Arnoldo Cuellar

Mitzi: el derecho a vivir

In Botepronto, Zona Franca on junio 15, 2012 at 9:13 am

La muerte de una joven de 25 años de edad, ocurrida como consecuencia de las secuelas de una lesión producida al verse obligada a saltar de un taxi en movimiento, tras de ser atacada por el propio conductor del vehículo, está generando una reacción viral entre otros jóvenes de la ciudad que pondrá un nuevo tema en la agenda de las autoridades y los candidatos: la seguridad comunitaria.

El tema de la inseguridad provocada por los eventos de alto impacto siempre nos parece lejano. Los homicidios que implican las ejecuciones y la aparición de cadáveres en las goteras de la ciudad son percibidos, por la mayoría de los ciudadanos, como noticias de un ámbito que no es el de todos los días.

Sin embargo, cuando el crimen invade nuestra cotidianidad, cuando se presenta en actividades que mucha gente realiza, particularmente los jóvenes, como salir a divertirse, ir al antro, cenar fuera y regresar a casa en un taxi, allí las cosas cambian radicalmente.

Muchas jovencitas de León deben estar pensando en estos días la cantidad de veces que han estado tan expuestas como Mitzi a ver sus vidas alteradas, por hacer algo tan sencillo, tan cotidiano, como salir con amigos y tratar de regresar a casa.

Esta conciencia es lo que puede hacer que la consternación, el asombro y la tristeza puedan dar paso a la exigencia para que quienes deban hacerlo se pongan a trabajar a conciencia.

¿Se quiere hacer de León una metrópoli segura, un destino turístico, una capital de servicios? Nada de eso será posible si no existe seguridad, si la simple y cotidiana acción de tomar un auto de alquiler implica el riesgo de ser asaltado y violentado.

Más allá de la muy pobre respuesta de las autoridades, para quien la muerte de Mitzi obedece a “causas naturales”, apelando a un formalismo jurídico chato y lamentable, para los ciudadanos no puede ser “natural” que la integridad de nadie se ponga en riesgo por el simple hecho de vivir la vida.

Respuestas como esa, del subprocurador Manuel Ángel Hernández, quizá correcta en una lógica burocrática, pero absurda ante la magnitud de los acontecimientos, son las que pueden generar la indignación necesaria para echar a andar las acciones que obliguen a cambiar esta anacrónica forma de responder.

Tras la muerte de Mitzi hay por lo menos dos cosas que tendrían que ser investigadas a fondo, una vez que se realicen las denuncias correspondientes: el asalto en el taxi en el que se dirigía a su casa y que la obligó a salvarse por sus propios medios y sufrir lesiones graves; y la calidad y pertinencia de la atención médica que recibió y a causa de cuyas secuelas falleció.

Que esta lamentable historia y la pérdida de una vida no pasen desapercibidas, que nos sirva a todos la memoria de Mitzi, es lo que sigue.

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