Arnoldo Cuellar

Guanajuato, nuevas coordenadas políticas

In Botepronto, Zona Franca on julio 23, 2012 at 4:23 am

A la vuelta de las semanas viene emergiendo una nueva realidad política, tras la elección del pasado primero de julio, que seguramente modificará la vida institucional de Guanajuato.

Durante los últimos doce años fue indiscutible el hecho de que el único protagonista de las decisiones públicas de trascendencia fue el PAN como partido político.

Incluso, las mayores discordias políticas que vivimos en estos años no lo fueron entre este partido y sus virtuales opositores, sino al interior del mismo.

Nunca el PRI, ni mucho menos la izquierda, lograron de lejos acercarse al dramatismo de las tres elecciones internas de los panistas: Juan Carlos Romero contra Eliseo Martínez; Javier Usabiaga contra Juan Manuel Oliva; y Ángel Córdova contra Miguel Márquez.

Si algún momento epopéyico vivió el priismo fue recientemente, cuando Juan Ignacio Torres Landa se opuso a la decisión cupular de lanzar al mismo Córdova como candidato ciudadano respaldado por el PRI .

Ese panorama, de oposición testimonial, quedó atrás en la recta final de la elección y será una de las principales consecuencias de sus resultados. Con toda justeza, la priista Bárbara Botello, ganadora de la elección en León puede reclamar para sí los reflectores como la responsable de haber dado la mayor batalla del priismo desde que se convirtieron en oposición, a fines de la década de los 80 en esa urbe, y tres años después en el estado.

El propio Juan Ignacio Torres Landa, no obstante haber sido derrotado por un margen tres veces a menor a las derrotas del pasado reciente, incluso la suya propia en el año 2000, ha acumulado un capital político que parece decido a no desperdigar esta vez, asumiendo una especie de liderazgo moral de su partido.

Esa circunstancia es la que hará diferente la política en los próximos años.

El gobierno de Miguel Márquez no sólo se enfrentará a una pérdida territorial, al tener más de la mitad de la población bajo gobiernos municipales de signo distinto al PAN, incluyendo la mayor conurbación del estado; sino que también deberá confrontar un cambio de dirección en la dinámica de las fuerzas políticas.

El momentum político de los próximos años le será más favorable a un PRI que dispondrá del refuerzo innegable de la presidencia de la República recuperada, que al PAN omnipotente y hegemónico de los últimos dos sexenios.

Para todos los efectos, el de Guanajuato será un gobierno sitiado y con una cabeza de playa instalada en el corazón de su territorio.

No se trata, desde luego, de una situación desesperada, como lo ha mostrado una y otra vez el gobierno perredista de la ciudad de México, que no sólo se ha defendido de embates mayúsculos desde la propia presidencia de la República, como en la aventura foxista del desafuero, sino que desde allí ha irradiado aliento a un movimiento que por dos veces ha disputado con posibilidades la elección presidencial.

Pero, para lograr algo así se requiere de talento político y de valentía en la toma de decisiones, algo que por lo menos los dos últimos gobiernos panistas no han mostrado.

¿Será Miguel Márquez capaz de encabezar un renacimiento del panismo guanajuatense y contribuir con ello al restablecimiento de este partido como una fuerza competitiva a nivel nacional?

Esa la respuesta la tiene en sus manos sólo el propio Márquez quien debe estar sumido en estos días en profundas reflexiones sobre la integración de un equipo de gobierno que, de entrada, debería ser sobresaliente.

Para llegar ello, hay que decirlo, muy pocos de los integrantes de su equipo de campaña tienen el tamaño político y la fortaleza intelectual.

Si Márquez se percata del reto y la oportunidad que le ofrece la circunstancia política que le tocó vivir; si el PRI se propone aprovechar la nueva oportunidad que le da la historia y si tanto uno como otro se disponen a competir con decisiones políticas de excelencia, el único ganador será el pueblo de Guanajuato.

Si, como también es probable que ocurra, lo que nos toca ver es un duelo de mediocridades, nuestra clase política seguirá estando por debajo de las exigencias de la sociedad a la que dice servir y que más pronto que tarde se hartará de elegir entre los menos malos. Esperemos que no ocurra.

arnoldocuellar@zonafranca.mx

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Twitter. Arnoldo60

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