Arnoldo Cuellar

El Yunque y la educación, historia de un secuestro

In Análisis Político, Zona Franca on mayo 23, 2012 at 4:24 am

Por más que en el discurso ha tratado de distanciarse de la ultraderecha y de Juan Manuel Oliva, la gran tenacidad de un cuadro como Alberto Diosdado le ha hecho imposible a Miguel Márquez honrar su promesa de “más PAN y menos Yunque.”

Metiéndose a codazos y sin dejar espacio alguno sin cubrir, a la fecha Diosdado se ha apoderado de la agenda educativa en la campaña de Márquez, dejando como simples convidados de piedra a cooptaciones como la de Arturo Lara, ex rector de la Universidad de Guanajuato; y Eusebio Vega, director de la Unidad del IPN en la entidad.

Para ello, al secretario de Educación de Oliva no le ha importado pasar por encima de las normas electorales que prohíben estrictamente la participación de los funcionarios públicos y el uso de los recursos que manejan en las campañas políticas.

Con la coartada de que hacen las actividades electorales en horarios no laborables, ya vimos como el delegado regional de la SEG en León, Francisco Javier Zavala, ofreció al panista Miguel Salim que pondría a trabajar a 13 mil maestros en conseguir diez votos por cabeza, como si se tratara del México de la época no de Elba Esther Gordillo, sino de Carlos Jonguitud Barrios.

Después consignamos las reuniones que sostuvo Alberto Diosdado con los funcionarios de la dependencia que dirige, para plantearles que tenían que ponerse a trabajar en serio en la campaña de Miguel Márquez, pues de lo contrario corrían un grave peligro: perder el empleo.

Ese plan ya ha empezado a reunir frutos. Diosdado se ha convertido prácticamente en el dueño de los foros educativos que se realizan a puerta cerrada en la campaña de Márquez, como el realizado este lunes en Irapuato, al cual llegan inspectores y supervisores del sistema estatal en sus vehículos oficiales, aprovechando que las citas son “después del trabajo.”

Esta información se encuentra ampliamente documentada en el portal de Zona Franca (http://www.zonafranca.mx/en-vehiculos-oficiales-inspectores-escolares-acuden-a-foro-educativo-de-miguel-marquez/).

En estas reuniones, además, se concentran los directores de planteles de paraestatales como el Sabes, el Conalep, los Vibas y personal de las universidades tecnológicas, convocados mediante llamadas desde las oficinas del propio secretario de Educación, según relatan algunos testigos inconformes con la estrategia.

En este plan ha tenido mucho que ver un recién llegado a la campaña marquista, el ex precandidato a la gubernatura Ricardo Torres Origel, quien se ha convertido en los hechos en la carta de la corriente panista conservadora para hacerse cargo de la SEG si Diosdado fracasa en su intento de ser ratificado. El foro del pasado lunes fue coordinado por el todavía senador en funciones.

Sin embargo, lo más preocupante de la situación que se pone en evidencia con estos hechos no es tanto la posible violación de normas electorales o la vulneración de la equidad en las campañas, algo de por sí deplorable, sino algo incluso más grave: el aferramiento de una camarilla burocrático-ideológica que ha dañado de manera irreversible a la educación de Guanajuato para perpetuarse en los cargos.

Allí estaría la primera razón por la cual debería ser el propio Miguel Márquez quien rechazara la injerencia de Diosdado en su campaña: porque en realidad no tiene nada que aportarle, a no ser su enorme fracaso.

Con la apertura que se le ha dado al secretario de Educación del olivismo, la campaña de Márquez pierde cualquier posibilidad de renovación y de reinvención en su propuesta en materia educativa y la convierte en algo que se ha rechazado en el discurso: más de lo mismo.

Así como a Enrique Peña Nieto se le pregunta porqué no muestra su talante democrático desde ya, o porqué no lo hizo como gobernador, lo mismo habría que exigirle a Miguel Márquez: si se va a deshacer del Yunque en un futuro gobierno, porqué no lo hace desde ahora, en la campaña.

Es sólo una pregunta que se hace fuera de horas de oficina, para no ser impertinente.

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