Arnoldo Cuellar

Panistas: lo que sea, si es dentro del presupuesto

In Botepronto, Zona Franca on noviembre 12, 2012 at 3:35 am

Dos pasos adelante, uno atrás: la fórmula leninista para establecer una ruta crítica de la revolución, parece haber sido adoptada modosamente en la práctica por el nuevo gobierno de Guanajuato al conformar su nuevo equipo.

La búsqueda de perfiles profesionales para conformar el gabinete y los principales cargos en cada una de las secretarías de despacho, ha cedido espacios a la política real, la que requiere de las viejas complicidades.

En días pasados, una oleada de panistas provenientes del desempleo ha empezado a ocupar despachos en subsecretarías, direcciones generales y titularidades de descentralizadas y paraestatales.

Los ex diputados y funcionarios de la LXI Legislatura no han quitado el dedo del renglón con su dirigente, Gerardo Trujillo Flores, para buscar su reincorporación en las nóminas gubernamentales, ahora en el Poder Ejecutivo. Varios de ellos ya lo lograron.

La semana pasada aparecieron como directivos del sector educativo el ex diputado Tomás Gutiérrez, quien se hará cargo de combatir el analfabetismo en Guanajuato, una encomienda en la que no se ha avanzado mucho por cierto, al recibir la dirección del Inaeba; y el ex administrador del Congreso y ex alcalde de Salamanca Ignacio Luna Becerra, a quien se le entregó al dirección estatal del Conalep, una vasta red de bachilleratos bivalentes en el estado.

En la Secretaría de Desarrollo Social, el ex diputado Carlos Ramón Romo Ramsden asumió la titularidad de Fondos Guanajuato, una entidad crediticia que fue llevada prácticamente a la quiebra por el olivista Fernando Hurtado, hoy diputado local.

Unas semanas antes, todavía en la pasada administración estatal, el ex legislador del Verde, que siempre se comportó como panista, David Cabrera, llegó a la Dirección General de Registros Públicos y Notarías de la Secretaría de Gobierno.

En el gabinete ampliado, donde hubo más cabida para militantes del PAN que en el gabinete legal, fue designado otro integrante de la diputación, el ex militar salmantino Ángel Robles, el Consejo Estatal del Deporte.

Seguramente en los próximos días sabremos de nuevos casos, a cuentagotas por cierto, en una administración que ofreció transparencia total y que se arrepintió en cosa de días.

Queda claro que el PAN ganó las elecciones, así haya sido por márgenes menores a los del pasado, y resulta lógico y legítimo que los panistas tengan preferencia a la hora de ocupar los ambicionados puestos en la administración pública.

Sin embargo, sería recomendable, no sólo para la eficiencia del aparato gubernamental sino incluso para beneficio del propio PAN, que tiene ahora una vigilancia extra de parte de la sociedad y que enfrentará una oposición reforzada, que los perfiles de los funcionarios designados tuviesen algo que ver, así sea ligeramente con las responsabilidades que les han sido encomendadas.

En el caso de la educación, debería existir un doble compromiso, pues poco a poco comienza a emerger la información del desastre que provocó la conversión del sector que acumula la mitad del presupuesto de gasto del estado en el coto de una secta ideologizada y, pronto se sabrá, tremendamente corrupta.

Los panistas que han solicitado no quedar fuera del presupuesto y a quienes seguramente les daba lo mismo una dependencia que otra, pero que por azares del destino quedaron al frente de instituciones vinculadas a la educación, les corresponde un doble esfuerzo para no hacer quedar mal a su empleador: el gobernador Miguel Márquez.

Sería un error de graves consecuencias que se pudiera pensar en utilizar estas posiciones para intentar una reconstitución de la corriente panista que se aglutina en torno a Gerardo Trujillo.

Si algo afectó al PAN al grado de llevarlo a perder ventajas electorales y posiciones como la alcaldía de León, fue la confusión de objetivos entre partido y gobierno y la dilución de las fronteras entre ambas esferas de acción.

Ricardo Sheffield, en la presidencia de León; y Miguel Salim, en el ISSEG, constituyeron las mejores evidencias de que el trabajo político basado en la utilización y tergiversación de las posiciones de gobierno, ya no es garantía de éxito electoral.

Por lo demás, algunos de los nuevos funcionarios llegan tan poco empapados en sus nuevas responsabilidades que más les valdría dedicarse de tiempo completo, y más, a entender de qué van las instituciones que les ha encargado y buscar resultados.

Veremos si lo hacen.

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