Arnoldo Cuellar

El INAH y la carretera: faltan explicaciones

In Botepronto, Zona Franca on agosto 30, 2013 at 3:53 am

Si hay algo que deje en claro la existencia de una posible irregularidad en el trazo de la carretera Silao – San Miguel de Allende, donde la polémica por la afectación de zonas consideradas sagradas por la etnia otomíe escala cada vez más, es la contratación de la ex directora del Centro INAH, Guillermina Gutiérrez Lara, como funcionaria del gobierno del estado.

El trazo realizado por los técnicos partió de la base de que el órganos especializado, en este caso el INAH, validó la inexistencia de afectaciones en esa zona.

¿Realizó Guillermina Gutiérrez algún tipo de estudio de campo, del cuál existan testimonios? ¿O fue unicamente una aprobación desde el escritorio?

Por lo pronto, los especialistas del INAH expertos en la región, como Gabriela Zepeda y Luis Felipe Nieto, han manifestado una oposición abierta y militante al trazo que autorizara su exjefa. Si su opinión fue consultada y despues desechada por razones políticas; o si ni siquiera se les solicitó, en ambos casos resulta preocupante.

Pero más lo es el hecho de que luego de haber otorgado una autorización fast track, la responsable haya sido contratada en un puesto creado especialmente: coordinadora de vinculación con zonas arqueológicas.

En estos momentos, se está poniendo en duda, precisamente, la competencia profesional de Guillermina Gutiérrez. Quedará totalmente desacreditada si, por ejemplo, el INAH revierte la primera autorización y sugiere cambiar el trazo de la carretera.

¿Cómo va a llevar a cabo la flamante funcionaria estatal su tarea de vinculación, que es principalmente con el INAH, si queda en entredicho no sólo su calidad académica, sino incluso su honorabilidad?

La gran interrogante que subsistira es si el puesto estatal, una dirección de 45 mil pesos de salario mensual, fue una especie de contraprestación por facilitar los requisitos para la obra gestionada por el estado y respaldada por la federación, el sexenio pasado.

De no ser así, el mejor consejo que se le podría dar tanto al gobernador Miguel Márquez como al director de Cultura, Juan Alcocer, es el de no hacer cosas buenas que parezcan malas.

En lo que hace al INAH, también deberá quedar esclarecido el hecho, hasta ahora inexplicado, de que haya necesidad de emitir un segundo dictamen. Una institución que goza de un prestigio académico y científico intachable no puede hacer menos.

Estamos a la espera de respuestas.

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