Arnoldo Cuellar

Implan, el gran ausente en León

In Botepronto, Zona Franca on marzo 2, 2014 at 7:09 pm

Desde hace 18 años, el municipio de León ha sido el orgulloso promotor de un concepto de planeación urbana que abarca casi la totalidad de ámbitos del desarrollo municipal.

En ese lapso no han faltado batallas memorables para mantener en la medida de lo posible, un rumbo ordenado del crecimiento, por encima de las inercias negativas y de los fuertes intereses de grupos económicos en el municipio.

Todavía se recuerda, por ejemplo, la decisión de no permitir el cambio de uso de suelo en la zona sur de la ciudad, en la primera mitad de la década pasada, lo que hubiera implicado una costosa dotación de servicios a costa de los recursos municipales, sólo para beneficiar desarrollos privados.

El Implan, entonces presidido por Mario Plascencia Saldaña, logró hacer prevalecer criterios de racionalidad por encima de intereses políticos y económicos, mostrando una gran fortaleza como organismo ciudadano.

Hoy en día, con el regreso del PRI el poder en el municipio, resultaría de vital importancia mantener los criterios que han mantenido un crecimiento con ciertos mínimos de orden, pues una de las razones de ser de la planeación es la de hacer prevalecer criterios técnicos por encima de vaivenes políticos.

Si bien en las sucesiones entre panistas a menudo se dieron discrepancias tales que podrían haber sido peores que las de una alternancia entre partidos, esta vez el sistema de planeación está a prueba como nunca.

Al frente del Instituto Municipal de Planeación se encuentra un empresario cercano a la corriente panista de Ricardo Sheffield, quien lo impulsó al cargo de común acuerdo con la entonces alcaldesa electa, Bárbara Botello, cuando ambos políticos mantenían una relación cercana y fructífera políticamente para ambos.

Se trata de Ignacio Ramírez Sánchez, a quien en el ámbito político se le ubicó como el asesor más influyente de Ricardo Sheffield, un verdadero “poder tras el trono”, además de gestor de fondos para los proyectos políticos del ex alcalde.

Su designación ocurrió cuando aún no terminaba el último gobierno panista, peor fue convenientemente aceptado por la hoy alcaldesa priista, como parte de acuerdos que muchos ubicamos en un carácter más amplio, originados incluso durante las campañas políticas del 2012.

Sin embargo, a la vuelta de los meses las relaciones entre la alcaldesa Bárbara Botello y su antecesor no sólo se enfriaron, sino que llegaron a un abierto nivel de conflicto. Necesitada de justificaciones frente al lento avance de sus proyectos y sus escasos resultados, Botello empezó a culpar a Sheffield y a las administraciones panistas en general, de todos sus males, lo que de inmediato fue respondido por el explosivo ex munícipe.

Quizás esa es la situación que mantiene a Ignacio Ramírez en un pasmo que resulta muy poco. saludable para la ciudad. Por ejemplo, el Implan no tuvo prácticamente voz cuando se debatieron las circunstancias y los destinos del crédito solicitado a fines del año pasado ante el Congreso local.

Hubiese sido muy sano que el organismo encargado de la planeación, a través de su consejo directivo con importantes presencias ciudadanas, avalara los proyectos que la administración trató de defender ante la oposición de los diputados panistas. Sin embargo, no ocurrió.

Hoy tampoco se ve a Ramírez Sánchez y sus consejeros opinando sobre la considerable inversión que el municipio destinará a viabilizar el parque industrial Colinas de León, en la colonia Jacinto López.

El fortalecimiento de polígonos industriales es una de las líneas de acción del Rumbo Económico, que plantea el Implan en su programa, contemplando el acercamiento de los mismos a centros de población a fin de eliminar los desplazamientos urbanos.

En la estrategia general, la decisión de construir este polígono parece impecable. Lo que el plan ya no contempla, pero sí debería hacerlo una estrategia económicamente racional, sería el límite de los costos que el gobierno debe invertir para hacer una realidad el objetivo planteado. Todo se puede, desde luego, pero siempre debe haber un análisis de costos y beneficios.

En el caso del parque Las Colinas, resulta más que razonable pensar en la edificación de un paso a desnivel sobre la carretera de cuota León – Aguascalientes, tanto para el tráfico pesado que requiere una polígono industrial, como para el acceso del personal. Se trata, además, de un acceso que beneficia de manera directa al parque industrial.

No pasa lo mismo con los bulevares Las Joyas y Calcopirita, justificados como las vías de acceso a los trabajadores provenientes de las colonias populares de la zona, los cuales requerirán de elevadas inversiones por las dificultades topográficas de la zona, que implican salvar grandes desniveles y el vado de la Cañada de Venaderos.

A un costo que podría rondar los 150 millones de pesos, en cálculos preliminares, ambas vías podrían estar ampliamente subutilizadas durante muchos años, en tanto que la zona de alta densidad de Las Joyas seguiría padeciendo los embotellamientos en el inconcluso bulevar Aristóteles.

Nada garantiza que os empleos que en el mediano plazo generaría el parque fueran para habitantes de las colonias de la zona, en tanto que la mayoría de ellos ya se mueven a otras zonas d ela ciudad y emplean vías que son absolutamente insuficientes.

Por otra parte, genera una gran duda sobre la pulcritud de las decisiones que se están tomando, el hecho de que el inversionista inmobiliario de Las Joyas, Oscar Flores, se vea beneficiado con la infraestructura mencionada en terrenos que podrían alcanzar otras 500 hectáreas adicionales, sin contribuir con un peso no obstante la alta plusvalía que recibirá, además de que, incluso, se planea liquidarle las afectaciones.

En torno a todos estos temas sería muy sano escuchar los planteamientos del consejo de Implan y de su presidente, Ignacio Ramírez Sánchez, quien permanece en un mutismo que dista mucho de la presencia que tuvieron muchos de sus antecesores.

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