Arnoldo Cuellar

León: el factor Miguel Salim

In Botepronto, Zona Franca on noviembre 5, 2012 at 3:09 am

Son muy parecidos. Miguel Salim y Bárbara Botello son políticos de segundos y terceros esfuerzos. Ambos buscaron la presidencia municipal de León en 2009 y fueron derrotados por el mismo personaje: Ricardo Sheffield. Ambos confluyen ahora para ajustarle cuentas al ex alcalde de León.

Y, no obstante que Salim y Bárbara tuvieron su propio enfrentamiento en la pasada elección donde se atacaron con todo lo que tuvieron a su alcance, hoy las circunstancias los han puesto juntos de nuevo y lo están aprovechando.

Los primeros acercamientos, tras aquella terminación de campañas con las acusaciones cruzadas de xenofobia y misoginia entre ambos candidatos, se produjeron en el periodo de transición.

Salim tenía en sus manos a los regidores de la minoría panista y la designación de la terna para contralor municipal. Bárbara tenía la necesidad de no depender de sus aliados del Verde, pero también la carencia de un plan de gobierno, que su contrincante sí exhibió.

Los acercamientos tuvieron resultados con un Miguel Salim que decidió darle la vuelta a la página y que tenía potencial como aliado hacia el futuro; con una Bárbara Botello que ya había terminado de aprovechar las fobias de Sheffield contra Salim, tan productivas en la campaña y la elección.

En el arranque del gobierno barbarista, Salim sufrió un relativo revés: el veto que se extendió desde el comité estatal del PAN a su prospecto de contralor, Guillermo Romero Pacheco. Sin embargo, el asunto no pasó a mayores pues la llegada de Alberto Padilla le bajó el perfil al cargo pero no lo cambió de filiación.

A los tres semanas de haber tomado posesión, desde el cuarto de guerra de la alcaldesa priista se definió una ofensiva que fijó sus objetivos en el ex edil Sheffield y quien fuera uno de sus principales aliados, el ex gobernador Carlos Medina Plascencia.

Los pretextos estaban servidos: librarse del Observatorio Ciudadano creado bajo una idea de Medina y ahorrarse no tanto un recurso como un potencial dolor de cabeza; además, responsabilizar a Sheffield de algunos de los tropiezos en el inicio de la administración priista.

Sin embargo, esos objetivos no parecían significar una gran ventaja estratégica para la administración de Bárbara Botello. En cambio, sí parecían hechos a la medida para un ajuste de cuentas de Miguel Salim en contra de dos de los principales personajes a los que responsabiliza de su derrota.

Es decir, las primeras acciones de la ofensiva barbarista no parecen venir a cumplir ni objetivos estratégicos, ni necesidades tácticas de su administración. En cambio, y aquí la paradoja, le dan la oportunidad al candidato que Botello derrotó, de recuperar fuerza frente a sus adversarios internos en el PAN.

Por si quedaran dudas, los regidores salimistas han salido a los medios a respaldar públicamente las medidas de la alcaldesa priista y se han sumado a la descalificación en contra de Medina y de Sheffield. No sólo eso, los dos ex contendientes de julio del 2012 se dejan ver sin empacho en los comederos más concurridos de León.

La gran pregunta es: ¿quién está sirviéndose de quien? ¿Acaso quiere Bárbara Botello dividir al PAN en León? ¿O es Salim quien aprovecha una circunstancia confusa para ajustar cuentas y evitar la marginación que viene asociada a la derrota?

Independientemente de lo que esté ocurriendo entre ambos políticos, una confluencia coyuntural o una alianza de fondo, lo cierto es que lo ocurrido hasta ahora traerá consecuencias.

Ya se ha señalado que el secretario de Finanzas del Estado, Juan Ignacio Martín Solís, un funcionario formado bajo la influencia de Carlos Medina Plascencia, no será insensible frente a lo que pasa en León.

Quizá Martín Solís no mostrará ningún interés en obstaculizar la administración de Botello, que en muy poco depende de él. En cambio, donde sí se podrá notar su acuciosidad, que de por sí la tiene, es en su carácter de presidente del consejo del ISSEG, donde quedan demasiadas cosas por revisar de la gestión de Miguel Salim al frente del organismo.

Otra consecuencia que no debe descartarse está en el futuro del Observatorio Ciudadano de León, donde podría ser una misión nada complicada motivar a empresarios para que aporten recursos y mantener vigente al organismo. Bárbara Botello ha dicho que no tiene empacho en entregar información si el OCL consigue su autosuficiencia.

El plato está servido para las batallas de opinión pública del futuro.

arnoldocuellar@zonafranca.mx

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@Arnoldo60

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