Arnoldo Cuellar

Márquez y Romo: pinchar en hueso

In Botepronto, Zona Franca on mayo 13, 2013 at 3:04 am

No pienso entrar en la polémica acerca de los beneficios y los perjuicios de las corridas de toros y la industria que se mueve en torno a ellas. Sin embargo, sí creo que la alianza coyuntural tejida entre el gobernador Miguel Márquez y el diputado priista Guillermo Romo, para intentar salvaguardar esta actividad, resultó en una pésima faena.

He llegado a disfrutar la Fiesta Brava, sin ser un conocedor ni un apasionado. También entiendo perfectamente la racionalidad de quienes se oponen al sufrimiento animal por espectáculo o placer de un público.

En su momento creí firmemente que era un exceso del PVEM tratar de prohibir desde la norma esta actividad en Guanajuato, que de por sí parece estar muriendo de muerte natural.

Hay muchas cosas de mayor urgencia para legislar que la persecución de una actividad que ciertamente tiene mucho de tradición; que representa un rubro económico significativo, aunque menor; y que dispone de argumentos sólidos y defensores inteligentes en su favor, aunque no sean los más.

Las cosas parecían ir dentro de un cauce. La fuerza del PVEM es insuficiente dentro del Congreso, sus aliados priistas no comulgaban con su agenda y el PAN parecía más ocupado en tratar de organizar el caos de arranque de su nuevo gobierno.

Sin embargo, la ruta natural para que la iniciativa verde fuese desechada, se topó con un obstáculo: la presencia de un diputado priista sin trayectoria política previa, vinculado al mundillo de los espectáculos musicales y taurinos y, sobre todo, carente del sentido del ridículo: Guillermo Romo Méndez.

Este legislador, que llegó a candidato por un rebote al rechazar ese lugar, como consolación, el pretendiente a la alcaldía Alejandro Vargas Martín del Campo, se vio beneficiado por el alza de votos priistas y el castigo al panismo que trajo consigo la coyuntura de julio de 2012, logrando la hazaña de ganar un distrito en León.

La iniciativa antitaurina reveló el protagonismo de Romo quien pareció encontrar por fin un tema afín en el árido mundo de cuentas públicas y decretos legislativos al que se enfrentó en el primer periodo de sesiones.

Su vocación por el espectáculo lo llevó a la tribuna vestido a la usanza andaluza; también organizó entrevistas con matadores en los pasillos del Congreso. Fueron días intensos para el novel diputado.

Cuando la propuesta de ley para erradicar las corridas de toros fue rechazada en comisiones, probablemente Romo sintió que se le hundía el mundo bajo los pies. Sus relaciones en el PRI ya eran tensas, después de los regaños sufridos por sus heterodoxas participaciones.

La nueva coyuntura para que este personaje saltara a la palestra pública la dio un tema de mucho mayor seriedad que los boicots antitaurinos: la decisión del PRI, instruida desde sus cuarteles nacionales, de buscar un enjuiciamiento público y político del ex gobernador Juan Manuel Oliva, actualmente convertido en operador del PAN en algunas de las elecciones estatales que se desarrollan en el país.

El PAN se vio en aprietos como nunca antes para deshacerse de la presión priista. El hecho de que el Congreso se encuentre dividido entre los 18 legisladores del PAN y 18 opositores, supuso un quebradero de cabeza que incluso orilló a suspender una sesión por el expediente de reventar el quórum.

La comisión para investigar a Oliva no prosperó, sobre todo a causa de las labores de cabildeo político del propio ex mandatario que logró convenir con el PRD a nivel nacional y bajarlo de la alianza opositora en Guanajuato.

La circunstancia, sin embargo, produjo otra reacción: logró el acercamiento del diputado Guillermo Romo con el gobierno de Miguel Márquez, particularmente con el secretario de Gobierno, Antonio Salvador García.

La posibilidad de contar con un voto extra en futuras batallas legislativas, ante la precaria situación que vive el PAN, parece haber motivado una negociación de la que sólo se tienen informaciones a trasmano, pero puntualmente confirmadas por los hechos.

Romo y su cuadrilla se encargaron de difundir, desde hace varios días, que se había conseguido ya la aprobación del gobernador para declarar patrimonio cultural a la Fiesta Brava, como ha pasado en varias entidades.

El sábado el decreto salió a la luz. Justo a tiempo para que este domingo el diputado Guillermo Romo, convertido en empresario taurino, presidiera un festival en la Plaza de la Luz, dónde más, en León. Antes del inicio, resplandeciente, el héroe del momento para el mundo taurino de Guanajuato dio tres vueltas al ruedo en una calandria, como mandan los cánones.

Más allá de lo que pase con los toros como arte, negocio y cultura, algo que dependerá más de quienes tengan un interés en esa actividad, que de los caprichos de los políticos, lo que si ha quedado claro es que las decisiones políticas en Guanajuato parecen tomadas de un vodevil de muy pobre factura.

Por si algo faltara, este domingo el obispo de Celaya, Benjamín Castillo, un prelado que no se ha caracterizado ni por su tino ni por la profundidad de sus reflexiones, se lanzó literalmente al ruedo y reprochó a los defensores de los animales el que no se manifiesten en contra del aborto, confundiendo totalmente la gimnasia con la magnesia y sacando a colación un debate que nadie está planteando en Guanajuato en estos momentos.

Así, con un decreto producido al calor de una coyuntura política localizada, y en medio de una negociación política realizada en las cañerías, el gobernador de Guanajuato, Miguel Márquez Márquez, ha logrado algo que todo político sensato debería esforzarse en evitar: ahondar las diferencias en el seno de la comunidad a la que juró representar y servir sin distinciones, como si no hubiera ya suficientes problemas por atender.

No parece la mejor manera de defender “una tradición ancestral”. En cambio si parece una faena lamentable, en una tarde de esas para olvidar, en las que la arena queda sembrada de cojines.

arnoldocuellar@zonafranca.mx

@arnoldocuellaro

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