Arnoldo Cuellar

Márquez, la hora de hacer política

In Botepronto, Zona Franca on febrero 4, 2013 at 3:22 am

Si la luna de miel de Enrique Peña Nieto concluyó la semana pasada, con los trágicos acontecimientos ocurridos en la torre de Pémex, el viacrucis de Miguel Márquez se acentuó por estas mismas fechas, por otro tipo de razones que no son ajenas al cambio de siglas políticas en el gobierno federal.

La suerte de la presa de El Zapotillo, actualmente en construcción y que resulta vital para el futuro crecimiento de la zona metropolitana de León, empieza a verse modificada por la llegada de un gobierno priista en Jalisco, respaldado por el nuevo gobierno de la República de los mismos colores.

No parece casual que en la misma semana que se entrevistaron Miguel Márquez y David Korenfeld,  director de la Conagua, reunión donde se produjo un comunicado de intenciones comunes que nada decía de la presa en Los Altos, el gobernador electo de Jalisco, Aristóteles Sandoval, haya lanzado un mensaje en redes sociales que ofrece la disminución de la altura de la cortina de El Zapotillo.

Las comunidades que han mantenido una lucha cívica en contra de la inundación de sus propiedades, recibieron un inesperado respaldo del mandatario un mes antes de su toma de posesión. Incluso la controversia constitucional que mantienen contra el gobierno federal ha pasado a segundo término ante la posibilidad de un acuerdo político.

La cortina a 80 metros, como estaba planteada originalmente, es aceptada por los habitantes de las comunidades aledañas al embalse que se construye sobre el Río Verde. Era la altura planeada originalmente, afectaba de manera mínima a los pobladores de la zona y permitía una reserva suficiente para atender las necesidades de León por los próximos 20 años, aunque sin contemplar abasto para Jalisco.

Cualquier modificación significa un cambio en las dotaciones y las asignaciones ya pactadas.

Por ello, y en ánimo de honrar las políticas de planeación y de mandar el mensaje que el regreso del PRI no significa el del modelo autoritario, hubiese sido deseable que cualquier anuncio sobre una modificación del proyecto se realizara de forma consensada con los gobiernos de las entidades involucradas y la autoridad federal.

No pasó así y lo peor de todo es que el gobierno de Guanajuato parece ser el último en enterarse de una decisión sobre la obra de la que ha sido el principal impulsor.

Por si algo faltara, no es el único terreno donde empiezan a verse desaires políticos que afectan tareas de gobierno. Allí está el caso de los delegados federales donde los primeros mensajes ponen en evidencia que el nuevo gobierno federal no va a tener muchas contemplaciones con el gobierno local.

El centro SCT ya fue ocupado por un delegado hidalguense, Leoncio Pineda, paisano de quien está supervisando estos cambios, el titular de Segob, Miguel Ángel Osorio. La estratégica delegación de Sedesol, administradora de programas sociales que benefician a cientos de miles de personas, fue entregada a una activista del PRI, la ex candidata a senadora Claudia Navarrete.

No es una situación a la que sean ajenos los panistas, pues durante sus doce años al frente del gobierno federal coparon la delegaciones de las secretarías y los organismos desconcentrados con cuadros políticos de perfiles disímbolos, por lo que se podría pensar que no están sino recibiendo una sopa de su propio chocolate.

Los panistas emplearon los aparatos administrativos como agencias de empleo, pero, por otra parte, nunca pudieron convencer al PRI para que los apoyara en sus proyectos de reformas estructurales, atorando las posibilidades de tener éxitos como gobierno.

Ahora, en cambio, al mismo tiempo que ejerce la unilateralidad en las decisiones administrativas, como lo que ocurre con los delegados; o estratégicas, como pasa en la modificación de los planes para la presa de El Zapotillo, el PRI le ha solicitado a sus opositores y principalmente al PAN, que se sumen en un gran acuerdo político, un pacto legislativo, para perseguir reformas que no saldrían de otro modo.

Esa es la circunstancia que podría permitirle a políticos como Miguel Márquez asumir un mayor protagonismo en la escena política nacional. Si el mandatario guanajuatense y sus homólogos panistas en el país presionaran a un Gustavo Madero que ya tiene muchos reclamos sobre la congruencia de un pacto donde sólo ellos ponen y el gobierno priista no devuelve, algo podría ocurrir.

Haría falta, sin embargo, que Márquez se diera cuenta de que ha recibido un mandato político y no sólo administrativo; que las circunstancias políticas tal y como las vivió en el pasado ya cambiaron; que su naturaleza de gobernador panista ante un gobierno federal priista necesita ser analizada y su respuesta, cualquiera que sea, es determinante en su proyecto.

Necesitaría, en síntesis, abandonar esa pretensión de muchacho bien portado que está convencido de que, por ese sólo hecho, no le podrá ir mal.

O, simplemente, hacer política.

arnoldocuellar@zonafranca.mx

@arnoldocuellaro

  1. Creo que tienes razón: hacer política para que se redimensione el pacto por México, o simplemente ubicarse bien antes las nuevas circunstancias y vectores políticos.

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