Arnoldo Cuellar

El PAN, atrapado entre Calderón y los enanos

In Botepronto, Zona Franca on agosto 9, 2012 at 7:32 am

Como el paciente que se niega a aceptar su mal y lo único que hace es agravarlo, el Partido Acción Nacional se encuentra perdiendo un tiempo valioso para recomponerse y mostrarse listo para enfrentar el reto que se le viene en su regreso a la oposición a nivel federal y su caída hasta tercera fuerza política en entidades que gobernaron como Jalisco y Morelos.

Bien puede ser cierto que las decisiones que debe tomar el panismo en los próximos días, como la designación de sus dos coordinadores parlamentarios, las únicas posiciones de poder con las que contarán después de haber tenido el gobierno de la República, no puedan esperar a la realización de introspecciones profundas.

Empero, tampoco puede tomarse ese tema como pretexto para obviar la necesidad de una revisión a profundidad que esperaría a después de que termine el sexenio calderonista.

Como en política no hay nada más definitivo que lo provisional, tanto las designaciones que se realicen en medio del actual jaloneo, como la posposición de un análisis autocrítico del comportamiento panista en la pasada elección, pueden convertirse en capítulos pasados que no vuelvan a tocarse ante las urgencias que traerá consigo el arranque del gobierno priista, el paso a la oposición y las obligaciones  electorales del año próximo.

En esa tesitura, el juego de Gustavo Madero consiste básicamente en ganar tiempo, para lo cual ha encontrado un espléndido aliado en el gobernador con licencia de Guanajuato, Juan Manuel Oliva, quien ha adquirido un liderazgo de facto entre los dirigentes estatales del PAN, sumados ya a la postura de posponer cualquier debate interno hasta la partida de Felipe Calderón.

El plan del aún presidente, en cambio, busca acelerar las contradicciones internas muy seguramente con una doble intención: primero, la de tener una presencia personal y de su grupo en lo que ha llamado la refundación panista; pero, en segundo lugar, por la conciencia que tiene de que sin una recomposición en profundidad las crisis del PAN no harán sino agudizarse.

En las dos posiciones que hoy disputan la conducción y el destino del panismo hay planteamientos interesados. Madero y Oliva, por ejemplo, que no cuentan con un capital político propio, saben que sin la actual circunstancia serían dos cuadros entre muchos y, ni siquiera con la mayor prosapia panista.

Gustavo Madero sabe que no podría enfrentar a Calderón en las aguas revueltas de una reestructuración estatutaria del panismo. Otra cosa será hacerlo ya sin el michoacano sentado en la silla presidencial y dueño de la coordinación de por lo menos una de las dos bancadas panistas en las cámaras y con la posibilidad de tener una interlocución personal y directa con Peña Nieto.

Porque ese es el otro gran tema de la refundación panista: serán unos sus alcances mientras el PRI no sea aún gobierno y otros muy distintos cuando esté entronizada la restauración del PRI.

Véase si no el caso del candidato de Madero para coordinar a los diputados, el aún senador Luis Alberto Villarreal, cuyos intereses en el negocio de los casinos pasarán a depender de la nueva secretaría de gobernación priista.

El PAN que deja el poder está irremisiblemente marcado por la elasticidad moral que tan cómoda le es a los operadores priistas para negociar.

La presencia de un político como Villarreal al frente de los diputados panistas, que serán la primera fuerza de oposición, marcará exactamente el tono de un panismo que no quiere refundarse para recobrar el poder, sino sobrevivir a la sombra de él.

Es el mismo caso de Juan Manuel Oliva, el artífice de la rebelión anticalderonista en los estados que está sosteniendo a Madero: su desaseado gobierno en Guanajuato provocó el mayor crecimiento del PRI en 20 años, les arrebató la ciudad de León que gobernaban hacía un cuarto de siglo y colocó en un predicamento a su sucesor, Miguel Márquez, que gobernará con escaso margen de maniobra.

Parece que con todo y los problemas que ha tenido en su gobierno, Felipe Calderón no deja de tener una visión de estadista que podría aportar más a la evolución del postrado panismo que queda al final de su sexenio, que el aldeanismo de quienes  se empeñan en combatirlo.

arnoldocuellar@zonafranca.mx

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Twitter: Arnoldo60

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