expectativas de sus habitantes.  Pero eso, a ella, tampoco le importa mucho.

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