Arnoldo Cuellar

Comunicación interrumpida

In Botepronto, Zona Franca on noviembre 7, 2012 at 3:22 am

El principal diagnóstico de la fallida aventura del aumento de impuestos con el que jugueteó el gobernador Miguel Márquez (a quien nadie le ha dicho que un titular del Poder Ejecutivo no tiene “charlas de café”), no debe pasarse por alto: existe una falla estructural en el esquema de comunicación política del nuevo gobernador.

Para un gobernante la palabra “impuesto” debe ser como el nombre de la divinidad: nunca debe pronunciarse en vano.

Se trata de uno de los temas de agenda más problemáticos de cualquier gobierno, incluso de los que gozan de amplia popularidad. A nadie le gusta que le saquen el dinero del bolsillo, ni a los empresarios ni a los trabajadores.

Pero, además, las cosas se complican especialmente cuando el gobierno padece de dudas sobre su credibilidad. Márquez sabe que la continuidad panista en Guanajuato está ampliamente problematizada.

Así lo detectó en el proceso electoral, cuando decidió embestir a su propio progenitor político, Juan Manuel Oliva, con el tema de la honestidad. Así siguió registrándolo en la transición, al decidir hacer de su arranque de gobierno un himno a la transparencia.

La credibilidad, no de Márquez y su nueva administración, sino de la sucesión de gobiernos panistas en Guanajuato, aún está por restaurarse. Un ejemplo: los empresarios del estado tienen serias inconformidades porque dos administraciones, la de Juan Carlos Romero y la de Juan Manuel Oliva, no lograron transparentar el uso del impuesto sobre nóminas.

En ese contexto, plantear un incremento impositivo, difícil más no imposible, hubiera pasado por hacer un cuidadoso diseño de comunicación, de persuasión y de manejo legislativo.

En lugar de eso, el gobernador, no se sabe si de forma consensada con su equipo o de su ronco pecho, decidió sacar el tema en una sobremesa, después de abordar lo que se supone era el tema principal y único de la reunión: el plan de seguridad.

Era la mejor forma de abortar cualquier posibilidad de que el tema recibiera un tratamiento serio… y lo logró.

Hoy Miguel Márquez sabe algo que todos sabíamos antes del pasado miércoles, cuando soltó el malhadado globo sonda: a sus gobernados no les gusta pagar nuevos impuestos.

Y al matar el tema de forma apresurada, calificándola de “charla de café”, una salida aún peor que el planteamiento inicial, el gobernador de Guanajuato está clausurando seriamente la posibilidad de debatir de forma productiva el tema de una reforma fiscal local en los próximos años.

No es lo primero que pasa en este acelerado mes de inicio de la administración. El otro bache ha sido el de la transparencia, que luego de posicionarse como el principal tema de la agenda oficial, está siendo apresuradamente arrinconado, ante la cantidad de demandas de información que se generan, tanto de temas del pasado inmediato como del presente.

Mientras eso pasa, el gobierno decide arrancar su posicionamiento con una campaña idílica que revindica el orgullo y el compromiso “por Guanajuato”, así, en abstracto.

Sin duda, prácticamente todos los guanajuatenses podemos estar orgullosos de nuestro bello estado y la mayoría estamos activamente comprometidos con su desarrollo: pero una cosa es Guanajuato y otra muy distinta su gobierno. Eso ya deberían haberlo aprendido.

arnoldocuellar@zonafranca.mx

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@Arnoldo60

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