Arnoldo Cuellar

Elecciones: el extraño caso Guanajuato

In Botepronto, sinembargo.mx, Zona Franca on julio 6, 2012 at 4:12 am

La ola conformada por la cresta de las encuestas y el bajo fondo de la operación millonaria de compra de votos se estrelló en Guanajuato, no sin efectos colaterales, con la tupida red de intereses, alianzas y bases electorales del único panismo que se salvó por los pelos de la quema del primero de julio.

Los municipios de Guanajuato, particularmente León pero también Irapuato y Celaya, no fueron ajenos al activismo de cuadros priistas locales y nacionales que operaron con más dinero del que se había visto en muchos años.

Tampoco fueron refractarios a la paranoia desatada entre los opositores al PRI por los resultados de las encuestas previas, que se combinaba a partes iguales con la euforia de unos priistas que no veían la suya hace lustros en esta entidad.

No obstante este escenario, el domingo pasado no arrojó resultados catastróficos para el PAN de Guanajuato que ya venía lastrado con sus propios problemas de credibilidad, tras el polémico gobierno de Juan Manuel Oliva, quien solicitó una licencia para realizar activismo electoral, infructuoso por lo visto, en la campaña de Josefina Vázquez Mota.

Al PAN se le empacharon algunos candidatos que traían sus propios problemas, como  Miguel Salim en León, Eusebio Moreno en San Francisco del Rincón o Jorge Galván en Silao.

Pero el hecho de que se haya dado voto diferenciado en esos mismos municipios, los cuales fueron ganados por Miguel Márquez y la propia Vázquez Mota, habla más de una discriminación del elector que de un crecimiento del PRI.

Lo que se observa en Guanajuato, al final del día, es a un electorado que ha decidido darle otra oportunidad a AN como gobierno estatal, pero que le ha planteado advertencias, una de ellas muy clara es la de cuidar el perfil de sus candidatos.

Esta hipótesis parece tener una confirmación en el caso de Celaya, donde ante el hundimiento del PAN en las expectativas electorales gracias al desprestigio de un grupo político que ha gobernado por nueve años seguidos, se optó por un candidato ciudadano que finalmente logró imponerse ante la amenaza de un triunfo priista.

El PAN de Guanajuato, que se ostentaba prácticamente como dueño de la voluntad del votante local, incurrió en tal descuido en la designación de candidatos que se llegó a decir que cualquiera que emergiera de sus filas salía adelante por el peso de la marca. Hoy, esa soberbia ha recibido una lección de la que aún no sabemos si obtendrá enseñanzas.

Es de destacarse, empero, la fidelidad de un electorado que se ha tardado mucho tiempo para empezar a exigirle cuentas a un partido que tiene ya varias administraciones entregándole pésimos resultados.

Aunque debe hacerse notar que el reclamo fue lo suficientemente sutil como para mantener el gobierno estatal del lado del PAN en medio de la mayor tentación política de muchos años, la misma que hizo caer a entidades también de proclividad panista como Jalisco o Baja California Norte en manos de Enrique Peña Nieto.

En el caso de León, que pasa por primera vez al PRI en 24 años, juegan otras circunstancias, que podríamos ubicar en una triple combinación: el pésimo gobierno panista que concluye, encabezado por Ricardo Sheffield Padilla; la peor candidatura del PAN en años, en manos de Miguel Salim Alle; y, finalmente, la figura más presentable que el PRI ha logrado tener y que contendía por segunda ocasión: Bárbara Botello.

Con todo y esos tres factores, el votante tradicionalmente panista que finalmente inclinó la balanza a favor de la alternancia en León le regateó su voto a Enrique Peña Nieto y aunque elevó considerablemente la votación del PRI, terminó dejando al candidato presidencial 35 mil votos debajo de su candidata a la alcaldía.

Josefina Vázquez Mota obtuvo en León 32 mil votos más que su candidato a alcalde y ello le permitió ganar la ciudad, algo que finalmente poco contó en el resultado final.

Tras la conclusión del episodio electoral, que ya muy poco se modificará en el conteo final de votos y la calificación de los resultados, lo que asoma a la vista es que en Guanajuato se ha registrado una desavenencia entre una ciudadanía que lanzó atisbos de independencia y el partido político al que se le había entregado de manera casi incondicional durante por lo menos los últimos tres lustros.

El episodio puede tener varios desenlaces. Uno de ellos sería que el panismo de Guanajuato bajo la conducción de Miguel Márquez, el ganador de la elección, tome en serio la lectura de lo que acaba de pasar y asuma su responsabilidad de reconstruirse como opción política fiable, no sólo en el entorno local, sino de cara a la debacle que ha sufrido su partido a nivel nacional.

Otra posibilidad es que el priismo local, que hasta ahora se había visto incapaz de crecer como alternativa, se motive con los triunfos obtenidos y busque una recomposición que pasa primero por limar sus divisiones internas y después por conseguir el respaldo de sus líderes en el centro del país; pero que, por encima de todo, debe buscar la eficacia de las administraciones que ahora encabezará y el planteamiento de nuevas alianzas con una población que les ha vuelto a dar una oportunidad.

Finalmente, quizá lo más probable de ocurrir, existe también un escenario donde ninguno de los actores políticos se percata de la oportunidad que tiene en las manos y tanto priistas como panistas se enzarzan en una guerra fratricida a lo largo de los próximos años, mostrándoles a sus electores que no les importa tanto la encomienda que les ha sido otorgada, como las mezquindades de la lucha por el poder.

De una u otra forma, el escenario de la competencia política en Guanajuato ha cambiado y, pase lo que pase, hoy suena mucho menos aburrido que en los largos años de la dominación extrema del PAN. Ya veremos a dónde nos lleva la nueva circunstancia.

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