Arnoldo Cuellar

Guanajuato, la Detroit de por acá

In Botepronto, sinembargo.mx, Zona Franca on febrero 27, 2014 at 3:30 am

El quinto gobernador panista de Guanajuato, Miguel Márquez Márquez, presentará su segundo informe de gobierno en una semana.

Cuando Márquez concluya su sexenio, en 2018, el Partido Acción Nacional, sumido en estos días en la que quizás sea la crisis más profunda de su historia, habrá gobernado a los guanajuatenses por 27 años consecutivos.

Prácticamente, dos nuevas generaciones de guanajuatenses no han tenido contacto con el PRI en el gobierno estatal. En León, este partido regresó al poder en 2012, después de 24 años de gobiernos blanquiazules.

¿Qué ha cambiado en este largo ciclo en la entidad? Sin duda mucho, pero también muy poco.

Los gobiernos panistas han apostado muy fuerte a la industrialización del estado, habiendo sido altamente exitosos en conformar un núcleo manufacturero automotriz que es líder en México. Para ello, invirtieron cantidades ingentes de presupuesto público en respaldo a empresas como General Motors, Volkswagen, Pirelli, Mazda y Honda, junto con una amplia lista de plantas de su cadena de proveedores.

Terrenos, accesos carreteros, pasos a desnivel, espuelas ferroviarias, pozos y acometidas de alta tensión, entre otros apoyos, corrieron a cargo del erario guanajuatense. Capacitación a empleados mediante becas, exenciones fiscales y facilidades de todo tipo lograron el cometido de atraer las empresas a Guanajuato en detrimento de otras entidades.

Esta línea, arrancó en el último gobierno priista, encabezado por Rafael Corrales Ayala, momento en que iniciaron las negociaciones para atraer a General Motors, que reubicó su planta de la ciudad de México. Sin embargo, los panistas la convirtieron en su política económica central y, a la vuelta de los años, cambiaron la vocación del estado.

Por supuesto, como ocurre cuando se privilegian acciones sin un ánimo integrador, el éxito del gobierno estatal de Guanajuato en su asociación con las grandes marcas de la industria automotriz no ha redundado en un impacto central en la mejoría de las condiciones de vida de la población estatal.

En primer lugar, las grandes inversiones públicas y privadas que se inyectan en plantas altamente automatizadas no redundan necesariamente en un impacto al desempleo. La cantidad de puestos de trabajo creados es inferior a la que producen las microempresas y pequeñas empresas, que distan mucho de gozar de las condiciones favorables y de los subsidios que se destinan a las grandes armadoras automotrices y sus proveedores.

De esos empleos, los mejor pagados no son, precisamente, para trabajadores locales. Los puestos de técnicos superiores universitarios e incluso de ingenieros, gozan de salarios que no se distinguen mucho de los de otras empresas con menor sofisticación.

Por otra parte, la abundancia de mano de obra calificada, gracias a la creación de universidades y tecnológicos del sector público estatal, lo que constituye otro subsidio para estas empresas, impacta en la baja consideración de los salarios al crear un vasto ejército de reserva.

Por si algo faltara en este panorama, los gobernantes panistas han tenido de su lado otro factor de convencimiento para la atracción de empresas: la ductilidad de los sindicatos cetemistas de la entidad, que se han convertid en la otra pinza de una mancuerna perfecta.

La priista CTM de Guanajuato ha crecido y prosperado en amplio contraste con la suerte que ha corrido esta central obrera histórica en otras partes del país. Lo ha hecho de la mano de la política de promoción industrial panista, gracias a su plena disponibilidad para acomodar sus políticas sindicales a las exigencias de los emporios automotrices que se instalan en la entidad.

Desde luego, para todos los efectos, la política de atracción de empresas globales en Guanajuato sólo puede ser catalogada como un éxito, más allá de que no sea perfecta, lo que sin duda es complicado de exigir.

Lo que si puede plantearse como una enorme omisión de los gobiernos panistas es la falta de una política de promoción industrial igual de agresiva para la defensa de  industrias tradicionales de la entidad, como la cadena cuero -calzado y los textiles, que padecen la agresividad de las importaciones desde países que conservan esquemas proteccionistas, como los tigres del Pacífico, incluyendo la inmensa China; y Brasil, en el caso del continente americano.

La consecuencia es que por cada gran empresa que se abre con inversiones de cientos de millones de dólares, para crear mil o dos mil empleos, se cierran centenares de pequeños talleres que arrojan a la calle varias veces esa cifra de trabajadores.

Esta disparidad asomó durante la campaña del actual gobernador, Miguel Márquez, cuando se do una amplia rebelión de empresarios locales en demanda de políticas de apoyo como las que han consistentemente se han aplicado para atraer a la gran industria.

En su momento, las asociaciones y cámaras de Guanajuato lograron modificar el discurso del candidato panista, quien ofreció una conversión de la política de promoción industrial, orientada a las microempresas y la pequeña y mediana empresa.

Pesaba en esa decisión la enorme cantidad de compromisos que el gobierno saliente de Juan Manuel Oliva le heredaba a su sucesor, donde las obras de respaldo a las plantas industriales de Honda y Mazda, prácticamente dejaron al nuevo gobierno sin margen de maniobra para la obra pública del 2013.

Esa situación, sin embargo, ha cambiado. En lo que va del gobierno de Márquez sus mayores logros como gobierno, los mejores espacios en medios y su posicionamiento, se ha derivado, precisamente, de las noticias relacionadas con la apertura de estas inmensas inversiones trasnacionales.

La fotografía de Enrique Peña Nieto y Miguel Márquez con el CEO de Honda Takanobu Ito, viendo extasiados al robot Asimo, no tuvo precio para un mandatario estatal que no ha logrado posicionar muchos temas fuera de las fronteras estatales, más allá de los escándalos por el rancio conservadurismo panista.

Márquez ya hizo su primera gira mundial, a Japón, precisamente, en busca de más empresas a las cuales atraer, pero también subsidiar. En estos momentos se pelea encarnizadamente por ganar la decisión de BMW para una nueva armadora en México.

Cómo se ve, la industria local, la que verdaderamente mantiene el empleo precario de la entidad, deberá esperar nuevas promesas en la próxima campaña, mientras Guanajuato se convierte, a un costo altísimo, en la Detroit “de por acá”, como decía Ibargüengoitia.

  1. Apreciable Señor:

    Estoy totalmente de acuerdo con lo que usted pública, actualmente desarrollo una investigación sobre el impacto social de sistemas tecnológicos en Guanajuato (como el clúster automótriz); la misma investigación es de poca relevancia para algunas de las autoridades universitarias pero me es grato encontrar un colega de Valenciana que vea las cosas de manera clara.
    Lo invito a seguir el blog de ISITEC.wordpress para conocer más de esta propuesta.
    Saludos cordiales:
    Dr. Miguel Ángel Hernández Briseño

  2. Reblogueó esto en ISITEC.

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