Arnoldo Cuellar

Márquez: un doble discurso que se derrumba

In Botepronto, Zona Franca on abril 22, 2013 at 3:58 am

Hemos insistido en que la apuesta por la transparencia y por hacer una administración honesta que se contraste con la del gobierno del que formó parte, precisamente como vigilante del gasto y el cumplimiento normativo, no ha sido más que una cortina de humo de parte de Miguel Márquez Márquez.

Cualquier persona, político o ciudadano que sea esencialmente honesto, que se apegue a un comportamiento ético, que rija su vida por un esquema de valores, no necesita andar por las calles con un cartel que proclame: “Soy honesto”.

Es más, el comportamiento ético y la existencia de valores no son sino el entramado básico de una conducta que regularmente persigue otras cosas: hacer bien su tarea, dar resultados, mejorar el entorno, ayudar a las personas.

Portarse bien como una finalidad en sí misma, regularmente es el cobijo de una conducta hipócrita. Son los famosos sepulcros blanqueados de que habla el Evangelio, lectura por cierto cara a Miguel Márquez, según él mismo lo ha confesado.

Con los valores que quiere postular Miguel Márquez hoy como gobernador, hubiese sido imposible que coexistiera como funcionario con Juan Manuel Oliva, menos aún, como el responsable de validar su comportamiento como servidor público.

Oliva ha tenido señalamientos públicos como muy pocos gobernantes en el pasado reciente. Sin embargo, queda claro que más que la deshonestidad en sí misma, su mayor problema fue el desorden con el que manejó la administración, el voluntarismo para llevar adelante proyectos que implicaban grandes inversiones y una enorme falta de control.

La construcción a marchas forzadas de una Expo Bicentenario que hoy se revela como una inversión desperdiciada; la compra de terrenos para pelear por la asignación de una refinería, más por razones políticas que estratégicas; la liberación de terrenos para un tren respecta al cual no se tenía ninguna certeza técnica y financiera, fueron grandes oportunidades para medrar por parte de funcionarios de todos los niveles.

Sin embargo, en todo ese desorden y en la abierta posibilidad de que se haya traficado con las decisiones políticas y  la inversión de cuantiosos recursos, estuvo presente como convidado de piedra el secretario de la Gestión Pública, que no era otro que Miguel Márquez Márquez.

Que se sepa, el hoy gobernador nunca alzó la voz para poner un alto en esos desmanes, más bien buscó apresurar su salida de ese cargo, para evitar complicaciones en su carrera política.

Quizá por eso el gobernador ha lanzado una campaña de distanciamiento verbal de su ex jefe y patrocinador político, mientras en la práctica no sólo contemporiza con él, sino que incluso se encuentra ya siguiendo su ejemplo.

En efecto, Miguel Márquez, al igual que Juan Manuel Oliva, se encuentra empujando proyectos de inversión cuantiosa, incluso muy superiores a los peores devaneos olivistas, sin someterlos a  ningún tipo de control.

Si Márquez de alguna manera padeció la incontinencia de su ex jefe y fue testigo de cómo en la aplicación de decisiones políticas marcadas por la urgencia y la prisa del gobernador, fue donde ocurrieron los mayores problemas de corrupción, no se entiende como él ahora sigue el mismo camino.

Tan sólo dos proyectos, pues el de Guanajuato Iluminado se tambalea por razones de tipo político, el de Escudo y la compra de medicamentos del Seguro Popular, importan el gasto de 6 mil 900 millones de pesos.

Es una cantidad muy por encima de los mil millones de pesos gastados en la compra de los terrenos de la refinería. O también de los mil 100 millones que se aplicaron a la compra del terreno y la construcción del parque Bicentenario, en Silao.

En el caso del proyecto Escudo las cosas parecen irremediables: para finalizar el 2012, apenas a tres meses de haber tomado posesión del gobierno, Márquez ya le había entregado 300 millones de pesos a la empresa favorecida por un contrato de asignación directa. En este 2013, será preciso endeudar al estado para poder entregarles otros 700 millones más, con lo que se habrán cubierto mil de los 2 mil 700 millones que importará ese programa.

En la asignación de la licitación bianual de medicamentos, las cosas están más complicadas, pues habrá que esperar un proceso de licitación que aquí si fue inevitable por tratarse de recursos que tienen componente federal.

Asignar un contrato de 4 mil 200 millones de pesos para surtir todas las necesidades de medicamentos y material de curación del Seguro Popular, una cifra my superior a lo gastado en años anteriores, implica que la empresa cuente con una infraestructura que en este momento nadie tiene en el estado.

Si el contrato se asigna en mayo y en julio debe estar operando el nuevo proveedor, veremos seguramente muchos incumplimientos en una delicada materia, pues se trata de la cobertura médica para la población más desprotegida, más de tres millones de guanajuatenses.

Lo que no se entiende es que las compras del estado por concepto de medicamentos del seguro popular, que tenía el ISSEG, nunca superaron los 900 millones anuales. Mientras que la compra de material de curación anda por los 700 millones de pesos anuales.  Una simple suma revela que el gasto anual de ambos conceptos alcanza los mil 600 millones de pesos y una compra bianual no debería exceder los 3 mil 200 millones de pesos.

Pero, más delicado de todo, más allá del juego malabar de cifras con cantidades que un ciudadano de a pie difícilmente puede imaginar, lo que resalta es la intención de apresurar decisiones que implican compras y contratos, con manejo cuantioso de dinero y todo en ausencia de la transparencia que Márquez prometió en el arranque de su gobierno y a lo largo de su campaña.

Es el mejor caldo de cultivo para los escándalos de mañana, sobre todo cuando se observa que la secretaria de la Transparencia, Isabel Tinoco, parece haber sido elegida por su incapacidad operativa y su desconocimiento del terreno que pisa.

Insistimos: valores como la honestidad y la transparencia no necesitan ser gritados a voz de cuello, sino practicados con humildad y consistencia. Lo contrario, repetir mil veces una frase vacía, mientras se hace lo contrario, es algo que desde su invención, por el ministro nazi de propaganda Joseph Goebbels, ha probado sus limitaciones.

O como dijera Abraham Lincoln un siglo antes de la invención de las técnicas de propaganda masiva: “Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo.”

arnoldocuellar@zonafranca.mx

@arnoldocuellaro

 

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