Arnoldo Cuellar

Éctor Jaime: to be or not to be

In Botepronto, Zona Franca on abril 23, 2013 at 3:23 am

El caso del secretario de Desarrollo Social es paradigmático de la forma de decidir las cosas en el gobierno de Miguel Márquez. Se trata, con mucho, de uno de los más competentes y eficaces colaboradores de esta administración, además de ser un cuadro que se jugó la sucesión completa con el hoy mandatario.

Por adscripción, proviene de la academia y es miembro conspicuo del grupo universitario, además de panista de última hora, Éctor Jaime Ramírez Barba podría haber sido ubicado fácilmente en la cuadra del doctor José Ángel Córdova, quien incluso lo cobijó temporalmente como secretario de Salud federal.

No fue así, desde hora muy temprana, Ramírez Barba apostó por Márquez y cuando se incorporó al gabinete fue de los pocos secretarios que decidieron sumarse a la precampaña abiertamente, pasando después a coordinar la campaña, gracias a sus virtudes ejecutivas en medio de un ejército de improvisados y de una cargada de panistas busca chambas.

Sin embargo, los obuses no se hicieron esperar, muchos de ellos propiciados por desplantes del propio Éctor Jaime, quien a menudo hace gala de tanta inteligencia como de soberbia intelectual.

Provenientes del flanco panista, pero también desde el entorno personal de Miguel Márquez, particularmente del todopoderoso compadre Rafael Barba, llovieron los embates que bajaron a Éctor Jaime de la Secretaría de Gobierno y lo acotaron a la de Desarrollo Social, donde puede hacer una labor relevante, pero donde le será más complicado brillar políticamente.

Sin embargo, el responsable de la política contra la pobreza aún puede realizar una labor importante, si le da marcaje personal a los priistas que se han colocado como los operadores de los programas federales de subsidios sociales: la irapuatense Claudia Navarrete  y el exalcalde capitalino Edgar Castro.

Si bien la escasez de recurso estatal hará muy difícil que sobresalgan los programas a cargo del ex secretario de Salud, el sólo hecho de que mantenga vigilados a sus homólogos federales en la entidad puede ser un apoyo invaluable para Márquez y su partido, a fin de evitar lo que ya se ve en otras latitudes: convertir el apoyo social en moneda de cambio electoral.

Otra cosa muy distinta será si, como rumoran muchos a sus espaldas, Éctor Jaime decide buscar una proyección electoral e interrumpir la misión que le encomendó el gobernador. En ese caso, estaría incurriendo en la misma falta de la que se acusa ahora a los priistas: aprovechar la política social como plataforma para intenciones políticas.

Por lo pronto y de manera muy rápida, el secretario de Desarrollo Social de Miguel Márquez se ha colocado en una posición en la que recibe fuego amigo y enemigo.

Rechazado en corto por muchos de sus compañeros de gabinete, que no ven con buenos ojos sus incursiones en las distintas áreas donde aparece de pronto como un sabelotodo, Éctor Jaime también deberá cuidarse de los priistas que lo observan como una amenaza para sus fines por su capacidad de trabajo y su visión analítica.

El gran dilema de Ramírez Barba, a todo esto, será el de mantener la cercanía, la confianza y la utilidad para un Miguel Márquez que parece cada día más agobiado por la desarticulación de su equipo, pero al mismo tiempo lograr acercarse a sus compañeros de equipo, superando la desconfianza y la rivalidad iniciales.

El secretario de Desarrollo social podría tener un papel protagónico y altamente eficiente en una administración que no acaba de encontrar su rumbo, simplemente trabajando más en los planos de las relaciones humanas y los compromisos políticos, aunque ello implique una labor de sacrificio.

Si eso no ocurre y si Ramírez Barba decide que su paso por este gobierno sólo es el camino para continuar tras las ambiciones que le dicta su acendrada autoestima, probablemente se convertirá en el principal factor de disfuncionalidad de un gobierno que de por sí hace agua por todos lados.

Desde luego, no todo está en un funcionario cuyo mayor defecto no puede ser su carácter de caballo brioso, sino que también una parte de la responsabilidad recae en quien lleva la rienda. Ya veremos si esta dupla se acompasa o si el corcel se desboca por la falta de mando.

arnoldocuellar@zonafranca.mx

@arnoldocuellaro

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