Arnoldo Cuellar

La confusión panista

In Botepronto, Zona Franca on julio 11, 2012 at 3:49 am

Los panistas se desacostumbraron a la derrota. Su cadena de triunfos electorales de las últimas dos décadas, y más en el caso de León, no los han dejado emprender una reflexión profunda sobre lo que les pasó en esta ciudad el pasado primero de julio.

Un primer sentimiento que ha invadido a los panistas cercanos al candidato perdedor de la contienda por la alcaldía, Miguel Ángel Salim Alle, ha sido el de la revancha. En primer lugar contra otros panistas; en segundo contra la fuerza política que los derrotó, el priismo.

Este lunes, en la primera reunión del comité municipal con los militantes del partido en León, se escucharon algunos juicios producto de las emociones; en cambio no se escucharon muchas reflexiones.

El delegado en funciones de presidente del comité municipal, Arturo Falcón, un destacado salimista, llegó a hablar de “traiciones de panistas”. Explícitamente acusó de una “huelga de brazos caídos” a algunos miembros activos y adherentes del PAN. Y remató su disparatada alocución amenazando con investigaciones y sanciones.

Lo último que le faltaría al PAN de León en estos momentos sería, precisamente, una cacería de brujas. Mucho peor sería que ese despropósito se llevara a cabo por parte de los integrantes del equipo cercano a Salim.

Afuera de esa burbuja, en la que se encuentran muchos panistas y algunos de los prohombres del partido, se habla con crudeza de los errores de la campaña que llevo a cabo el equipo del que se rodeó Miguel Salim. Desde luego, también aquí se exagera y se hace leña del árbol caído.

Pero mientras ambas visiones y otras que presumen de mayor objetividad, no se encuentren en un terreno distinto al del reparto de culpabilidades sin asomo de autocrítica, el PAN estará sometido a una inercia que lo seguirá desgastando todavía más e impidiéndole su rápido regreso al debate público sobre lo que se viene en León.

Mientras el PAN no sepa realmente porqué perdió no tanto la elección como el favor de un electorado que le había sido fiel durante casi un cuarto de siglo, por encima de muchos desatinos, de administraciones ineficientes y hasta de errores políticos mayúsculos, no estará en condiciones de enmendar el camino.

La mayor tentación que existe en el actual momento, sobre todo en el equipo que rodeó a Salim y que se ha tomado la derrota como un agravio personal, es la de atrincherarse y buscar la recuperación de lo perdido mediante un ataque sistemático a la administración priista que encabezará Bárbara Botello.

Para evitar esa tentación tendrían que recurrir a la historia. Allí está, en el equipo de Miguel Salim, el veterano comunicador Alfredo Anda Páez, quien ocupó la vocería de prensa de la primera administración panista de León, con Carlos Medina Plascencia, quien tendría muchas historias para contar.

Fue precisamente Anda Páez a quien le tocó enfrentar las embestidas del gobierno priista de Rafael Corrales Ayala y de sus emisarios, las cuales no lograron otra cosa que consolidar al panismo leonés a grado tal de que de allí salieron tres años después para hacer la campaña estatal que catapulto a Vicente Fox, impidió la llegada al poder de Ramón Aguirre, y colocó a Medina en una gubernatura interina que abrió la puerta a dos décadas de gobiernos panistas más lo que se acumule.

La reacción de Falcón parece muy normal como sentimiento humano, sin embargo no es una respuesta política. El alto que le marcó Miguel Márquez Márquez, presente en la reunión del lunes pasado, tampoco abona a la reflexión sino que sólo controla una contención para separar la imagen del futuro gobernador de los discursos de amargura y revanchismo.

Márquez está en lo correcto si quiere cubrir a plenitud su responsabilidad como gobernador. En todo caso, el mejor servicio que puede hacerle al PAN  es borrar la imagen de excesivo partidismo de Juan Manuel Oliva, para dejar claro que su intención es la de convertirse en un hombre de estado.

Es al PAN como partido, en todos sus niveles, al que le toca el balance y la reflexión sobre el estado en el que emerge de los recientes comicios. Nada le hará mejor al partido que aún presume de ser el mayoritario en la entidad, que separar con claridad los roles del partido y el gobierno, tan mezclados en la administración que está por terminar.

Quizás, y sólo es un apunte, allí se encuentre alguna de las claves en torno a la factura que les presentó el electorado en esta ocasión.

arnoldocuellar@zonafranca.mx

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